Entrevista. María De La Salud Gil, candidata del PP a la Alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria

«Puede haber unos 150 millones de inversión parados»

24/11/2018

La expresidenta de la Asociación de Empresarios Constructores y Promotores de la provincia de Las Palmas, María De La Salud Gil, vuelve a la política, tras su paso por el Cabildo de Gran Canaria, para encabezar la lista del Partido Popular al Ayuntamiento. Quiere aprovechar su experiencia como gestora para mejorar la respuesta municipal a los problemas ciudadanos, en especial en servicios sociales.

J. Darriba / las Palmas de Gran Canaria

— ¿Por qué ha decidido presentarse por el PP a la Alcaldía?

— Como ciudadana estoy tan harta de los políticos como la generalidad, pero también entiendo que si no hay compromiso, la política no puede regenerarse, y yo soy una persona comprometida.

— ¿Harta de los políticos? ¿Piensa que puede aportar otra cosa?

— Claro, si desde fuera eres crítico y consideras que puedes hacer aportaciones y te quedas en el otro lado de la barrera, también tienes tu responsabilidad. Lo que intento decir es que la sociedad tiene una responsabilidad respecto a la regeneración política. Gente que no ha estado en política debería incorporarse porque si los que están dentro y son buenos se quieren ir, y los que son buenos y están fuera no quieren entrar, los que quedan en política son la mediocridad y los indignos.

— ¿Pero por qué ahora?

— Me llegó la oportunidad. Cuando me hacen la oferta, que en principio me parecía descabellada, reflexiono, me ilusiono, y decido comprometerme. He llegado a la madurez y tengo experiencia en la maría de la política (servicios sociales).

— ¿Recibió ofertas de otras fuerzas políticas?

— No, en absoluto.

— ¿Cuáles son sus principales preocupaciones respecto a la ciudad?

— La acción social y la igualdad serán el eje prioritario. No es una frase hecha ni una coletilla. Lo siento y lo quiero así. Creo que desde la gestión y la eficacia es desde donde único se puede conseguir el bienestar social. No me gusta la hostilidad de la ciudad con las personas dependientes, ni con la limpieza, no me gusta el desequilibrio entre la ciudad alta y la baja, no me gusta que no haya una estrategia para los jóvenes, ni que la ciudad no sea reivindicativa con los recursos sociosanitarios, ni que huya de lo que legalmente no es competente. En el ámbito sociosonatario, un municipio no es competente pero tampoco puede ser incompetente a la hora de no cubrir los servicios que requiere su población. Aquí tenemos el 46% de las necesidades de Gran Canaria. ¿Qué recursos se han puesto en marcha en los últimos años? Me preocupa el ámbito domiciliario de los mayores. Cuando estaba en el Cabildo tuve una experiencia muy bonita y eficaz que quiero implantar en la ciudad con el tratamiento integral en el ámbito domiciliario de mayores y dependientes. Que se trate su soledad, el ocio, la capacitación física, la nutrición, la socialización... Llevar la cultura -la danza, el teatro...- a los barrios también es muy importante porque la cultura formula personalidades y hace a la gente diferente. Otra idea que tengo es que los concejales de distrito tengan mayores competencias ejecutivas. Que la concejalía tenga la capacidad de mandar a alguien con una pala a recoger las piedras de una carretera. Los distritos están desasistidos, de cara al público y sin poder resolver sus problemas. Si descentraliza eso, habrá respuestas inmediatas y rápidas. También me interesa la reposición de Las Rehoyas porque me parece un recurso electoralista. Lleva presupuestado desde diciembre de 2017 con cuatro millones. No se han ocupado en cuatro años y ahora vienen a mortificar a la gente quitando un trozo del pulmón, que hay poquísimos parques. Van a hacer un edificio que no va a solucionar el problema de nadie. Hay que gestionar la reposición de Las Rehoyas y para eso hay que sentarse con la gente y buscar alternativas.

— Está dibujando un programa de gobierno centrado en las personas, como el tripartito actual. ¿En qué se diferencia de ellos?

