Margarita recupera el paisaje de Valsequillo en su tiempo libre

27/08/2018

«Esta es una tierra santa». Son las primeras palabras que dice Margarita Morales cuando se llega en su compañía a sus terrenos, cuarenta y cinco minutos después de salir del casco valsequillero

En la zona del Montañón, justo en la linde que divide los municipios de Valsequillo y San Mateo, Margarita Morales tiene su pequeño paraíso. Le falta un año para jubilarse como kelly en el sur. En su día de libranza y en las pocas horas que le quedan libres cambia la fregona y el balde por el sacho y la manguera. Ella es una de las cuatro mujeres entre los ochenta y un propietarios que se ha acogido al proyecto de recuperar terrenos en desuso impulsado por el Ayuntamiento de Valsequillo en colaboración con el Cabildo de Gran Canaria.

Un proyecto novedoso, pionero en Canarias, para crear y recuperar el paisaje, aumentando, a su vez, la superficie agrícola de Valsequillo, un planteamiento cuyo objetivo es fomentar y mantener la biodiversidad agraria, con la conservación y recuperación de cultivos tradicionales. Una recuperación que permitirá minimizar el impacto ambiental generado por la pérdida de la actividad agraria tradicional e incluso ayudará a prevenir incendios forestales. Así, el objetivo era que en los próximos cuatro años se plantasen 7.467 árboles frutales en 22 hectáreas abandonadas al borde y a la vista de las carreteras. Un proyecto que en su primer año de vida ha superado todas las expectativas ya que de las 8,6 hectáreas que se proyectaron finalmente se han repoblado 12,96, asimismo, de los 2.886 árboles frutales que se pensaban plantar, finalmente se han plantado 4.380 almendreros, nogales, castaños, higueras, guinderos y olivos.

Un éxito que, como explica el coordinador del proyecto, José Juan Pérez, está motivado por el interés que ha despertado en los vecinos del municipio. Este ingeniero agrícola oriundo del municipio habla con pasión de esta iniciativa, una idea con la un día un soñó y, por fin ve plasmada. Cuando uno habla con José Juan entiende por qué ha conseguido que tantas personas hayan creído en este sueño, el suyo. Y es que es imposible no ver la estampa que él ya vislumbra en su cabeza, un enorme manto blanco y rosado de los almendreros en las laderas de esta cuenca que es Valsequillo.

Una ilusión por recuperar la tierra que comparten todos los que se han acogido al proyecto, entre ellos, nuestra protagonista. Ella ha plantado trescientos árboles frutales en un terreno de sus tíos, ha conseguido que la mayoría de los diez herederos le dé permiso. Una tierra en la que hoy apenas se ven un par de casas cuevas diseminadas pero que en los años 30 del siglo pasado era un lugar de mucho trasiego. Allí su abuelo, con lo que daba la tierra, crió a sus hijos y era punto de encuentro de agricultores y ganaderos. Margarita ahora está repoblando, poco a poco, esta zona de umbría que el mar de nubes besa en invierno y que hace que la naturaleza sea tan agradecida y es que, ella cuenta con orgullo, como de todos los árboles que ha plantado no se ha perdido ninguno y «todos han pegado».

Esta mujer de energía desbordante dice que espera que el año que viene vuelva a haber una subvención para seguir adelante ya que se enteró del proyecto a través de un cuñado y cuando se puso en contacto con el coordinador pudo acceder a los árboles pero no a la ayuda para el regadío. Algo que no la echó para atrás: ella se ha costeado parte de su riego y donde no ha podido colocar las mangueras riega usando las antiguas acequias o acarreando baldes de agua. Y es que Margarita, sin querer, le ha dado otra vertiente a esta iniciativa que es la del mantenimiento del patrimonio hidráulico y etnográfico del municipio.

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