Imagen actual de la calle Peregrina, donde se produjo el impacto del meteorito a principios del siglo XIX. / Arcadio Suárez

El meteorito que cayó en la calle Peregrina

El investigador Eduardo Reguera rescata el testimonio de un comerciante de Triana que dio fe de la caída de un meteoro en el corazón del casco histórico de la capital grancanaria, en 1806

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA

Aunque la ciencia moderna no tenga más constancia de un impacto de meteoro que los indicios del bólido que asustó a Gran Canaria el pasado miércoles, en el acervo popular se transmite, con voz queda, el estruendo de tres colisiones, dos en la capital y otra en Arucas, en el cambio del siglo XVIII al XIX. Un comerciante de la calle Peregrina, en pleno corazón del casco histórico de Las Palmas de Gran Canaria, dejó escrito sus impresiones al respecto.

Se trata de Antonio Betancourt, cuyas anotaciones de la realidad palmense fueron adquiriendo tintes de crónica, hasta que conformaron el libro Los Quadernos del Comerciante de la Calle de La Peregrina don Antonio Betancourt (1796-1807).

Con minuciosidad periodística, este comerciante fue registrando todos los hechos que consideraba relevantes en una ciudad que todavía latía encerrada entre murallas: desde una pelea entre un arriero de Triana y un calafate, «donde hubo palos, sables y cuchillos y heridas y justicias y embargos y cirujanos»; hasta el impacto de un meteoro.

Este último lo fecha el 23 de febrero de 1806, un domingo lluvioso y tormentoso en el que «una centella» derribó las paredes de una vivienda de la calle Peregrina. Relata Antonio Betancourt en sus anotaciones que el impacto se produjo «en la casa de don Francisco Parlas, que solo media de la mía cuatro casas, la que se hizo bastante estrago en las paredes de un comedor que le abrió dos esquinas y le rompió una pared de almacén, y al tiempo de enterrarse en la tierra, destrozó el empedrado que encontró por delante».

Testigo directo

En el libro, editado por el Cabildo de Gran Canaria en 1996, Betancourt da fe de la colisión del objeto estelar en la superficie terrestre cuando asegura que «yo vi el estrago que hizo en la esquina de la casa, y asimismo en el piso del almacén».

Bajo los adoquines de la calle Peregrina, deben reposar aún los fragmentos de un meteorito que no terminó de deshilacharse a medida que la fricción de la atmósfera lo iba jibarizando.

Y no fue el único evento de estas características que recuerda el comerciante. También hace referencia a un caso que sucedió en octubre de 1801, esto es, cinco años antes del relato de los hechos de los que él mismo fue testigo. «Cayeron dos exhalaciones grandes, la una en un peñón en Guanarteme, que fue tan fuerte su estrépito que se oyó en la ciudad el golpe, lo mismo que un cañonazo», detalla. La otra se precipitó sobre una montaña, en el municipio de Arucas.

Detalle de la casa de Antonio Betancourt, en la calle de La Peregrina. / C7

El historiador veguetense Antonio de Béthencourt y Massieu fue el encargado de redactar la introducción del libro 'Los Quadernos del Comerciante de la Calle de La Peregrina don Antonio Betancourt (1796-1807)'. En su presentación, asegura que el comerciante, «como buen canario», muestra un interés vivo por fenómenos volcánicos, como la erupción del Teide de 1798; los temporales, como el mar de fondo que cubrió el istmo de La Isleta en 1796, o el reboso de 1803 que afectó a las edificaciones de lo que hoy es la calle Francisco Gourié, sobre todo en la esquina con la calle Matula.

Pero lo presenta también como un gran curioso por todo lo que tenía que ver con la astronomía. «Siguió de pie durante ocho horas las fases de un eclipse de luna el 5 de febrero de 1800 (...). Mayor impresión y entusiasmo muestra por los meteoritos o centellas , que sonaban como cañones. Impresiones superadas por el efecto del que se abatió en 1806 sobre la casa de Francisco Parlas, cuatro más allá de la suya», expone Béthencourt y Massieu.

Las voces de ambos las ha despertado estos días el investigador Eduardo Reguera, autor de Guía de una ciudad desaparecida, tras leer en CANARIAS7 la noticia del más que probable impacto del bólido en el norte de Gran Canaria, el primero que la ciencia moderna ha constatado.

«Al leer la noticia recordé la historia de la calle Peregrina», expuso Reguera, quien se refiere a Antonio Betancourt como un comerciante que ejerció de reportero. «Sus crónicas tienen un valor tremendo porque hablan de la sociedad de aquella época desde el punto de vista de un simple observador», relató.

En aquellos tiempos todavía no había llegado la electricidad a Las Palmas de Gran Canaria -lo haría a fines del siglo XIX- y las calles se iluminaban con lámparas de queroseno. En esas noches, el rastro de una estrella fugaz se haría todavía más presente que en nuestros cielos actuales, apagados por la contaminación lumínica.

En la última semana, tras el estruendo que causó la desintegración del meteoro en el norte de Gran Canaria, y el consiguiente sobresalto que se produjo entre la población, la Red de Investigación de Bólidos y Meteoritos (SPMN, sus siglas en inglés) ha registrado cinco bólidos que han dejado su rastro lumínico en la paleta de los cielos canarios.