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Protagonista de 'The Sandman'. / RC

Crítica de la primera temporada de 'The Sandman' en Netflix: Del tirón

El cómic creado por Neil Gaiman, Mike Dringenberg y Sam Kieth para la línea Vertigo de DC Comics ha saltado a la pantalla

Borja Crespo
BORJA CRESPO

Del tirón. Así hay que ver la primera temporada de 'The Sandman'. Lo que viene a llamarse binge-watching, ahora que se llevan tanto los anglicismos entre las nuevas generaciones. Devorar una serie de una tacada, pegándose un atracón, capítulo tras capítulo, haciendo nesting, léase quedarse en casa sin salir y anidar en el sofá frente al televisor, todo un noble arte en el siglo XXI. Lo ha dicho, o más bien lo ha pedido con convicción en sus redes sociales, el mismísimo Neil Gaiman, reputado guionista de los cómics en los cuales se basa esta nueva apuesta de Netflix que está contentando a crítica y público, superando las expectativas.

No era fácil trasladar las viñetas de esta historieta de culto a imagen real. Ya hubo algún anterior proyecto que fracasó en su intento. Dicen que el mismísimo Michael Jackson quiso interpretar a Morfeo en un filme que nunca llegó a rodarse. El Rey del Sueño es el atractivo personaje, interpretado con carisma y excentricidad por un delgadísimo Tom Sturridge ('La corona vacía'), en torno al cual giran los diversos pasajes que entrecruzan mitos de ayer y hoy, con una imaginería fantástica desbordante y un arrebatador lado siniestro. Entre la luz y la oscuridad se mueven los peculiares roles que conforman un relato coral rico en matices, sombrío en su estética. Rodeados de simbolismos, se relacionan moviéndose entre el bien y el mal según les convenga. Entre el mundo de los sueños y el de los despiertos transcurre la acción, con giros y sorpresas. Ojo a la vigilia.

Implicado en la producción

Gaiman, a diferencia de su colega de profesión Alan Moore, otro juntaletras muy aplaudido en el noveno arte, se ha implicado en la producción del salto de su criatura del papel a la pantalla. Se nota su mano, porque el resultado final se acerca mucho al espíritu de los tebeos, mantiene la compostura y respeta su esencia, a diferencia de otras propuestas con similar punto de partida. Sin embargo, a pesar de haber llegado a buen puerto y estar siendo la comidilla en diversos círculos seriéfilos, cosechando más piropos que exabruptos, se rumorea que los números no son los suficientes para Netflix, empañando el éxito.

Peligra la renovación de una segunda temporada porque los tiempos cambian continuamente y ahora no basta con ser lo más visto en la lista de lo mejor del momento. Son sumamente importantes las horas de visualización y que la audiencia se vea la sesión sin respiro: los diez episodios uno detrás de otro, lo antes posible, sin apenas descanso. Penaliza que el personal pare en mitad de una entrega o que deje aparcada la historia varios días, como si no hubiera nada más que hacer en la vida. De ahí que el reconocido escritor, del que ya hemos podido ver otras series en live action, como 'American Gods' o 'Good Omens' -nos quedamos con la segunda-, haya aprovechado su indudable capacidad de convocatoria para invitar a sus acólitos a que extiendan la palabra y recomienden sin descanso, a los cuatro vientos, el visionado de 'The Sandman' de manera continuada. Hay quien ha pedido en su perfil de Twitter que le demos al play y dejemos la televisión de fondo, aunque no nos interese la serie, para que compute en las cifras globales y no se cancele.

Sueños y pesadillas

Netflix se ha quedado sola a la hora de defender el binge-watching. Estrenar una temporada completa ya no se lleva. Está funcionando el estreno a capítulo por semana, con periodicidad, como antaño en la tele lineal, porque genera más público fiel a la larga: alimenta más el fenómeno fan, no se queda en una fiebre fugaz, da de qué hablar y se ve con más tranquilidad, dando pie a un buen reposo. 'The Sandman', el cómic creado por Neil Gaiman, Mike Dringenberg y Sam Kieth para la línea Vertigo de DC Comics, ha abierto la caja de pandora, planteando un nuevo estado de las cosas que invita a reflexionar sobre la burbuja de la revolución del streaming. Centrándonos en la serie, el cambio de la raza y el sexo de algunos personajes también ha sembrado cierta discordia entre los internautas. Atendiendo a que el cómic va por un lado y la serie por otro, hay algunas mutaciones en pos de la diversidad que resultan interesantes hallazgos. Sin ir más lejos, Johanna Costantine da mucho juego. El casting está muy cuidado, en general, y las interpretaciones calan en el espectador, una característica esencial para que éste se enganche sin remisión. Hay un parón en el interés por la ficción a mitad de su desarrollo, uno de los escollos que pueden derivar en el abandono del visionado. Afortunadamente, remonta poco después, pero diez entregas son muchas y la irregularidad hace acto de presencia irremediablemente.

'The Sandman' puede consumirse sin conocer el cómic de partida que marcó a varias generaciones, desde la primera publicación de la entrega inicial de la saga en 1989 (el movimiento gótico le debe bastante). Como erudito en la materia, puede disfrutarse más, o todo lo contrario, puede significar un hándicap: las comparaciones son odiosas (e inevitables). Hay abundantes efectos visuales que dan el pego y una ambientación trabajada cuyo único lastre es entrar en el ya famoso y recurrente look de Netflix. Parece que una de las mayores preocupaciones de la popular plataforma sea que todas sus series originales parezcan iguales, que ocurran en un mismo universo, no siempre funcionando igual. Hay referencias pictóricas y algunas estéticas reforzadas respecto al cómic, dulcificadas para facilitar la digestión al público profano. No es una producción modesta, más bien todo lo contrario, una de las alarmas que suenan, sin duda, a la hora de renovar por otra temporada. Ojalá sea así para que se acaben las pesadillas del inefable Gaiman.