Más de 200.000 personas disfrutan de la cabalgata

10/03/2019

Las calles de la ciudad, entre el castillo de La Luz y el parque de San Telmo, se convirtieron en el mejor sambódromo de este carnaval. Unas 200.000 personas volvieron a demostrar la salud de esta fiesta, que este año contó con vigilancia privada en la vía pública y que apenas generó problemas en las carreteras capitalinas

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El carnaval no entiende de vergüenza. Y en ese sentido, despojado del pudor, el cuerpo es un territorio maleable, amoldable a cualquier disfraz. Solo así se explica que en la misma cabalgata, se mezclen la mascarita laboriosa, la que refleja un esfuerzo concentrado de imaginación, y la extrovertida desaliñada, a la que le bastan unas pajitas engarzadas en la cintura para remedar una falda hawaiana.

Pero así es esta fiesta, única, porque caben todos con sus disfraces, con sus pañoletas y sus antifaces, unidos por ese pegamento que inyectan las ganas de pasarlo bien.

Desde primeras horas de la tarde, La Isleta volvía a supurar el ambiente festivo. Y mareas de mascaritas subían por El Sebadal para dirigirse a sus respectivas carrozas.

La diversión relativiza los segundos. Por eso, caminar tres horas y media para cubrir el trayecto entre el castillo de La Luz y el parque de San Telmo se pasa en un suspiro.

Aún así, la caravana siempre se hace rogar y hay que esperar más allá de la medianoche para ver pasar la última de las 106 carrozas. Aunque la reina del carnaval, Erika Echuaca, y el resto del séquito carnavalero y de los grupos de cabecera, llegaron a San Telmo en torno a las 20.30 horas, no fue hasta media hora después que alcanzó la meta la primera de las carrozas. La caravana seguía a su ritmo y hasta las ocho de la noche la mitad de la comitiva seguía en El Sebadal. En torno a esa hora, la número 61 salía de la urbanización industrial. Luego, la cabalgata apresuraba el paso y una hora después ya no quedaba rastro de la fiesta en El Sebadal.

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Mientras tanto, el tráfico respondía con bastante fluidez al dispositivo de tráfico organizado desde el Ayuntamiento. Según la Policía Local, no se registraron retenciones en ningún momento en la GC-1, y solo hubo una pequeña acumulación de vehículos en la GC-23 debido al cierre de los túneles de Julio Luengo, pero que no fue más allá.

Tampoco se registraron incidentes de seguridad. Al cierre de esta edición tan solo se habían producido algunas pequeñas peleas que se saldaron sin consecuencias graves.

El dispositivo policial que montó el Consistorio capitalino estaba preocupado por el cierre de Rafael Cabrera y el desalojo de las carrozas, así como la previsible riada de mascaritas que se dirigían hacia el parque de Santa Catalina a continuar la marcha.

Murió la abuela de la fiesta. Ayer se conoció también la triste noticia del fallecimiento de Miguel Alcántara Cabrera, que encarnó a uno de los personajes habituales de las carnestolendas capitalinas de los últimos años, el de la abuela del carnaval.

Este personaje hizo acto de presencia en las carnestolendas de la capital grancanaria en los últimos cincuenta años, siempre ataviado con ropajes de su abuela, aunque también hizo acto de presencia en otros carnavales de Gran Canaria, de Tenerife y de fuera de Canarias, como los de Alemania (Colonia), Brasil (Río de Janeiro) e Italia (Venecia).

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La gran cabalgata del carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, que este año se dedicaba a Una noche en Río, volvió a destacar por el colorido, el ritmo y las ganas de diversión de las decenas de miles de mascaritas que se echaron a la calle en la capital grancanaria a partir de las 17.00 horas. En general, la comitiva circuló con fluidez, aunque en algunos momentos hubo hasta un cuarto de hora de separación entre carroza y carroza. De las 112 carrozas previstas por la organización, al final solo salieron 106, según confirmaron fuentes de la Policía Local.

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