Imagen del sexto episodio. / RC

Crítica del capítulo final de 'Obi-Wan Kenobi' (1x06): apocalipsis emocional

La última serie basada en la imaginería de George Lucas cierra su primera temporada sin contentar a casi nadie. Llegar al sexto capítulo ha sido un esfuerzo no recompensado, a pesar de la notable entrega del reparto y el emotivo final artificial.

Borja Crespo
BORJA CRESPO

Los rumores apuntaban a que el último capítulo de esta torpe primera temporada de la esperada 'Obi-Wan Kenobi' iba a durar hora y media, como una película a la vieja usanza. Tenía su lógica, barajando la posibilidad de que el episodio final, con un mayor metraje, podía arreglar el desaguisado de cinco anteriores entregas decepcionantes. Afortunadamente, hay que decirlo así, su minutaje cumple con la media y, a pesar de anunciar un espectáculo «lleno de acción», reconfirma la escasez de ideas, el continuismo perezoso y una dirección errática -aquí hay unanimidad- que solo ha podido contentar a una legión de despistados, léase un número nada desdeñable de espectadores excesivamente acomodados en la nostalgia que no cuestionan nada, como si formasen parte de una secta (el taquillazo de ' Top Gun: Maverick' y ' Jurassic World: Dominion' subrayan está trágica tendencia). A su vez, queda patente en el marco de la oferta en streaming que el hecho de que una producción arrase en visualizaciones no quiere decir que cuente con una calidad remarcable. Con el añadido de que las rumorologías que se extienden en internet por obra y gracia del fandom hay que cotejarlas, cogerlas con pinzas e ignorarlas en un alto tanto por ciento.

En esta sexta entrega, la más completa, con una astuta conclusión -al arco argumental se resuelve sin que realmente se resuelva nada-, venimos de perder personajes nuevos de interés, como el rol de guerrera rebelde defendido por Tala Durith, con una muerte ausente de épica. No pasa nada porque si algo hemos tenido que aceptar irremediablemente ante la dispar acogida de 'Obi-Wan Kenobi' es que en el otrora rico y contenido universo de 'Star Wars' existe una amnesia evidente, práctica y resolutiva, que permite tirar del comodín del deus ex machina cuando convenga para que avance la acción, lo que supone, entre otras maniobras orquestales frente al guión, hacer lo que se nos antoje con los personajes, resucitarlos cuando haga falta o convertirlos en otra cosa al servicio de una trama atropellada.

Imagen del episodio 6. / RC

El rol de Reva, la Tercera Hermana, el más interesante del comienzo de la temporada, se perfila a trompicones. No hay excusas en el discutible vaivén evolutivo de su carácter, esas supuestas semillas sembradas a lo largo de cinco capítulos soporíferos cuyo motor prácticamente único ha sido el duelo entre Lord Vader y el bueno de Ben, el aprendiz aventajado y el maestro apesadumbrado, ambos sumidos en una espiral sin sentido de toma y daca que remite involuntariamente a Tom y Jerry (lo de matar y rematar al enemigo carece de lógica aquí, para dejar siempre puertas abiertas a la… ¿sorpresa?). Un enfrentamiento estirado al máximo que sabemos que no acabará con uno de los dos muerto, tal y como sigue la saga cronológicamente, con lo cual la tensión es mínima y el espectáculo de lucha de sables láser lo es prácticamente todo. Visualmente, han soltado la traca final en este capítulo de cierre de sesión. Es decir, prenden los fuegos artificiales y ofrecen al respetable una sucesión de escenas de acción que, de nuevo, carecen de originalidad alguna y no están narradas con el pulso adecuado. Entretenimiento, haberlo haylo. El nivel de disfrute como audiencia se mide según las exigencias de cada cual, si las hubiera. Correr unos detrás de otros, la persecución como fuente de inspiración, es el quid de la cuestión. Nada que objetar al emotivo The End, donde los acordes de John Williams siguen poniendo la piel de gallina.

La interpretación de Ewan McGregor, con algún momento mesiánico en este tramo final, queda como lo más destacable de una temporada anodina cuyo guión parece haber sido escrito por una Inteligencia Artificial, a tope de algoritmos como si fueran esteroides. No cabe en la cabeza que no se tenga en cuenta, en una obra icónica de estas características, la búsqueda de una dirección más personal y contundente tras las cámaras. En resumen, algo de valentía. No han tomado nota de las series de animación y se lo han jugado todo en el clímax al cruce de espadas, Tatoonie, Luke y Leia (menos mal que no se cruzan en el camino, aunque siempre se puede echar mano de la amnesia espacio-temporal propia de 'Star Wars'). Una apuesta segura, agitando la memoria emocional del espectador entregado a la causa. Visto lo visto, alguna cabeza debería rodar en los estudios Disney. Apelar a los sentimientos de la infancia del gran público para cumplir con la papeleta no parece tener fin, hasta que lo tenga. Lo que viene a ser estirar el chicle hasta el paroxismo.