«Puedo entrar a coger cosas pero no a dormir»

26/06/2019

Elizabeth Reyes tuvo que dejar su casa por el hundimiento de la calle Teide el viernes. «Un policía me dijo que estaré fuera de 4 a 5 meses». La asociación de vecinos asegura que lleva años denunciando el estado del muro sobre el que se asienta la vía.

Elizabeth Reyes estaba el viernes pasado en la fiesta de fin de curso del colegio de su hija cuando recibió una llamada de Margarita Quintana, vecina y amiga del barrio de San Nicolás, que la informó de que los bomberos estaban desalojando a los residentes en las tres viviendas del número 7 de la calle Teide debido al hundimiento registrado como consecuencia del corrimiento de tierra que había afectado al muro sobre el que se sustenta la vía y que también afectaba a su residencia, que se ubica en el número 9.

«Cuando llegué los vecinos del 7 ya estaban fuera», explicaba este martes la afectada por el derrumbe que, a diferencia de sus ocho vecinos, no ha tenido que ser realojada por el Ayuntamiento ya que sus padres residen en una casa que linda con la trasera de la suya, pero con acceso desde la calle Mulhacén, y por la que entra a coger algunos enseres.

«No nos dejaron entrar en las casas hasta que vinieran los ingenieros», dice al recordar lo ocurrido el día 21. «Luego los ingenieros entraron en mi casa y estuvieron mirando y valorando, y me dijeron que intentara no estar por la zona sur de la vivienda, que es el frontis y lo que da para la calle Teide. Y esperando estamos a ver si dicen algo otra vez», añade. Y es que «los técnicos se despidieron» hasta este martes, «pero yo llevo aquí desde la 08.30 horas y no han venido», señala Juan Carlos, su hermano, minutos después de las once de la mañana.

Elizabeth comenta que sí ha habido vigilancia policial todo el fin de semana, algo que corrobora Margarita Quintana, que sospecha que ésta medida responde a «lo que pasó en Paseo de Chil», donde los vecinos de Ladera de Cuyás sufrieron el asalto de una de sus viviendas. «Creo que ha sido más bien por los robos y por los okupas», indica también Juan Carlos Reyes.

La vecina desalojada dice que no tiene información sobre lo que va a pasar. «Se supone que la casa está bien» y «puedo entrar a coger cosas pero no a dormir», por eso no acaba de fiarse. «Así y todo te da respeto», confiesa.

Su temor ahora es que su estancia fuera de su vivienda se alargue en el tiempo «porque a mí el policía me dijo que de cuatro a cinco meses voy a estar fuera de mi casa». Además, afirma su hermano, «mis padres están histéricos porque piensan que su casa se va a caer».

A pesar de que el Ayuntamiento solo desalojó a los vecinos del 7 y el 9 de la calle Teide, la medida de cerrar este tramo de calle ha afectado a otros residentes como Pinito, que ahora debe subir un buen tramo de escaleras con lo que ello supone para una persona con problemas de movilidad. «Necesito la muleta hasta para ir a la cocina», dice.

Algo similar le ocurre a Delia Mujica, vecina de la calle que ya en 2016 denunció el mal estado del muro y se ve perjudicada por un cierre que es un problema para su padre de 88 años. «Nos han dejado encerrados», expone.

Por su parte, Israel Medina, presidente de la asociación vecinal y cultural Cofiris de San Nicolás, cree que el muro de la calle Teide «debe hacerse de nuevo» porque «está hecho de barro y piedras, como se hacían antes las cosas». Añade que desde el temporal de octubre de 2015 lleva denunciando las grietas de «las calles Teide y Mulhacén» y «presentando escritos» al Ayuntamiento. «Pero no nos hacen caso, estamos cansados», reconoce.

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