Entrevista con Juan Jaime Martínez

«Desde Casa África ayudamos a romper estereotipos sobre el continente»

16/07/2019

Entrevista con Juan Jaime Martínez, jefe de Cultura y Educación de Casa África que forma parte de la acción exterior del Estado como herramienta de diplomacia pública y que tiene por objeto el fomento de las relaciones entre África. Licenciado en Relaciones Internacionales, comenzó su carrera profesional en Miami, a donde saltó a la Embajada española en Chile.

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— ¿Cuándo recorría las calles de Gran Tarajal tras salir del colegio se imaginaba usted que terminaría trabajando para el Ministerio de Asuntos Exteriores y recorriendo otros mundos?

— Cuando era muy joven y recorría las calles de Gran Tarajal tenía muy claro que debíamos salir fuera para estudiar una carrera universitaria, aunque yo me adelanté y salí a estudiar 3º de BUP y COU. Entre los 14 y 16 años estuve en el IES de Gran Tarajal y creamos un grupo para viajar y, para obtener dinero vendíamos bocadillos en los recreos o incluso montábamos ventorrillos en las fiestas de la isla. Siempre me gustó conocer lugares nuevos, culturas diferentes. Me siento cómodo viviendo fuera, cuando decides ocupar un puesto en el Servicio Exterior de España y representar a tu país es porque realmente te gusta y lo llevas en la sangre. No obstante, nunca pensé que podría trabajar fuera para mi país o trabajar en un Ministerio.

— ¿Qué vivencias mantiene intactos de aquellos primeros años en Gran Tarajal?

— Mi familia es muy grande, somos seis hermanos. He sido un privilegiado: mis padres me han dado una magnífica educación que ha sido la artífice de mi carrera profesional. Mis familias paterna y materna son también grandes, así que el números de tíos, tías, primas y primos es inmensa. Hasta los 16 años viví en Fuerteventura y luego salí a estudiar fuera. De muy pequeño hice la vida que se hace en un pueblo y que te permite jugar en la calle, recorrer los diferentes puntos de la localidad que se puede hacer a pie, jugar en la plaza del pueblo, la avenida marítima, disfrutar de la magnífica playa de Gran Tarajal. Mis hermanos, primas y primos éramos una piña, siempre estábamos juntos. De lunes a viernes, estábamos en Gran Tarajal y los fines de semana nos íbamos todos a una casa que tienen mis padres en Casillas de Morales (Antigua). Mis abuelos maternos murieron cuando yo era muy pequeño; mi abuelo paterno, que era árabe, murió antes de yo nacer. Sólo tengo vivencias con mi abuela Rosa, la madre de mi padre. Su casa era mi segunda casa, también la de mis primos. Era el núcleo central de mi familia paterna, una mujer con mucha personalidad que hacía que la familia fuera muy unida.

— ¿Cómo le surgió la oportunidad de trabajar en el Servicio Exterior de España, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores?

— Cuando me especialicé en Estudios Latinoamericanos y del Caribe por la Universidad Internacional de la Florida (EEUU), me puse en contacto con el Consulado General de España en Miami porque tenía que hacer unas prácticas y no dudé en realizarlas en una institución española, lo tenía muy claro. El escritor Camilo José Cela había inaugurado el Centro Cultural de España y Cooperación Iberoamericana en Miami y había mucho trabajo por delante. La cultura en relaciones internacionales es fundamental: si se hace un buen trabajo, ayuda a vender una buena marca país. Hice mis prácticas seis meses y, unos días antes de regresar a España definitivamente, me llamaron del Consulado para decirme que tenían interés en que me quedara. El Ministerio de Asuntos Exteriores tramitó la acreditación correspondiente, ocupé un primer puesto como coordinador de proyectos y tres años más tarde me nombraron director adjunto.

— ¿A dónde le ha llevado su trabajo desde que terminó de estudiar en la Universidad Internacional de la Florida, en Estados Unidos?

— Me siento muy satisfecho y orgulloso de la carrera profesional que he llevado a cabo hasta ahora, no sé si está bien decirlo. He vivido en dos países impresionantes, uno del norte y otro del sur. He tenido la oportunidad de conocer gente de la que he aprendido mucho, he trabajado con jefes que me han aportado grandes cosas en lo profesional y también en lo personal. He podido participar en la organización visitas de Estado de presidentes, ministros y Sus Majestades los Reyes Eméritos. Mi incorporación a Casa África en 2006 me permitió conocer un continente tan próximo a nosotros y tan desconocido, incluso para mí. En esta etapa he aprendido mucho, pero sobre todo, he disfrutado. Me ha permitido viajar, conocer países, costumbres diferentes, poner en marcha proyectos en España y en África que han permitido conocernos mejor, crear redes estables y amables. Nuestros proyectos en España ayudan a romper estereotipos de África, a conocer otra imagen diferente que la que muestran los medios de comunicación. También difundimos nuestro cultura en África, ponemos en marcha proyectos que ayudan a fortalecer las industrias culturales y que a la larga generarán desarrollo en un continente con un gran potencial. Cuando me incorporé a Casa África, la propuesta era por cuatro años y luego salir al Exterior. Voy a cumplir trece años y sigo tan ilusionado como el primer día. Pero también creo que todo tiene un tiempo, que es bueno renovarse y cambiar. Han surgido muchas posibilidades de salir al Exterior en los últimos cinco años, pero no me han interesado. Cuando llegue una propuesta atractiva, será el momento de emprender un rumbo nuevo. Me gusta trabajar para mi país y defender nuestros intereses en el Exterior.

