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Chris Hemsworth es Thor.

Crítica de 'Thor: Love and Thunder': simpleza efectista

La cuarta entrega del dios del trueno recupera a Natalie Portman en una aventura tan predecible como disfrutona en la que brilla un espectacular Christian Bale

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

«Un poco lo de siempre, o sea bien, pero sin más», digo a todo el que me pregunta acerca de 'Thor: Love and Thunder', que este viernes llega a las salas de cine. Había interés por ver la cuarta entrega del dios del trueno al que con tanto gracejo interpreta el simpático Chris Hemsworth. Interés porque la cinta suponía el regreso a la franquicia de Natalie Portman, alejada del universo Marvel desde que en 2013 dio vida por última vez a Jane Foster en 'Thor: el mundo oscuro'. La actriz de 'Cisne negro' no apareció en 'Thor: Ragnarok', algo que ella achacó en su día a que la tercera parte de la saga no se desarrollaba en la Tierra, pero no fue la única razón.

Explicó 'The Hollywood Reporter' en un artículo que publicó en 2011 que Portman, que quería tomarse un descanso porque acababa de dar a luz a su hijo, aceptó formar parte del reparto de 'Thor: el mundo oscuro' porque iba a dirigirla Patty Jenkins. La cineasta se iba a convertir así en una de las primeras mujeres en firmar una película de superhéroes con más de cien millones de dólares de presupuesto, algo que finalmente logró unos años más tarde con 'Wonder Woman'. Cuando a los pocos meses, Jenkins salió del proyecto -se dijo que había sido despedida, aunque la versión oficial es que ella y Marvel llegaron a un acuerdo amistoso y rompieron sus contratos por diferencias creativas-, a Portman el cambio de Jenkins por Alan Taylor no le sentó nada bien.

Unas pocas líneas de guion en 'Thor: Ragnarok' bastaban para explicar que Foster y Thor ya no eran pareja, pero el personaje de Portman no había dicho su última palabra. De su resurrección se ha encargado Taika Waititi, que ya dio un lavado de cara al dios del trueno en 'Thor: Ragnarok' y que para esta cuarta entrega imaginó una Jane Foster en otras coordenadas, convertida en Mighty Thor, una superheroína capaz de blandir el poderoso martillo de Thor y que goza de poderes muy similares. La verdad es que es un acierto y una de las novedades más interesantes de una película simplona pero efectista, que se aleja de la epicidad de propuestas similares.

Y eso que el punto de partida huele a todo lo contrario. Tras una espectacular sequía, la hija de Goor, el Dios Carnicero, muere. Deambulando por el desierto se topa con el Dios Ra, a quien su hija y el llevaban años rezando a la búsqueda de agua y lluvias, pero éste se ríe de sus lloriqueos. Sorprendentemente, Goor consigue matarlo con una espada maldita y a partir de ahí comienza un viaje para destruir a todos los dioses del universo. Los problemas para el villano, al que da vida un estupendo y en ocasiones aterrador Christian Bale -su maquillaje, lleno de cicatrices y tatuajes, resulta espectacular-, comienzan cuando acude a Nueva Asgard y acaba secuestrando a los niños de la localidad pesquera. Thor se verá obligado a reclutar a Valquiria (Tessa Thompson), Korg (el propio Waititi) y Jane Foster (Portman) para tratar de parar al villano.

Tres fotogramas de 'Thor: Love and Thunder'.

Con el humor marca de la casa, entre tonto, cínico e inteligente, la ficción resulta un entretenido divertimento que, sin embargo, no acaba de despuntar en casi ningún momento. De poco sirve que la plana mayor de 'Guardianes de la galaxia' tenga algo más que un cameo al inicio del largometraje, aunque sí marca un poco el tono de la cinta -no como el prólogo inicial, del que ya hemos hablado-, con los colores vibrantes y la música de los Gun's & Roses a todo trapo. Tampoco el primer encuentro entre Foster y Thor resulta todo lo emocionante que debería ser, si bien Waititi logra a base de flashbacks que dotan de contexto a la ruptura y secuencias más dramáticas dotar de humanidad y profundidad a una relación que en alguna ocasión llegó a parecer forzada e irreal.

En cambio, otros elementos resultan verdaderamente divertidos como la relación de celos que se establece entre el hacha de Thor y su antiguo martillo, Mjolnir, o el simpático congreso de dioses donde Russell Crowe arranca algunas de las carcajadas más sonoras del filme. Pero aunque Waititi corre algunos riesgos -poner parte del metraje en blanco y negro es quizá lo más sorprendente- y plantea sus buenas secuencias de acción, el resultado no acaba de impactar como debería pese a tratar temas tan eternos como el drama de la mortalidad del ser humano o el amor.

Vídeo. El tráiler de la película.