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Lorenzo Olarte, Antonio Márquez, Fernando Bergasa y José Miguel Bravo de Laguna, diputados de UCD por Las Palmas.
Así vivieron el 23F tres diputados canarios

Así vivieron el 23F tres diputados canarios

Cuarenta años después del fallido golpe de Estado, nueve miembros del Parlamento rememoran sus angustias y temores y nos cuentan las anécdotas que vivieron mientras se decidía el futuro de la democracia en España

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Las Palmas de Gran Canaria

Lunes, 22 de febrero 2021, 22:10

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Jerónimo Saavedra «Nunca había oído disparos»

Jerónimo Saavedra había llegado la víspera del pleno desde Gran Canaria. Llevaba, como siempre que viajaba, algunos paquetes de tabaco para sus conocidos:«Coronas y Chester, era lo que llevaba a la península». El día que arrancaba la sesión plenaria había quedado con Eduardo Punset para abordar la situación de Canarias de cara a la negociación para una integración económica en el espacio europeo, pero ya entonces Punset le dijo que Leopoldo Calvo Sotelo, en esas fechas candidato a presidente, no contaba con él para el Gobierno entrante.

Saavedra accedió al hemiciclo sin que se le pasara por la cabeza lo que iba a ocurrir. Una cosa es que el ambiente político era tenso, que había atentados terroristas y descontento militar, y otra lo que vivió allí: «No se me borra de la cabeza. Yla primera sensación fue la de miedo. Nunca había oído disparos y me impactó ver a aquella turba entrando por allí. Después fue la sensación de no poder hablar, ni con el de al lado. En se tiempo de silencio mi cerebro empezó a reflexionar sobre la historia de España, me veía saliendo y yendo a dar clases a Alemania o a Austria... Pensé en lo que podíamos haber hecho mal y esos pensamientos me entretuvieron».

Luego, cuando fueron pasando las horas y hubo cierta distensión ante la sensación de que el golpe iba a fracasar, llegaron las anécdotas. Y es ahí donde hay que rescatar la historia del tabaco llevado desde Canarias. Cuenta Saavedra que le dio tres paquetes a un parlamentario que tenía cerca y que horas después, ya en la madrugada, le extrañaba que los diputados le pedían a él si tenía cigarrillos, por aquello de que los canarios siempre llevaban algún paquete de más, y que cuando le preguntaban al diputado a quien él se los dio, contestaba que no tenía. Por discreción, evita dar el nombre de aquel diputado.

«La salida fue muy emocionante», agrega Jerónimo Saavedra, que invita a una reflexión sobre la conveniencia de conocer el pasado pero desde una perspectiva crítica que, en su opinión, está faltando sobre todo en la izquierda política de este país.

Jerónimo Saavedra.
Jerónimo Saavedra.

Lorenzo Olarte «Me dijeron 'te vamos a dejar libre' pero me negué»

En la bancada de los diputados de la Unión de Centro Democrático se encontraba aquel día Lorenzo Olarte, que luego sería presidente de Canarias, y cuya amistad personal con el entonces presidente saliente y figura clave de la Transición, Adolfo Suárez, era conocida por todos. Lorenzo Olarte relata que en aquellas largas horas de encierro, «hubo un momento en que un guardia civil vino a por mí y llevó a una sala fuera del hemiciclo». «Allí se encontraba un amigo mío que era de Fuerza Nueva y que me presentó al capitán Camilo Menéndez, diciéndole que yo era amigo suyo y mejor amigo de Suárez. Pensé que se podía haber ahorrado eso último pero lo reconocí y dije que sí, que efectivamente era amigo personal de Suárez. Me contaron que en una habitación al lado estaba Tejero y que se encontraba como el león enjaulado, pues empezaba a ver que el golpe no saldría adelante. Me dijeron 'a ti te vamos a dejar libre' pero me negué».

Agrega Lorenzo Olarte que fue su amigo quien le dejó un pequeño aparato de radio con el que, como otros parlamentarios, fue recibiendo noticias de la evolución de la intentona, un factor que ayudó a que se serenasen los ánimos porque fueron conscientes de que el golpe fracasaba. Al salir, recuerda, «sentí por primera vez lo mismo que un pajarillo silvestre cuando lo dejan libre» y se acercó, como casi todos, al hotel Palace para contactar telefónicamente con su familia, pero su llamada a su esposa fue casi en clave, según añade, porque por aquel entonces tenía una pistola en casa tras haber recibido un aviso policial de que el independentismo canario y el Grapo lo estaban siguiendo, y sabía que era mejor por teléfono evitar que su mujer le preguntase «dónde guardar la pistola».

Para el anecdotario, Lorenzo Olarte deja la historia de Fernando Sagaseta pidiendo que lo auxiliaran al ver que sangraba por la nariz: «Pensaba que era por algún resto de la lámpara central cuando dispararon los guardias pero fue de la fuerza con que se tiró al suelo, que rompió los cristales de las gafas».

Lorenzo Olarte.
Lorenzo Olarte.

J.M. Bravo de Laguna «El impacto emocional fue muy fuerte»

Era entonces diputado por Unión de Centro Democrático y director general de Relaciones con las Cortes y, como todos, era consciente de que el ambiente político estaba revuelto pero no se le pasaba por la cabeza una intentona golpista.

Así lo cuenta José Miguel Bravo de Laguna, hoy consejero de CC-Unidos por Gran Canaria en el Cabildo de Gran Canaria, y en 1981 uno de los cuatro diputados de UCD por la provincia de Las Palmas. «Lo recuerdo como si lo viviera hoy mismo», subraya el político grancanario, que añade que «el impacto emocional fue muy fuerte».

Lo vivió en su escaño, en una fila que compartían todos los ucedistas de Las Palmas: Lorenzo Olarte, Fernando Bergasa, Antonio Márquez y el propio Bravo de Laguna. A poca distancia se encontraba Francisco de la Torre, ahora alcalde de Málaga, que contaba con un transistor y Bravo de Laguna recuerda que aquel aparato les permitió mantener el contacto con el exterior y enterarse de cómo evolucionaba el golpe:«Con el transistor pude oír, como otros compañeros, el discurso del Rey».

Por la mañana, cuando se produce la salida de los parlamentarios, una de las prioridades era acercarse al hotel Palace para llamar por teléfono a las familias y tranquilizarlas. La suya había recibido una llamada del entonces gobernador civil, Juan José Barco, diciéndoles que se acercasen a la sede de la Plaza de la Feria para recibir protección.

Transcurridos 40 años de aquel episodio, Bravo de Laguna reflexiona sobre el grado de enconamiento que se vive en la política nacional y en especial en el Congreso de los Diputados. Y lo contrapone con una Transición en la que el «abanico parlamentario iba desde Blas Piñar a la Pasionaria, pero todos teníamos claro que había que evolucionar, que España tenía que dar pasos para, entre otras cosas, integrarnos en Europa. Era una época con mayor altura de ideas, mientras que ahora veo más pelea callejera en la política, más insultos... Lo que se está haciendo es malgastar el capital político».

José Miguel Bravo de Laguna.
José Miguel Bravo de Laguna.

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