Elecciones generales 28A

La crispación sube en la recta final hacia las urnas

24/04/2019

El segundo y último debate entre los candidatos refrenda la enorme división entre el bloque de izquierda y el de derecha. Casado y Sánchez suben el tono para frenar el ímpetu que impuso Rivera en el primer enfrentamiento. El líder del PSOE aumenta sus llamadas contra «la ultraderecha».

El segundo y último debate entre los candidatos a la Presidencia del Gobierno sirvió para refrendar la brecha entre el bloque de izquierda y el de derecha. El cruce de reproches entre los líderes de los principales partidos en la sede de Atresmedia subió de tono y fue por momentos mucho más bronco que el que se produjo en el primer enfrentamiento celebrado sólo 24 horas antes en RTVE.

Cataluña y la violencia machista se convirtieron en los temas más polémicos: el problema catalán fue utilizado por PP y Cs para acorralar a Sánchez, pero este logró ventaja respecto al feminismo y la igualdad

Las novedades fueron varias. En primer lugar, tanto Pedro Sánchez como Pablo Casado demostraron desde el principio que no iban a permitir que el candidato de Ciudadanos se hiciera con el ritmo del cruce de reproches. Al contrario de lo que ocurrió en la televisión pública, los líderes del PSOE y del PP entraron sin tapujos en una carrera con Albert Rivera de interrupciones, insultos e incluso intercambio de libros para celebrar San Jordi.

Sánchez y Casado intentaron parar los pies a un hiperactivo Rivera que por momentos se vio sobrepasado por su propia estrategia. Fue entonces cuando el más discreto candidato de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, aprovechó para meter baza en el ataque frontal contra el teórico ganador del primer debate alertándole que estaba siendo «maleducado y faltón», «algo que no se merecen los españoles».

El segundo cambio evidente respecto al enfrentamiento en RTVE fue precisamente la actitud de Iglesias, algo más dinámico en Atresmedia aunque en ningún momento abandonó un papel moderado en los ataques que le valió en más de un momento el título de «arbitro» del debate que le concedió Rivera.

También cambió su estrategia desde el principio el líder del PP, dispuesto en el enfrentamiento de anoche a plantar cara no sólo al candidato del PSOE sino también a su teórico socio tras el 28A. Pablo Casado intentó recuperar el terreno que cedió 24 horas antes a Albert Rivera como líder de la derecha y se mostró mucho más agresivo con el presidente de Ciudadanos. En reiteradas ocasiones, Casado se refirió al PP como el «único partido capaz de liderar el cambio» tras los diez meses de gobierno socialista. Incluso disputó a Rivera el título de partido liberal. Ayer no había amigos.

Estas contrarréplicas de Casado sorprendieron en parte al líder de Ciudadanos, que en muchos momentos del debate se vio atrapado entre dos frentes con los ataques directos del presidente del PP y los que continuamente le dedicaba Pedro Sánchez. El candidato del PSOE también salió al segundo round del debate con la estrategia clara de elevar su número de referencias a Vox, el gran ausente de la cita.

El incremento de la tensión convirtió en muchos momentos el debate en un rosario de insultos, frases por lo bajo e interrupciones que obligó a los periodistas que dirigían el debate a recordar que los espectadores no podían escuchar las intervenciones. Difícil labor cuando Sánchez, Rivera y Casado luchaban por no dejarse arrebatar el protagonismo dialéctico olvidando en muchos momentos sus propuestas electorales.

Esta tensión volvió a demostrar la brecha infranqueable que existe entre el bloque de la izquierda y el de la derecha a cuatro días de la cita con las urnas. Rivera y Casado coincidieron en tenderse la mano para pactar: «si tenemos un solo escaño más mandaremos a Sánchez, a Torra, a Puigdemont y a Otegui a la oposición». El candidato de Unidas Podemos también reiteró su apuesta por reeditar la alianza con el PSOE, aunque Sánchez prefirió esconder su estrategia de alianzas poselectorales para asegurar que quiere «cuatro años más de gobier

La crispación sube en la recta final hacia las urnas
Minuto de oro

El líder del PP, Pablo Casado, ha asegurado a los electores que "el único valor seguro" es el PP si quieren "de verdad" un cambio. Por eso, ha pedido el voto para "defender sin complejos la unidad nacional" y se ha comprometido ante a los posibles votantes "a servirles" y "dejarse la piel por lo que más importa" como es el futuro de los hijos y el destino de España. ‘No les voy a defraudar", ha concluido.

El candidato de Ciudadanos, Albert Rivera, ha utilizado su último minuto para recordar los valores de esfuerzo y de libertad que le han inculcado sus padres y recalcar que los españoles son "también su gran familia" y que juntos son "imparables y más fuertes". Ha dicho que quiere ser el presidente "que piense en el futuro de España" y ha pedido el voto para que el 28 de abril se pueda hacer historia.

El presidente Pedro Sánchez ha perfilado en su minuto de oro dos certezas: que si el PP, Cs y Vox suman mayoría el 28 de abril "harán en España lo que han hecho en Andalucía" y que el único partido que puede ganarles es el PSOE.

"Estamos muy cerca. Les pido que lo digan alto y claro votando al PSOE", ha concluido Sánchez el debate, después de pedir a los ciudadanos, como también hizo ayer en el debate de RTVE, una "enorme moción de censura social" para frenar la desigualdad, la confrontación y la corrupción.

El candidato de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, ha recordado a los electores que "cuando la gente se mueve, cambian cosas". Ha insistido en que se ha presentado como la única opción para garantizar un gobierno de izquierdas: la alerta de que "los poderes económicos y los brazos mediáticos" presionarán tras las elecciones para que el presidente Pedro Sánchez se una a Ciudadanos.

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