El suicidio es la segunda causa de muerte entre los jóvenes españoles después de los tumores. / R. C.

Voz de alarma de los pediatras ante la ola de suicidios entre los jóvenes

Los médicos lanzan una batería de medidas que incluyen formación a los profesores y un plan nacional contra esta pandemia silenciosa

José Antonio Guerrero
JOSÉ ANTONIO GUERRERO Madrid

El suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte entre los jóvenes españoles de entre 15 y 29 años, solo superada por los tumores malignos. El porcentaje de jóvenes con ideas suicidas es diez puntos mayor que el de la media de la población española (25,7% frente al 15,5%) y las hospitalizaciones por autolesiones entre los 10 y los 24 años se han multiplicado por cuatro en los últimos 20 años. A lo largo de los últimos años, pero en especial desde que se inició la pandemia, la salud mental de los niños y los adolescentes se está deteriorando. La Fundación ANAR ha atendido desde la irrupción del covid un 145% más de llamadas de menores con ideas o intentos de suicidio, y un 180% más de autolesiones con respecto a los dos años previos. Este sufrimiento psicológico se tradujon en 2020 en 3.941 suicidios, de los que 300 tenían entre 15 y 29 años. Ese mismo añose suicidaron en España 14 niños menores de 15 años, el doble que el anterior. El sexo femenino, la presencia de síntomas depresivos, una mayor exposición a casos covid, y un mayor consumo de redes sociales son factores de riesgo para la conducta suicida en la actualidad.

Este es el cuadro que dibuja la Asociación Española de Pediatría (AEP), que viene dando la voz de alarma sobre el aumento de autolesiones y suicidios entre niños y adolescentes, y que este miércoles ha lanzado una batería de solicitudes para atajar este grave problema de salud mental, entre ellas un plan nacional para la prevención del suicidio, del que adolece nuestro país.

En un comunicado, la AEP recuerda que los pediatras y médicos de atención primaria, junto con el personal de enfermería, representan un grupo fundamental en la prevención de las conductas suicidas, «ya que suelen ser los que más y mejor conocen a los niños y sus familias. Por otra parte», añaden los pediatras, «todos los niños están escolarizados hasta los 16 años de forma obligatoria», por lo que «los centros escolares son imprescindibles, ya que son reguladores muy importantes de la conducta de los niños y jóvenes, amortiguando muchas situaciones de estrés y ansiedad en esta población».

Carencias importantes

Para encarar este problema, la Asociación Española de Pediatría ha detectado carencias importantes como «la ausencia o heterogeneidad» de los programas de prevención del suicidio entre Comunidades Autónomas, y la falta de formación específica sobre salud mental y recursos entre los profesionales que están más en contacto con los niños y adolescentes, tanto del ámbito sanitario (pediatras y médicos de Atención Primaria), como educativo (profesores y orientadores escolares). En este sentido, citan el «desbordamiento de los servicios de atención primaria, urgencias y de atención a la salud mental».

La AEP plantea crear una estrategia unificada de prevención del suicidio en la población pediátrica «con el objetivo de disminuir la morbimortalidad por suicidio y mejorar la atención de las personas de riesgo y sus familias». Insisten también en solicitar al Gobierno la creación de un plan nacional de prevención de suicidio, plan que el Ejecutivo no considera de momento necesario al contar con otro plan, el Plan de Acción de Salud Mental 2022 -2024, que contempla, entre otras medidas, un teléfono gratuito las 24 horas al día durante los 7 días de la semana.

Con todo, los pediatras subrayan la necesidad de «incrementar los recursos materiales y humanos de atención a la salud mental dirigidos a niños y adolescentes, tanto en los centros de atención primaria como especializada», recoge el comunicado suscrito conjuntamente por la Sociedad de Psiquiatría Infantil (SPI) de la AEP, la Sociedad Española de Urgencias Pediátricas (SEUP), y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP), que han creado en el seno de la AEP un grupo multidiscuplinar para abordar este serio problema.

Centros escolares y alumnos de apoyo

Pero concretamente, para los colegios e institutos apuestan por implantar planes de formación en prevención del suicidio por parte de profesionales especializados «dirigidos a profesores, orientadores y al equipo directivo» con idea de que se detecten «los factores de riesgo y las señales de alerta» que influyen en la posibilidad de suicidio del niño o adolescente. En este sentido, piden establecer medidas de atención y seguimiento tras una conducta suicida, «saber cómo atender al protagonista, escuchándole con actitud de apoyo, con sensibilidad, rapidez y ponderando en cada caso la confidencialidad», conocer estrategias útiles para evitar un posible efecto de imitación, comunicarse con las familias de forma rápida, fluida y con sensibilidad, y formar a algunos alumnos de apoyo, que ayuden a detectar casos tanto en el centro escolar como en el entorno social, «incluyendo las redes sociales», subrayan los pediatras. Y es que cada vez son más las voces que advierten de los efectos sobre los jóvenes de la presión de las redes sociales. Los expertos cren que las redes sociales deben ser herramientas de ayuda, «y no escenarios en los que el tema (del suicidio) se agrave».