— ¿Cómo está presente Casa África en Fuerteventura? ¿Le gustaría que fuera mayor la participación en la vida cultural y económica de la isla?

— Casa África es un instrumento de la política exterior de Estado, somos un instrumento de diplomacia pública, somos una institución estatal. El hecho de que Casa África esté en Canarias no es algo accidental, es una decisión política que tiene como objetivo convertir a Canarias es un espacio estratégico, en un puente entre África, Europa y España. Buena parte de nuestra programación se lleva a cabo en nuestra sede pero, también realizamos un buen número de actividades en el resto del territorio nacional y en África. A pesar de los recortes presupuestarios hacemos un gran esfuerzo por estar en todo el país, incluida Fuerteventura. El fin de semana pasado apoyamos Fuerteventura en Música (FEM), lo hacemos todos los años. En esta edición actuó Kyekyeku & Ghanalogue Highlife, uno de los ganadores de nuestro proyecto Vis a Vis que se llevó a cabo en Ghana que se ha convertido en una de las iniciativas más importantes que hemos puesto en marcha en el marco de la programación de diplomacia cultural. Hasta hace poco estuvimos en contacto con el Ayuntamiento de Tuineje para apoyar un festival de cine social que quiere organizar. Con las elecciones se paró todo y estamos pendientes de retomar el proyecto con el objeto de incluir películas africanas con un alto calado social. Hemos organizado exposiciones, también hemos propuesto exposiciones como Mujeres del Congo de la fotógrafa Isabel Muñoz, pero no hemos recibido respuesta. Varios centros educativos de Puerto del Rosario, Corralejo, Jandía y Gran Tarajal participan en nuestro proyecto educativo Enseñar África. Hacemos cosas en Fuerteventura, en el resto de las islas y territorio nacional. En el ámbito económico se colabora con Africagua y otras iniciativas.

— ¿En qué se ha quedado atrás Fuerteventura desde su punto de vista de ciudadano del mundo?

— Hace mucho que no vivo en Fuerteventura, sólo voy en verano, Navidad, Semana Santa y algún fin de semana a ver a mi familia. No puedo decir en qué no ha evolucionado. Cuando voy de vacaciones y camino por Gran Tarajal, compruebo que vive mucha gente de fuera y que a la mayoría no conozco. Se ha acogido amablemente a personas que vienen de otros puntos de España y otros países, entre ellos a los africanos. Probablemente tenemos que interiorizar más la proximidad al continente africano. No vivir de espalda hacia África, geográficamente estamos más cerca del continente vecino que de Europa. No podemos negar que África tiene un futuro prometedor, estamos muy cerca y animo a los jóvenes y no tan jóvenes a conocer África en positivo, a viajar a África ahora que tenemos vuelos directos a algunos países desde Canarias.

— ¿Qué echa de menos de cada país donde ha vivido?

— Mi experiencia en Estados Unidos fue fantástica: viví en New Jersey y posteriormente en Miami. En North Bergen (New Jersey) fue la primera vez que vi y toqué la nieve. Recuerdo cuando empezó a nevar que oí decir está nevando, mi reacción fue salir corriendo a la calle para tocar y sentir la nieve. Aquí tuve la oportunidad de preparar mi inglés para hacer el examen de idioma que me permitiría estudiar en una universidad americana. La mayor parte de mi estadía fue en Miami, mi segunda casa, donde me formé y posteriormente trabajé. Hice muchos amigos, españoles expatriados, latinoamericanos, americanos, asiáticos. Es una ciudad multicultural que gusta poco a los españoles que están de paso porque la ven muy superficial. En lo personal me pareció una ciudad muy amable. Hicimos un gran trabajo, convertimos el Centro Cultural de España en un referente cultural. Me dio mucha pena irme.

Santiago de Chile es una gran urbe y con buena calidad de vida. Tenía buenos amigos chilenos en Miami y me facilitaron contactos para adaptarme pronto a la ciudad. Chile es un país maravilloso, lo recorrí de norte a sur, crucé la frontera para viajar a Perú y Bolivia. Por cierto, para viajar a Perú tomé un avión hasta el norte de Chile y crucé la frontera con mi mochila a cuesta. El Centro Cultural de la Embajada es un referente en la ciudad, teníamos nuestra programación propia y luego lo que se hacía conjuntamente con el resto de centros culturales de las Embajadas europeas. De Chile echo de menos la hospitalidad, la amabilidad, el contraste de sus regiones, desde el Desierto de Atacama a la Región de los Lagos.