La devoción y alegría por San Antonio invade la Villa de Moya

17/06/2019

El municipio norteño celebró el fin de semana la tradicional romería ofrenda en honor al santo y la función religiosa solemne con Eucaristía y procesión.

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Cualquier ocasión es buena para visitar y disfrutar de las múltiples bondades que atesora la Villa de Moya, pero es en el mes de junio, con las fiestas principales en honor a San Antonio de Padua, cuando el municipio norteño luce una de sus versiones más coloridas y alegres. Las calles y balcones del casco moyense se engalanan con elementos costumbristas y banderines amarillos, rojos, azules o verdes, que penden de lado a lado para anunciar la bienvenida al verano en la Villa y decorar los diferentes actos. Una variada programación para deleite de jóvenes, adultos y mayores, quienes participaron en armonía en estos festejos que tuvieron lugar este fin de semana. Con la esperada romería ofrenda al santo el pasado sábado y con las cámaras de Televisión Canaria retransmitiéndola en directo para todo el archipiélago; la solemne celebración religiosa el domingo, con Eucaristía y procesión; y el cierre lúdico con uno de los platos fuertes, el concierto del grupo grancanario Efecto Pasillo.

Se cumplieron las previsiones y unas diez mil personas se congregaron el sábado a lo largo de la calle principal del casco moyense para participar en la que muchos romeros catalogan como la mejor romería de Gran Canaria, por su carácter tradicional y buen ambiente. A las 18.30 horas, puntual para cumplir con los tiempos televisivos, la talla de San Antonio, datada en 1923 y procedente de la zaragozana Casa de Aranda, salió del pórtico de la iglesia de Nuestra Señora de Candelaria hasta la fuente del Paseo Doramas, donde le esperaba la cabecera de la comitiva para iniciar el desfile nuevamente hacia la iglesia. Acompañando al trono, la Agrupación Musical Cumbres y Costas; los niños y niñas portando los carteles con los nombres de los diez barrios y pagos de la Villa; la Corporación municipal, ya con el nuevo alcalde al frente, Raúl Afonso; el grupo de Bailarines y Tocadores del Norte, llegados por cuarto año desde la isla de El Hierro; el rebaño con un centenar de inquietas ovejas del ganadero local Francisco Díaz; y la tartana tirada por el caballo de José García 'Maclau'. Tras ellos, la algarabía de parrandas y carretas enyugadas a portentosas reses.

Esta ofrenda que celebra con fervor la Villa de Moya en honor a de Padua, se trata de un evento auténtico, arraigado en la más profunda tradición de las medianías del norte de Gran Canaria y con un enorme valor divulgativo sobre la historia, costumbres e idiosincrasia moyenses. Surgió en los años sesenta impulsada por Eloy Rodríguez Guerra y desde sus inicios se celebra el sábado más próximo al 13 de junio, día de la onomástica de , con la participación de los barrios, colectivos culturales, deportivos y vecinales de la Villa. Si bien el origen de los festejos se sitúa a principios del siglo XX, recogiendo la herencia de la primigenia fiesta de Los Labradores, en la que los campesinos del municipio ya mostraban su devoción al santo como agradecimiento por las cosechas anuales.

La devoción y alegría por San Antonio invade la Villa de Moya

No en vano, el municipio norteño presume de su condición rural y de la histórica vinculación al sector agrícola y ganadero que durante siglos ha sido el principal pilar de la economía local. Con una tradición centenaria y gracias a su riqueza hidrológica, la Villa de Moya fue considerada durante siglos la capital del campo de la isla. Un reconocimiento que ha llevado a la Villa verde a ser depositaria hasta nuestros días de la más auténtica cultura rural, así como de las tradiciones más ancestrales. Entre las que cabe destacar los productos gastronómicos como el queso de medianías, los bizcochos lustrados o los suspiros, que le han dado fama a Moya dentro y fuera de nuestras fronteras. Un ambiente que todavía hoy se conserva y causa admiración entre los cientos de visitantes locales y foráneos que se adentran a conocer los tesoros moyenses, bien como punto de visita de sus excursiones o pernoctando varios días en cualquiera de los hoteles y casas rurales con los que cuenta el municipio.

Uno de los mayores tesoros de la Villa de Moya lo forman los siete espacios naturales protegidos que se distribuyen por su territorio; entre ellos, la Reserva Natural Especial de Los Tilos, emblema y orgullo de todos los moyenses y grancanarios en general. Testigo silencioso de la antigua Selva de Doramas que se extendía siglos atrás por la vertiente norte de Gran Canaria y que hoy tiene en Moya el relicto de Laurisilva más extenso y mejor conservado de la isla. Con magníficos ejemplares de tilos, laureles, barbusanos, acebiños y muchas otras especies endémicas, que constituyen una formación boscosa termófila única de la Macaronesia.

Sin olvidar la Reserva Natural Especial de Azuaje y la Reserva Natural Integral de Barranco Oscuro, dos áreas de sensibilidad ecológica con una gran riqueza de flora y fauna endémica. O el Montañón Negro, una formación geológica singular y de gran interés científico por ser representativa del más reciente vulcanismo insular, situada en la zona de cumbre. Y rumbo hacia el otro extremo del municipio, los palmerales se alzan voluminosos casi hasta el litoral, zona apreciada por la riqueza de su vida marina y por la calidad de sus olas para la práctica de deportes como el surf. Formando en su conjunto una bella y colorida instantánea que no extraña que inspirara y siga inspirando a artistas de todas las disciplinas, como plasmó en palabras que pasarían a la posteridad el ilustre y universal poeta local Tomás Morales.

Pero Moya es también historia. Antes de la conquista de Gran Canaria fue hogar del noble caudillo aborigen Doramas y yacimientos como La Montañeta o las propias Cuevas de Doramas aún conservan importantes restos arqueológicos de la época prehispánica. Del siglo XV es la talla de Nuestra Señora de Candelaria, patrona de la Villa, ubicada en la iglesia que luce el nombre de la virgen y la Parroquia creada con la lectura del Sínodo por parte del obispo Fernando Vázquez de Arce, en 1515. En este emblemático y ya icónico edificio religioso, construido en el año 1943 sobre la antigua ermita originaria, se encuentra también la talla de San Judas Tadeo, obra del famoso escultor canario José Luján Pérez, en 1803, y que forma parte del valioso arte sacro que se puede visitar también en la Villa de Moya. Además de varios museos que reflejan el interés que siempre ha despertado entre escritores, pintores y artistas como lugar de inspiración.

Y es que los aspectos culturales y sociales moyenses están tan intrínsecamente ligados al campo, como lo está la evolución de éste a la idiosincrasia de sus habitantes. Lo que convierte a la Villa de Moya en un destino ideal para vivir experiencias en contacto con la naturaleza y disfrutar del confort y relax lejos de la rutina y de las aglomeraciones, pero a la vez muy cerca de la amplia oferta cultural y de ocio que ofrece durante todo el año. Un carácter hospitalario que se evidencia especialmente en las fiestas de San Antonio de Padua, en las que se sucedieron los brindis y cánticos del folclore en las tascas del pueblo, entre convecinos y desconocidos que no podían evitar sumarse a la fiesta.