Los expertos dudan de que una ecotasa mejore la sostenibilidad

11/10/2017

Si hubo algo que quedó claro ayer en la jornada inaugural del 1º Foro de Turismo Sostenible de Canarias Verode es que, más allá de si están o no a favor de la implantación de una ecotasa a los turistas que llegan a las islas, los expertos dudan de que un impuesto así redunde en la sostenibilidad de esta industria.

/ Agüimes

Fue uno de los temas que se abordaron este martes en la primera mesa redonda de estas jornadas, en la que, pese a la heterogeneidad de los puntos de vista, quedó claro que la ecotasa, en sí misma, no es la llave para la sostenibilidad. Tanto los que la defienden como los que no la ven necesaria dudan de que al final lo que se recaude con ese nuevo e hipotético instrumento fiscal acabe destinándose a la mejora del medio ambiente de las islas, o a reducir los impactos del negocio turístico.

Este primer foro Verode arrancó este martes en el teatro-auditorio de Agüimes y lo hizo, tras la inauguración y la presentación inicial de los organizadores, con una mesa redonda sobre los Impactos del sector turístico, indicadores de sostenibilidad medioambiental. Moderada por el periodista ambiental César Javier Palacios, participaron en el debate Matías González, investigador en el Instituto de Turismo y Desarrollo Económico Sostenible (Tides) y profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC); Moisés Jorge, gerente del Patronato de Turismo de Fuerteventura; José María Mañaricua, presidente de la Federación de Empresarios de Hostelería y Turismo; y Juan Palop, arquitecto y especialista en planificación urbanística.

Jorge rechazó la ecotasa al entender que no se debe «penalizar al turista por la mala gestión del ayuntamiento, cabildo o gobierno de turno», tesis que de alguna manera vino a reforzar Mañaricua cuando dio el dato de que ya con el IGIC turístico en el último año el Gobierno canario recaudó más de 300 millones de euros. Es decir, que la clave no es la falta de recursos, sino cómo y dónde se gestionan.

En la tesis de la falta de gestión y de planificación abundaron Palop y González. El arquitecto, que reprochó que se destinen 17 millones de euros a promoción y tan poco a investigación, tildó de «atajo» que se hable tanto de la ecotasa sin que se detalle a qué se destinará su recaudación y no vio mal la apuesta de Jorge por regular los accesos a determinados espacios naturales, ya saturados, como el de la isla de Lobos. «Está probado que la restricción aumenta el deseo».

Matías González tildó la ecotasa de «accesoria» si antes no se aborda el problema que ha supuesto que en estos años Canarias no haya sabido gestionar «las consecuencias del metabolismo medioambiental de la industria turística», a cuyo empresariado le reprochó que se muestre «tan plano» ante un objetivo, el de la sostenibilidad en el consumo de energía o la gestión de los residuos, «técnicamente viable, económicamente rentable y estratégicamente imprescindible».