Conservación

colgados para salvar guinchos

18/12/2017

A las águilas pescadoras en Canarias se las llama guinchos. En épocas pasadas debieron de haber tantas que muchos lugares de las islas son conocidos por el nombre de esta ave, pero hoy apenas quedan siete parejas en el archipiélago. Ciertas técnicas de seguimiento son tan difíciles que se requiere de expertos escaladores para llegar hasta los nidos.

A mediados del siglo pasado podía haber en Canarias unas 50 parejas de guinchos, ahora solo quedan siete, confinadas en el macizo de Teno, en Tenerife, en los islotes del norte de Lanzarote y en los acantilados del suroeste de La Gomera. Este año únicamente se sabe de un pollo que ha logrado volar. La presión humana, como ocurre con otras especies, no solo está reduciendo cada vez más su hábitat, sino que en los pocos lugares donde anidan hay tantas perturbaciones que hacen muy difícil que las crías se guarezcan.

Conocer sus movimientos, sus migraciones, su edad o su mortalidad es fundamental para abordar su conservación, pero para eso es necesario el anillamiento científico y la colocación de emisores de seguimiento GPS a cada individuo. Esta labor, que a priori parece sencilla, en el caso de los guinchos, es muy compleja porque solo anidan en las cornisas de los acantilados. Para llegar a los nidos, ornitólogos como Manuel Siverio, del Grupo de Ornitología e Historia Natural de las islas Canarias (Gohnic), han tenido que buscar la colaboración de pescadores o escaladores. Es el caso de Javier Martín-Carbajal, de Tenerife Vertical, que desde hace dos décadas se cuelga de los acantilados de Teno y de La Gomera junto a Siverio y a un equipo ornitólogos para anillar guinchos. Juntos acaban de concluir un trabajo para el Servicio de Biodiversidad de la Viceconsejería de Medio Ambiente consistente en la equipación de los accesos a una decena de nidos en ambas islas con técnicas de escalada. Se trata de una «acción preparatoria», financiada por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder Canarias 2014-2020), para el anillado de ejemplares y puesta en marcha casi en paralelo a la redacción de borrador del plan de conservación de esta especie.

Los ornitólogos tienen localizados más de 60 nidos de guincho en Canarias, algunos, dice Siverio, «de más de 100 años» de antigüedad, por eso se supone que en las islas pudo haber, en distintas épocas, otras tantas parejas de estas rapaces. En 1984 había censadas 14 parejas en Tenerife, La Gomera, El Hierro, Lanzarote, Alegranza y Montaña Clara; 26 años después, cuando en 2015 se hizo el último censo, la cifra bajó a siete y habían desaparecido de los acantilados de Lanzarote y en la isla de El Hierro.

Con el plan de conservación en el que trabaja Biodiversidad se busca, principalmente, reducir al máximo las perturbaciones que sufren los guinchos durante la época de cría, producidas en la mayoría de los casos por actividades humanas ligadas al turismo, y también las muertes fortuitas, como la electrocución en el tendido eléctrico o golpeados por los molinos eólicos. El plan plantea acciones en ambos sentidos.

«O se hace algo, o los guinchos desaparecen», aseguran en el Servicio de Biodiversidad.