TRIBUNA LIBRE

Combatir la homofobia, defender la libertad

Corresponde al conjunto de la sociedad reaccionar ante esta barbarie, no permitiendo ningún tipo de marginación por la orientación sexual de las personas

Celebrábamos hace muy pocas fechas el Día Internacional del Orgullo LGTBI. Con actos menos masivos en la calle que hace dos años, circunstancia condicionada por la situación actual de la pandemia de la Covid 19 que ya en 2020 obligó a suspender las movilizaciones. También con numerosas muestras de apoyo en los distintos niveles institucionales. Una conmemoración que ha servido para recordar y poner en valor los significativos avances experimentados en las últimas décadas, en los que el Estado español y Canarias se sitúan a la vanguardia mundial en derechos de la comunidad LGTBI. Pero también para reflexionar colectivamente sobre los asuntos pendientes y, de manera especial, denunciar las políticas represivas de algunos estados, dentro y fuera de la Unión Europea, y la homofobia aún presente en la sociedad, que encuentra un importante impulso en los discursos de odio procedentes de la extrema derecha con complicidades políticas y mediáticas nada desdeñables.

Podemos definir a la homofobia como el odio, el rechazo, el desprecio, la hostilidad hacia la homosexualidad, lo que incluye una amplia gama de lamentables actitudes que vulneran los más elementales derechos humanos. Desde las burlas y el acoso a las diferentes formas de marginación en distintos ámbitos, entre ellos el educativo, el laboral o el mundo del deporte; en este último, no es casual que muy pocos deportistas hagan pública su homosexualidad y en el que el fútbol se convierte en caso extremo de absoluto silenciamiento de esta. Desde la violencia psicológica a la física, desde la consideración de enfermedad a su permanencia en el código penal de muchos estados donde sigue siendo castigada con la cárcel e incluso con la pena de muerte.

Estigmatizar e invisibilizar

Las agresiones homófobas son una triste realidad en crecimiento en los últimos años

En las primeras fases de la Eurocopa llamó la atención la aplaudible y comprometida decisión del portero de la selección alemana Manuel Neuer de lucir un brazalete arcoíris como expresión de apoyo a la causa LGTBI. Justo cuando la UEFA impedía que los estadios se iluminaran con los colores de la bandera arcoíris para no «politizar», para no molestar a Hungría y a su mandatario Viktor Orbán. Hungría y Polonia (donde numerosas ciudades se han declarado «»ibres de ideología LGTBI») encabezan la ola homófoba en la UE, con la aprobación de medidas legales encaminadas a estigmatizar e invisibilizar a las personas homosexuales.

Lo que ha llevado a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, a exigir a Orbán que corrija su polémica ley, al considerar que estigmatiza a una parte de la sociedad. «Va profundamente en contra de los valores fundamentales de la Unión Europea: la protección de minorías, la defensa de los derechos humanos, valores anclados en nuestros tratados», aseguró. En esa línea, el pasado jueves el Parlamento Europeo con 459 votos a favor, 147 en contra y 58 abstenciones, condenó (por suponer «una violación manifiesta de los valores, principios y el derecho de la Unión») la legislación impulsada por Orbán. Una votación en la que los representantes del PP español se abstuvieron, a excepción de Esteban González Pons, que votó a favor del rechazo a la legislación homófoba húngara. Una cobardía cómplice de quienes tanto blanden la Constitución e invocan la libertad.

Derechos fundamentales

Afortunadamente, cada vez son más los estados que aprueban legislaciones que buscan acabar con la histórica marginación de la comunidad LGTBI. El Estado español fue pionero, hace dieciséis años, en el reconocimiento del matrimonio igualitario, así como de la posibilidad de adopción; en junio de 2005 apoyé con mi voto en el Congreso esa iniciativa de Rodríguez Zapatero. El Parlamento de Canarias ha aprobado recientemente la Ley de igualdad social y no discriminación por razón de identidad de género (conocida como Ley Trans) por conmovedora unanimidad de la Cámara y en el Estado se encuentra en estos momentos muy avanzada una legislación al respecto.

En la reciente celebración del Día Internacional del Orgullo, numerosas instituciones de las Islas reiteraron el mensaje de condena a cualquier tipo de discriminación contra las personas LGTBI y de vulneración de sus derechos fundamentales. Manifestando, por otra parte, la preocupación ante el repunte del discurso del odio.

Pero, de forma paralela, el actual auge de la extrema derecha resulta un perfecto caldo de cultivo para la homofobia, como lo es para la extensión del racismo o del rechazo a los avances conseguidos por el feminismo en la igualdad entre las mujeres y los hombres o del arrinconamiento de los pobres. Como lo es para cualquier fobia, hilo conductor de sus discursos. Su irresponsable blanqueamiento por numerosos medios de comunicación y por una parte significativa de la derecha española constituye uno de los mayores riesgos para los derechos y libertades, para la democracia en general, para la convivencia.

Agresiones homófobas

Las agresiones homófobas son una triste realidad en crecimiento en los últimos años. El informe Evolución de los delitos de odio en España, elaborado por el Ministerio de Interior, señala que las agresiones homofóbicas denunciadas pasaron de 169 en 2016 a 278 en 2019, casi un 65% más. Y los expertos indican que se denuncia solo una pequeña parte de ellas. Se producen en las calles, en los parques, en el transporte público o, como en el reciente caso de Samuel Luiz, a la salida de una discoteca o un pub. La brutal paliza que un grupo de personas propinó a este joven gallego de 24 años, hasta causarle la muerte, ha levantado una ola de indignación en todo el Estado español y puesto sobre la mesa una realidad sangrante a la que hay que poner freno urgentemente.

Corresponde a la Justicia tipificar este delito como homicidio o asesinato y, asimismo, si se trata, como todo apunta y como han denunciado amigas de la víctima que presenciaron los hechos, de un delito de odio. Así como actuar con firmeza contra los que generan el ambiente de hostilidad y fobia, y contra los que ejercen la violencia en cualquier ámbito. Corresponde al conjunto de la sociedad reaccionar ante esta barbarie, no permitiendo ningún tipo de marginación por la orientación sexual de las personas. Corresponde a los gobiernos y parlamentos seguir impulsando políticas tendentes a la igualdad y a la eliminación de cualquier tipo de discriminación, combatiendo con todos los medios a su alcance la propagación de las ideas de odio. Las mismas que, colocando en el punto de mira a judíos, socialistas, comunistas, personas con discapacidad u homosexuales, llevaron a la Humanidad a la catástrofe de los años treinta y cuarenta del pasado siglo. No podemos tolerar que se repita. En defensa de la libertad como concepto superior, no como eslogan electorero.

Román Rodríguez, Vicepresidente del Gobierno canario, consejero de Hacienda, Presupuestos y Asuntos Europeos