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Técnicos del grupo de Espeleología Volcánica explorando en las zonas accesibles del 'tubo Rojo'. Arturo Rodríguez

El volcán de La Palma puede haber creado el mayor tubo lávico de Europa

Hace un año que espeleólogos e investigadores exploran zonas tibias del nuevo sistema de conductos lávicos de La Palma

Carmen Delia Aranda

Las Palmas de Gran Canaria

Jueves, 18 de mayo 2023, 02:00

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Los vuelos de los drones permitieron conocer de cerca el curso que tomó la lava por las faldas del volcán de Cumbre Vieja, en La Palma, durante los 85 días que duró la erupción.

Aquellos caños de fuego, hoy petrificados y huecos pero aún calientes, posiblemente se hayan convertido en el mayor sistema de tubos volcánicos de Canarias, de España y de Europa, según sospechan quienes llevan casi un año explorando el campo de coladas para levantar acta de la nueva cartografía volcánica y de sus hitos más peligrosos, entre otras tareas.

«Los tubos volcánicos se empezaron a formar a finales de octubre de 2021, durante el mes de noviembre y hasta diciembre. Las coladas se fueron formando en sucesivas capas, hasta alcanzar en algunos puntos 60 metros de espesor, y en varias de esas capas observamos cómo se fueron formando tubos», explica Octavio Fernández, coordinador del Equipo de Espeleología Volcánica de la Federación Canaria de Espeleología.

Este grupo de exploradores del subsuelo, junto a científicos del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), ha realizado las primeras incursiones por los tubos, donde posteriormente se comienza a desarrollar su estudio (mapeo y geomicrobiología) con el apoyo del departamento de Ingeniería y Morfología del Terreno de la Universidad Politécnica de Madrid, y personal de la empresa Geoavance SL (distribuidora oficial de Leica - Geosystems en Canarias) y el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS-CSIC).

Su primera incursión la hicieron en una pequeña cueva que podía suponer un problema en la construcción de la carretera que conecta Las Norias y La Laguna a través del campo de lavas. «A raíz de observaciones realizadas en Hawái se sabe que podíamos empezar a asomarnos a los tubos pasados dos años de la erupción, pero en junio de 2022 tuvimos que entrar en una cueva y vimos que, con dificultad, se podía. Luego, en un vuelo térmico, vimos bocas de tubos que tenían temperaturas favorables. Desde entonces hemos ido explorándolas poco a poco», señala Fernández.

Dimensiones y características

El espeleólogo, a partir de la observación de los flujos de lava, cree que el sistema de tubos está formado por tres niveles superpuestos, uno más profundo que podría llegar hasta la costa y tener entre sus extremos unos 6 kilómetros de largo; otro intermedio, que podría ser laberíntico, y tener entre sus extremos unos 4 kilómetros, y un tercer nivel cercano a la superficie, también laberíntico y que podría tener de 3 a 4 kilómetros entre sus extremos.

«El tubo volcánico de mayor desarrollo de la Unión Europea, la Cueva del Viento, en Tenerife, tiene un desarrollo de 17 kilómetros –la suma de todos sus ramales transitables– y este desarrollo se consigue en un sistema que tiene entre sus extremos 2,5 kilómetros y dos niveles de profundidad. Aquí estamos hablando de un sistema de al menos dos pisos constatados, creemos que tres, y el más pequeño de todos tiene entre sus extremos al menos 3 kilómetros que sabemos que son de trazado laberíntico y pueden estar interconectados. Por esto creemos que podemos estar ante uno de los mayores tubos de Europa, pues en sólo un nivel tenemos casi tanto potencial de desarrollo como toda la Cueva del Viento», dice con seguridad el espeleólogo, pese a que sólo han podido asomarse a las anómalas zonas tibias de estos conductos aún ardientes que registran temperaturas de entre 200 y 400 grados.

Es el caso del 'tubo Rojo', un ramal del sistema lávico principal, del que se ha podido recorrer casi 80 metros gracias a las bocas abiertas, situadas en sus dos extremos, que han provocado una corriente de aire que ha enfriado esas paredes que registran entre 40 y 60ºC. «Podemos entrar gracias a una carambola de la ventilación. Si avanzamos unos metros más de ese tramo, nos encontramos a más de 200 grados», explica Fernández sobre este conducto que prosigue y conecta con otros.

Imagen tomada con cámara térmica en el 'Tubo Rojo'. El color rojo indica más de 200ºC.
Imagen tomada con cámara térmica en el 'Tubo Rojo'. El color rojo indica más de 200ºC. Octavio Fernández

En la cara norte del cono, un taponamiento ha permitido adentrarse unos 50 metros en otro tubo lávico superficial, aislado del calor del resto del conducto.

Una sima, ubicada en un dique vertical de la cara norte del cono por el que en su día salió lava, y un jameo gigantesco, denominado 'humeante' que, hasta su primer escalón, tiene una profundidad de 10 metros, apenas han podido ser explorados por culpa de las altas temperaturas.

En el caso de la sima ha sido mapeada parcialmente con un escáner láser portátil obteniendo una nube de puntos de este laberinto vertical que en su día condujo lava desde el interior del cono. Sin embargo, Fernández explica que habrá que esperar a que la grieta se enfríe para cartografiarla por completo ya que estos equipos funcionan a menos de 40ºC. Las pruebas de esta técnica con escáner láser portátil, que son llevadas a cabo por los propios espeleólogos, son posibles gracias a la financiación aportada por la Universidad Politécnica de Madrid dentro del proyecto KUK_AHPAN y a la colaboración de Geoavance SL – Leica Geosystems Canarias.

La exploración de los nuevos jameos, simas y cuevas está sirviendo para estudiar la colonización temprana de este territorio por parte de microorganismos en el proyecto Microlava, financiado por la Junta de Andalucía y desarrollado por el IRNAS-CSIC.

Miembros de Espeleología volcánica y del IGME miden la temperatura en el 'jameo Dúplex'.
Miembros de Espeleología volcánica y del IGME miden la temperatura en el 'jameo Dúplex'. Arturo Rodríguez

Por su parte, el IGME está realizando un estudio geomorfológico del campo de coladas, incluidos sus tubos lávicos que exploran en compañía de los espeleólogos.

«Saber su tamaño y su distribución nos permite hacernos una idea de la peligrosidad de la coladas de lava en futuras erupciones y analizar el peligro de colapso de estos tubos que pueden medir más de 5 metros de alto», indica el geólogo del IGME, David Sanz, que ha realizado cinco campañas de exploración desde noviembre de 2022.

«Aún no hemos estudiado ni el 10% de la superficie», comenta el especialista en cartografía del grupo de Eventos Geológicos Extremos y Patrimonio Geológico del IGME.

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