La ola Sánchez aúpa al tripartito

05/05/2019

La traslación de los resultados de las elecciones generales al escenario local dibuja un Consistorio dominado por los socialistas, a los que se les abriría la posibilidad de reeditar un pacto de izquierdas, pero también de negociar un gobierno con Ciudadanos. Por contra, la entrada de Vox en las Casas Consistoriales debilita la posibilidad de un cambio de rumbo.

J. Darriba / Las Palmas de Gran Canaria

Es solo política ficción porque el comportamiento del electorado en las elecciones generales y en los comicios locales responde a motivaciones diferentes. Pero también es cierto que Las Palmas de Gran Canaria siempre ha repetido o anticipado al ganador de las elecciones españolas. Así, desde 1979 a 1989, Madrid avanzaba quién sería el alcalde (UCD en 1979 y PSOE en 1983, 1987 y 1991), mientras que desde 1999 hasta 2015, el resultado de la capital grancanaria adelantaba al que iba a ser inquilino de la Moncloa (en las generales del 2000, 2008 y 2015). Solo hay dos excepciones a esta tendencia general: la victoria nacional del PSOE en 1993 no se correspondió con el triunfo del PP en el Ayuntamiento capitalino en 1995, cuando emerge la figura de José Manuel Soria; y el mandato del PP en el año 2003, que no tuvo su traslación en Madrid al año siguiente, ya que entonces ganó el PSOE.

Así las cosas, el reflejo de la cita del 28A en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria podría dejar una estructura diferente en cuanto a la correlación de fuerzas (con un PSOE más fuerte, con Ciudadanos pujando por materializar el ansiado sorpaso sobre el PP y con la irrupción de Vox), pero similar en cuanto a la estructura de gobierno, pues se mantienen abiertas las puertas de un gobierno progresista, con el apoyo de Unidas Podemos y la incertidumbre de Nueva Canarias.

El vuelco de los datos, sin más filtros, daría al PSOE diez concejales, tres más que en la actualidad; cinco al PP, que perdería otros tanto; seis a Unidas Podemos, manteniéndose igual que ahora; seis a Ciudadanos, que sería el partido que más crece, con cuatro más que en la actualidad; y dos a Vox, que aparecería por vez primera en el Ayuntamiento.

En este panorama, las fuerzas nacionalistas (CC y NC) desaparecerían del mapa institucional capitalino al no superar el umbral electoral del 5%. Eso supondría dejar fuera de juego los 9.586 votos de Nueva Canarias o los 6.890 de Coalición Canaria. Sería, en el caso de la formación que encabeza Pedro Quevedo, la mayor bolsa de votos que se queda sin representación. Hay que recordar que en 2007 esta misma formación no pudo acceder a las Casas Consistoriales pese a obtener 7.667 papeletas.

En cambio, si se opta por introducir factores de corrección de los datos de las generales -relacionándolos con los niveles de participación de las locales y aplicando la variación relativa de las generales al ámbito municipal-, el panorama sería algo distinto. Así, aunque el PSOE se mantendría con diez asientos en el pleno y el PP, con cinco, Podemos bajaría hasta los cinco; Ciudadanos se quedaría en cuatro; Vox retendría dos; y los nacionalistas entrarían: Nueva Canarias con dos y Coalición Canaria con uno.

La presencia de CC con un edil iría en contra de esa ley no escrita que asegura que es más fácil conseguir dos concejales que uno. Pero tampoco sería una novedad, puesto que en los comicios municipales de 2003, Rosario Chesa fue la única representante del Partido de Gran Canaria.

En esta proyección, la posibilidad de gobernar recaería otra vez en un pacto de izquierdas que daría vida al tripartito actual. A diferencia del otro escenario, en éste el PSOE no tendría posibilidad de pactar con Ciudadanos en un mano a mano.

De confirmarse estos resultados, el PSOE obtendría el tercer mejor resultado de su historia, solo superado por las citas de 1983 y 2007 (15 ediles) y empatado con el resultado de 1991.

Aunque el candidato socialista, Augusto Hidalgo, dijera en la presentación de su equipo que aspira a gobernar con mayoría absoluta, la posibilidad de conseguir quince concejales es bastante remota. Hay que tener en cuenta que si se mantiene el apoyo de las generales (29,32%), aún estaría lejos de los requisitos mínimos para dominar en solitario el Salón Dorado de plenos. Desde 1979 a 2015, la mayoría absoluta que ha requerido menos esfuerzo fue precisamente la del PSOE de 2007, que necesitó de un 42% de los votos. Tal vez por eso, el propio Hidalgo se ha encargado de decir que se ha sentido «muy cómodo» en el seno del pacto tripartito que ha mantenido con LPGC Puede y Nueva Canarias.

En todo caso, desde las filas conservadoras se confía en que los ciudadanos distingan los dos ámbitos electorales (el local y el nacional) y decidan su voto en función de la gestión de los asuntos de la ciudad en estos últimos cuatro años. «Se trata de que los vecinos se den cuenta de que ni Pedro Sánchez, ni Pablo Casado ni Albert Rivera van a venir a limpiar sus calles», explican desde la organización de la campaña del PP, el partido que más tiene que perder por cuanto que en las últimas municipales fueron la fuerza más votada.

En todo caso, sí miran con recelo los apoyos que obtenga Vox, ya que el 6,86% que recibió en las últimas generales desangró a los populares. Con estos datos, la ultraderecha podría aparecer por vez primera en el Ayuntamiento, si bien no lo haría con la fuerza con la que lo hicieron otras formaciones como el 31% de Alianza Popular en 1983; el 16,7% de Ican, en 1991; el 16,3% de CC en 1995; o el 16,1% de Podemos en 2015.

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