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José Lanza sujeta una condrita del cinturón de asteroides. Cober

Cazadores de meteoritos, tras el rastro del dinero caído del cielo

Desde Gran Canaria, José Lanza viaja en busca de aerolitos y vive de la compra-venta de rocas alienígenas

Carmen Delia Aranda

Las Palmas de Gran Canaria

Domingo, 11 de febrero 2024, 01:00

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El extremeño José Lanza García vive desde hace 15 años en el sureste de Gran Canaria y es titulado en Química por la Universidad de Florida (EEUU). Hasta ahí, nada realmente extraordinario. Lo singular es que es un cazador de meteoritos, una profesión insólita que ejerce hace 12 años y cuyos secretos desvela en el libro que ha publicado recientemente.

«Cazadores de meteoritos somos todos aquellos coleccionistas que, de alguna manera, nos dedicamos a perseguirlos por el mundo», comenta sobre un puñado de personas que escudriñan durante duras jornadas desiertos y zonas árticas en busca de un trozo de asteoride entre las casi 200 de toneladas de material interplanetario que a diario alcanza la atmósfera terrestre.

«La mayoría de ese material llega en forma de polvo. Se vaporiza en la atmósfera o se pierde en los océanos, no llega a tierra firme», asegura el autor de 'Cazadores de meteoritos. En busca de la geología fortuita del universo' (Guadalmazán, 2024).

«El sueño de cualquier cazador de meteoritos es encontrar uno que te jubile», reconoce. Y es que su precio, en función de su rareza y su escasez, alcanza cifras astronómicas llegando a costar hasta 50.000 euros el gramo.

José Lanza García con su libro publicado en enero.
José Lanza García con su libro publicado en enero. Cober

Lanza define a estos buscadores de material interplanetario como oportunistas. «Son personas que saben estar en el momento y en el lugar adecuado, perseguir las piedras que caen del cielo y encontrarlas. A partir de ahí se establece un mercado muy interesante en torno a un objeto de colección cada vez más codiciado por instituciones y por particulares», explica el miembro de la Sociedad Internacional de Meteorítica y Ciencias Planetarias y del Comité de Divulgación de la Ciencia y el Espacio (Codice).

Lanza también es coleccionista y ha convertido su arsenal de minerales extraterrestres en su medio de vida. «Son piedras que te atrapan», afirma este hombre de 46 años que, además de comprarlas y venderlas, las estudia, las clasifica y ayuda a sus dueños a certificarlas.

De hecho, no para de recibir paquetes con muestras enviadas por coleccionistas de todo el mundo. «Hoy el cartero ha traído cuatro paquetes: de México, Jordán, Alemania, Mauritania...». Si alguna muestra resulta ser un meteorito interesante, intenta comprarla y revenderla a un mercado muy limitado: instituciones científicas y coleccionistas.

«El meteorito es un valor refugio», dice este experto cuya reputación debe mantenerse intacta para seguir siendo depositario de la confianza de este selecto grupo de buscadores de meteoritos. «En este mundo nos conocemos, si no todos, casi todos. Hay que ser serio y mantener tu perfil limpio», confiesa.

¿Cómo distinguir un meteorito?

Muchas de las rocas que recibe son trozos de basalto terrestre que reconoce de un vistazo.

Pero ¿cómo saber si estamos ante un meteorito? «Yo lo llamo experiencia. Tienen algo que te atrae y dices, vale, no es una piedra normal. Están cubiertos de una costra oscura de material fundido, aunque esa capa termina oxidándose porque tienen hierro y se torna marrón. Precisamente por su alto contenido en hierro se pegan a los imanes. Por esa capa oscura destacan en el terreno. Un meteorito es una roca negra que, en un suelo pálido como el del Sáhara, se ve a leguas. Es muy pesada», explica Lanza, que reside en Gran Canaria por la proximidad al desierto.

«Aquí cogemos un avión y en 45 minutos estamos en El Aaiún», dice sobre sus exploraciones en las que ha encontrado 16 meteoritos.

Una búsqueda de cine

En Gran Canaria realizó una de esas búsquedas: la de los restos del bólido que cruzó el cielo isleño provocando un boom sónico en noviembre de 2022. La retrató el cineasta Víctor Moreno en el corto 'Meteoro'.

El rastreo de los restos del aerolito por Tamadaba acabó en el borde de los riscos de Faneque y cosechó un premio en la Seminci.

«El IGN detectó un seísmo de magnitud 0,6 a 0 kilómetros de profundidad y pensamos ¿y si las estaciones han registrado la caída de una roca?». Eso los lanzó a buscar, pero no hallaron nada. «Nos quedamos con esa pena. Puede que cayera en el mar», sostiene.

Meteorito aletai metálico, IIIE-anómalo, originado en el núcleo de un asteroide. Cober

Aliados de la ciencia

En todo caso, para certificar la naturaleza extraterrestre de una piedra no basta la experiencia. «Los coleccionistas deben depositar siempre un fragmento de los meteoritos en las instituciones científicas para clasificarlos. Este trabajo se hace en los laboratorios. Allí, pueden hacen un trabajo adecuado para obtener muestras valiosas y, al mismo tiempo, les aportan credibilidad con la certificación de esas piedras», indica Lanza.

Por ello, el Museo del Planetario de Quebec, la Universidad del Estado de Florida o el Centro Europeo de Geociencias en Francia tienen muestras de los meteoritos enviados por el especialista.

Ahora, planea una incursión en el Sáhara en marzo. «Antes iba con más frecuencia. Un par de veces al año», comenta Lanza que en 2016 viajó tras enterarse de la colisión de un asteroide en la atmósfera. «Es relativamente fácil triangular la trayectoria y el punto de la posible caída», afirma.

Estos días, dice, en Ribbeck, una zona agrícola al oeste de Berlín donde cayó un asteroide a finales de enero, está siendo peinada por cazadores de meteoritos. «Son tierras de labor y la policía los está echando», explica sobre la difícil búsqueda de estas rocas valiosas que ayudan a descifrar cómo se gesta un planeta e incluso pueden contener material orgánico precursor de la vida.

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