—Frente al defecto de predicar, la virtud de gestionar. ¿Qué ha hecho el tripartito en los últimos cuatros años en el aspecto social? Es lo mismo que pasa ahora, que está la ciudad colapsada por la gran cantidad de obras que se han puesto en marcha justamente seis meses antes de las elecciones, cuando de aquí para atrás había poca obra. Se han concentrado en la MetroGaugua, en la grandilocuencia, y ha habido una ausencia importante del aspecto social, que era su bandera.

— Planteó que desde la economía se mejoraba la situación social...

— Sí. cuando digo que la progresía no es patrimonio de la izquierda, lo hago porque cuando la izquierda predica de servicios sociales, nunca habla de cómo sustentarlos, de cómo puede hacerlos viables. Puedo decir lo que la gente quiere oír, pero prefiero decir lo que necesita oír y pueda cumplir. Por ejemplo, el tema de las licencias de obra. Ahora mismo puede haber unos 200 expedientes urbanísticos paralizados, con lo que puede haber unos 150 millones de euros paralizados. Eso puede suponer unos 12 empleos por millón, más la capacidad de multiplicación que tiene el sector en los subcontratistas, comercios, compañías de seguros, ingenierías, balizamientos, señalización... Al final, los servicios sociales se pagan con recaudación. Por eso hay que gestionar. No hay mayor dignidad que tener trabajo y poder pagar tus facturas, ni peor indignidad que el pesebrismo. La tendencia a subvencionar, a sustituir la vida de la gente por una subvención te quita independencia, y eso es tiranía.

— Pero la economía tampoco puede dar respuesta a todo. La reforma electoral ha terminado empobreciendo a los trabajadores...

— La primera reforma laboral la hizo Felipe González y además se inventó un contrato en el que los jóvenes no cotizaban. Ahora han tenido la oportunidad de cargarse la reforma electoral y no lo han hecho. Esto no tiene que ver con la economía, sino que fue un momento de la historia en el que hubo que parar una sangría de desempleo.

— ¿Qué le parece la MetroGuagua?

— Condenar la MetroGuagua sería oportunista. No hay por qué denostarla pero se ha gestionado muy mal. No ha habido una planificación ni una medida del impacto que iba a suponer el cierre de determinadas calles. Tienes que ver la ciudad como un todo y para eso hay que escuchar a la gente. Lo primero que haré es sentarme con taxistas y guagüeros y, además, no voy a perder la oportunidad de calibrar la resolución del nudo de Torre Las Palmas, haciendo partícipe al Gobierno de Canarias. Se podría incorporar la MetroGuagua como cofinanciación.

— Se comenta que va a otras listas por el PP...

— Estaré a lo que el partido me pida, pero ni me lo ofrecieron ni lo he pedido.

— Se va a un escenario fragmentado, ¿con quién estaría más cómoda pactando?

— Voy a luchar como una loba para conectar con la gente y que me crea. A partir de ahí, la fragmentación será menor. Estoy convencida de que vamos a ganar pero luego dependerá de cómo queda el mapa. Yo buscaré a las personas que sean más sensibles con el tema social, que tengan muy claro que la gestión y la eficacia redunda en beneficio de las personas, que la ciudad tiene que estar limpia y que hay que ser eficientes en la organización del personal... Si no contamos con la complicidad del personal, poco podremos hacer. La estabilidad de la plantilla es algo que me planteo muy seriamente.

— ¿Su imagen de empresaria le puede lastrar?

— No, es mi mayor fortaleza. Hay muy poca gente en política que conozca la incertidumbre de tener que pagar nóminas a fin de mes. Muy pocos experimentan, cuando estás consolidado en política, no saber si cobras a fin de mes. Justamente lo que hace a falta la ciudad es gestión. ¿Por qué me va a lastrar si cuando llega un ciudadano al Ayuntamiento se le resuelven antes las cosas? ¿Si la gente ve que se pintan sus casas, que se arreglan los jardines, que las farolas tienen luz? Cuando la gente ve que se le facilita la vida, no será un handicap. Sé lo que es currar, no soy una multinacional. En el Cabildo no me vi desbordada, luché contra la burocracia y conseguimos muchas cosas, como El Pino, que estuvo diez años parados y nosotros lo pusimos en marcha enseguida.

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