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Imagen de archivo de la llegada de migrantes a las costas de Lanzarote. Efe
«Casi me tiran al mar porque estuve dos días sin despertar en la travesía»

«Casi me tiran al mar porque estuve dos días sin despertar en la travesía»

Tres jóvenes migrantes compartieron su experiencia vital en el foro 'Hacia el nuevo pacto migratorio' celebrado en la capital grancanaria

Sara Toj

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 23 de febrero 2024, 22:44

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Las historias llegan, remueven y, sobre todo, enseñan. De cada una de las personas que nos cruzamos en el camino nos llevamos aprendizajes que calan de una forma u otra. En la mañana de este viernes, durante el foro 'Hacia el nuevo pacto migratorio' celebrado en el Cicca de la capital grancanaria, se pudieron conocer los testimonios de Abderrahman, Badou y Hardy, tres jóvenes que llegaron a Gran Canaria en cayuco, en momentos diferentes, pero que guardan una estrecha conexión. Todos son usuarios de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) en Canarias.

Abderrahman dejó su Marruecos natal cuando tenía 16 años. Desde los 14 ya era el responsable de su casa, en la que convivía con sus cinco hermanos. Por ello, tuvo que dejar el colegio y ponerse a trabajar «de cualquier manera». Muchos de los jóvenes que se embarcan hacia las islas no se lo transmiten a sus familiares, pero en su caso sí que lo hizo.

«Sabía que iban a tener miedo, que no iban a querer que me marchara, pero yo quería un futuro mejor, buscar algo mejor, porque allí no se podía hacer más», contó. Tras cuatro días en el mar en una embarcación «de más o menos siete metros de largo» en la que viajaban casi 40 personas, llegó a Gran Canaria, donde trabaja en el hotel en el que hizo las prácticas de un curso de formación de ayudante de camarero. Ahora, con 20 años, puede decir que ha logrado uno de sus objetivos: «Estoy ayudando a mi familia». Sin embargo, su idea de aquí a cinco años es irse a otros países, como Bélgica o Francia.

«Estoy ayudando a mis hermanos»

Badou cumplirá en junio 20 años. El joven partió desde Senegal hasta Canarias en un cayuco cuando tenía 16 años. Estuvo casi 10 días embarcado y, cuando llegó, lo derivaron a un centro para menores migrantes. Una vez en las islas tuvo claro que una de sus principales metas era seguir estudiando. Tras finalizar la Educación Secundaria Obligatoria y una FP básica de mecánica, descubrió que dos de sus pasiones son la música y el marketing. Actualmente está trabajando en el lugar donde fue acogido al principio: «Me gusta mucho porque siento que estoy ayudando a mis hermanos. En el centro hay gente que yo conocía cuando ellos eran pequeños, de mi barrio».

El motivo por el que dejó su país fue la guerra. De hecho, contó que hace unos días recibió una llamada de su mejor amigo en Senegal y le planteó su idea de viajar hasta Canarias. «No es porque sea egoísta, pero no quiero que venga en patera, ojalá pudiera hacerlo en avión». Y es que su experiencia, como la de los miles de migrantes que deciden emprender la Ruta Canaria, fue «muy dura». Contó que, durante el viaje, tuvo miedo: «Hubo dos días en los que casi me tiran al mar porque no despertaba y las olas eran muy grandes, el cayuco se movía mucho».

En busca de «un buen futuro»

Como él, Hardy es un joven de Gambia que desembarcó en Gran Canaria en 2021. En su país de origen estudiaba y dedicaba la mayor parte de su tiempo a su gran pasión: el fútbol. También estuvo más de 10 meses de ayudante de cocina en un restaurante, pero decidió emprender una «travesía muy dura» para buscar «un buen futuro».

En el cayuco viajó junto a más de 200 personas. Tras estar unos meses en un centro de acogida para menores ubicado en Tejeda -cuando llegó ya tenía 17 años-, comenzó a emplear su tiempo en formarse realizando cursos. Así logró un puesto como ayudante de cocina en un restaurante de Anfi del Mar. Confesó estar «muy contento» con su vida en Canarias, y su mayor deseo es «ayudar a otras personas» como lo han ayudado a él.

Los tres coincidieron en que no volverían a las islas en patera, pero no se arrepienten de haber arriesgado su vida. Su realidad ya ha cambiado, todos pueden ayudar a sus familias y siguen trabajando por alcanzar ese ansiado «futuro mejor» que les llevó a dejarlo todo.

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