El paralelo 38 de Almatriche

22/07/2019

La calle Juan Hidalgo se ha convertido en el paralelo 38 de Almatriche. Separa dos mundos. A un lado, funcionan los servicios públicos. Al otro, los vecinos solo contemplan suciedad y abandono. «Nos ningunean», dicen los vecinos.

El edificio Bellavista es una frontera. A un lado, la civilización; al otro, la jungla. Las plantas crecen sin control en lo que se suponía que iba a convertirse en una zona preferente de la expansión urbana. Con vistas a Las Canteras y a Siete Palmas, al borde de la circunvalación, la quiebra de Urbis truncó sus expectativas. Pero los vecinos no podían imaginar que lo peor estaría por llegar porque, a pesar de formar parte de la primera ciudad de Canarias, por allí no pasan los mínimos servicios, ni los de Limpieza, ni los de Zonas Verdes, ni la seguridad... A unos diez kilómetros de donde hace 541 años que se fundó esta urbe todavía hay vecinos que se sienten excluidos de cualquier servicio.

«Cuando los barrenderos llegan a nuestro edificio, dejan de recoger», explica Daniel López, presidente de la comunidad de propietarios. El inmueble se llama Bellavista pero nada allí hace honor a este nombre. Los escombros, las ratas, la flora incontrolada y las basuras tampoco respetan la memoria del artista multidisciplinar cuya obra fue galardonada con el Premio Nacional de Artes Plásticas en 2016.

Los vecinos se han dirigido en diversas ocasiones al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria para que atienda su barriada como lo hace en el resto de la ciudad. La última vez que contactaron con el Ayuntamiento fue a través de las redes sociales, en concreto con el perfil del servicio de Limpieza. La respuesta que recibieron fue que «la zona en cuestión y dichos viales y parcelas forman parte de una zona de dominio privado (pertenece al Banco Popular) que aún no ha sido recepcionada por el Ayuntamiento, por lo que, hasta que no se produzca este hecho, no prestamos servicio de limpieza en dicha zona».

La urbanización formaba parte de un proyecto de Royal Urbis que quedó a medio construir por la quiebra desatada al explotar la burbuja inmobiliaria. Los vecinos son conscientes de este vacío legal pero no entienden que no se pueda atender sus calles ya que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria les cobra el Impuesto de Bienes Inmuebles como al que más. «Pagamos casi tanto como cualquier vecino de Siete Palmas pero no tenemos ningún servicio», desfallece el representante vecinal. Allí, por una vivienda de casi cien metros, con garaje y trastero, el recibo del catastro asciende a unos cuatrocientos euros aproximadamente.

«Alguien se tendrá que hacer cargo de esto», exigió López, «lo único que pedimos es que nos den el mismo trato que al resto».

Escombros y ratas

El presidente de la comunidad de propietarios del edificio Bellavista explica que la última operación de limpieza ocurrió hace años y sirvió para quitar los cañaverales. Pero desde entonces los matos han crecido a su antojo hasta el punto de que «ya salen hasta de la calzada» y los escombros se acumulan junto a los antiguos restos de obra de la urbanización.

La presencia de basura, agravada por la ausencia de papeleras en buena parte de la manzana, permite la proliferación de plagas como las de ratas. «La gente viene a dejar azulejos, colchones, sofás...», especifica el representante vecinal.

El abandono en que se encuentra el lugar también propicia la proliferación de actividades como botellones o de encuentros de naturaleza sexual. «Todos los días hay cinco o seis coches para esto», lamentó López.