Incendios de Gran Canaria

Las lágrimas de la vuelta a casa bañan la frustración de los que aún deben esperar

21/08/2019

Los vecinos del pueblo de Tejeda siguen resignados pero impotentes ya que todavía no saben cuándo podrán regresar a sus viviendas. Vecinos de Las Lagunetas, Risco Prieto, Lomo de Aríñez y Cruz del Herrero, al igual que en la zona de Cruz de Tejeda y el Parador, pudieron volver por fin a sus casas

A las 17.30 horas se convocaba a los vecinos del municipio de San Mateo que habían sido desalojados de sus casas. El alcalde, Antonio Ortega, tenía algo que decirles. Podían volver a sus casas, lo mismo que los que fueran para la zona de la Cruz de Tejeda y el Parador. Las lágrimas fueron incontenibles, un contraste doloroso con los vecinos de Tejeda que tendrán que pasar, al menos una noche más, exiliados por la crudeza de las llamas.

Los vecinos de Las Lagunetas, Risco Prieto, Lomo de Aríñez y Cruz del Herrero no esperaron ni a que Ortega terminara su intervención. El regente hablaba con reservas. Y decía que no podía confirmar toda la información. Pero alentaba a que volvieran a sus casas, y eso es lo que en un goteo que se produjo durante toda la tarde fueron haciendo los vecinos afectados. La gran mayoría en sus vehículos. Otros montados sobre sus caballos, que como ellos abandonaron sus residencias para no acabar atrapados en la ratonera del fuego.

Por contra, los vecinos de Tejeda, aunque resignados, eran incapaces de contener su frustración. Una noche más durmiendo en San Mateo, donde ya tuvieron que pasar noches la semana anterior, cuando se produjo el primero de los tres incendios que han carbonizado Gran Canaria.

«Alcalde, apuesto que la última semana del próximo mes ya podremos regresar a casa», indicaba un vecino del pueblo de Tejeda a Francisco Perera, alcalde del municipio. «Por lo menos tenemos a gente que mantiene el buen humor», contestó el jefe del gobierno cumbrero.

Perera dedica todos los minutos que puede a estar con sus vecinos. El alcalde es como un miembro más del dispositivo, walkie en mano. «Voy a hablar con el policía para que me lo ponga en la frecuencia adecuada, que se me cambió y yo no sé volverlo a poner», señala el regidor, con el rostro claramente fatigado y la moral igual de mordida que la de los desalojados de la Vega.

El contraste ayer eran los que podían volver a su casa, cara y cruz de un grupo de personas unidas por la tragedia y que han convivido estos días en la contingencia de combate que se improvisó en las medianías.

Antes de que Ortega confirmara el retorno de los vecinos de sus barrios, los rumores corrían por la zona. Todos querían saber si ese era el día en el que, por fin, podían regresar a sus hogares. Los de Tejeda se fueron desmoronando por la tarde, cuando se conocía que un foco revivía cerca del pueblo y que, al menos ayer, la vuelta a casa era imposible.

Hay momentos en los que la simpatía y lo solidaridad no cubre todas las necesidades de los desalojados. Ya persiguen ese paso más, volver a sus duchas, a sus colchones. Justo los vecinos de Las Lagunetas, Risco Prieto, Lomo de Aríñez y Cruz del Herrero si pudieron hacer.

Muchos, como se puede leer líneas más atrás, sin terminar de escuchar las palabras de Antonio Ortega. A la entrada del caso de Lagunetas un vecino ya se había puesto cómodo, de corto y sin camiseta: «Lo primero que he hecho es ponerle agua a los gatos y regar las plantas», contaba hacendoso y sin parar de faenar.

Otros vecinos recorrían a pie el pueblo, alrededor de la iglesia, antes de entrar en sus viviendas. «Ya estamos en nuestro país, por fin», señalaba uno mientras comprobaban como nada había cambiado.

Las banderas

Con el verano, el mapa de fiestas de pueblos de Gran Canaria es inabarcable. Por eso, como sucedía ayer en Laguentas, muchos pueblos se encontraban vacíos pero engalanados con sus banderas y escenarios festivos. Ese pulso se irá recuperando poco a poco y será la señal de que todo vuelve a la normalidad.

El resto de barrios de San Mateo en los que los vecinos pudieron volver a su casa se mostraban todavía con las pulsaciones bajas. La gran mayoría de los desalojados se encontraban en otras ubicaciones, no en los centros habilitados para atenderlos. Por lo que la vuelta se ha ido haciendo de forma progresiva. En muchos de los casos los que dieron prioridad al retorno fueron los que tenían animales.

Con Vanessa Reyes se encontraba su familia abriendo las puertas de Víveres Ariñez. «Si hubieras llegado antes habrías visto como tuvimos que sacar toda la fruta, que se había quemado. Y le daba un olor ácido a la tienda que gracias a Dios ya se ha quitado», cuentan mientras la más pequeña de la casa se comía un corneto.

«Estábamos deseando volver. Nos hemos encontrado muy bien, y una persona que fue jefe mía nos dejó una casa, pero queríamos regresar. Estábamos nerviosos por la casa de mi madre, que está más cerca de los pinos y había más peligro, o tristes por mi tío al que se le quemaron todas las cabras», cuenta Vanessa ya, por fin, con las puertas de la tienda abiertas de par en par.

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