Sandra Sabatés. / r. c.

Sandra Sabatés, presentadora de TV «Hay que trabajar para que haya más mujeres con canas en televisión»

Publica 'No me cuentes cuentos', libro que reúne diez historias reales de mujeres víctimas de violencia machista

J. MORENO

Es la cara seria de 'El intermedio', el programa de humor que capitanea El Gran Wyoming en La Sexta. Sandra Sabatés (Granollers, Barcelona, 42 años) publica 'No me cuentes cuentos' (Planeta), libro en el que reúne diez historias reales de mujeres víctimas la violencia de género en un juego de espejos con los cuentos infantiles.

–¿Por qué contar esta historias a través de cuentos clásicos?

–'Caperucita roja' es uno de mis favoritos. Pero con la edad estos cuentos cambian. Pensando que con 'Caperucita' te están contando la historia de una violación, me vino a la mente el caso de La Manada de los sanfermines. Me pergunté si el paralelismo se daba en otros cuentos clásicos y vi que en muchos había manifestaciones de violencia de género. A veces evidentes y otras más sutiles.

–¿Cómo llega a estas historias reales de mujeres?

–En los casos más mediáticos fue fácil. Para el resto, contacté con asociaciones que tendieron puentes para contactar con distintas mujeres.

–¿Cuándo nace su interés por el feminismo y la violencia de género?

–Empiezas a ser consciente del feminismo cuando ves la desigualdad que sufrimos las mujeres. Abres los libros del colegio y ves que en historia o la literatura aparecen muchos hombres y las mujeres brillan por su ausencia. ¿Realmente no las hay? ¿No hemos hechos cosas de mérito? Siempre estuvimos ahí, pero la historia la han contado los hombres y se han puesto en el primer escalón. Me fui implicando más y tuve la suerte de que la directora de 'El intermedio', Carmen Aguilera, apostara por visibilizar el feminismo.

–Con 'Caperucita Roja' aborda la violación múltiple de Pamplona. ¿Contactó con la víctima?

–Recuperar el episodio de violencia y ser capaz de relatarlo no ha sido fácil para ninguna de las diez chicas. A la víctima de La Manada, le resultaba complicado pasar de nuevo por ahí. Ha estado siempre en el foco mediático y se llegó a ir del país durante un tiempo. Concluimos que sería más sencillo hacer una reconstrucción a partir de sus declaraciones en el juicio.

–¿Qué esconde cambiar por intrafamiliar el término de violencia machista?

–Una involución. Es un intento de acabar con las grandes conquistas sociales que tanto ha costado conseguir. La ley de violencia intrafamiliar de Castilla y León es una muestra de cómo quieren fingir que este problema no existe. Es indispensable ser conscientes de que existe para poder atajarlo. Los discursos negacionistas no aportan nada. Son intentos de volver al pasado y continuar con los principios machistas y de la subordinación de la mujer por debajo del hombre.

–Hacer una sección sobre mujeres en un programa de humor, ¿es la manera más efectiva de concienciar sobre feminismo?

–Hay muchas maneras de mostrar los valores del feminismo. En 'El intermedio' optamos por las entrevistas de 'Mujer tenía que ser', al considerar que lo mejor era que las mujeres contaran su experiencia y las desigualdades sufridas su vida personal y profesional. He conocido a mujeres maravillosas y he recibido mensajes de agradecimiento y apoyo y proponiendo historias.

Evolución

–Empezó en la información deportiva, un territorio masculino. ¿Recibió algún comentario inapropiado por ser mujer?

–Sinceramente no lo viví así. Empecé presentando con Antonio Esteva y no he sufrido ningún tipo de discriminación. Sí que he visto una evolución. Quizás, en ese momento no eras tan consciente y no echabas de menos ni la presencia de mujeres ni hablar de deporte femenino. Es algo progresivo, y como persona vas evolucionando y tienes otra percepción.

–¿Falta por romper todavía muchos techos de cristal en el mundo de las actrices o el humor en televisión?

–Vamos dando pasitos. Hay que seguir trabajando para que haya más mujeres con canas en televisión. Y en el caso de las cómicas, igual. En 'El intermedio' tenemos la suerte de tener a grandes mujeres humoristas.

–¿Cómo es trabajar con El Gran Wyoming?

–Es una maravilla. Llevamos diez años trabajando juntos. Wyoming es un tío muy generoso y siempre te tiene en cuenta. Está dispuesto a echar una mano en lo que sea. Después de tantos años, parecemos un matrimonio. Nos conocemos perfectamente y tenemos una complicidad muy buena.