Héctor García y Fabiana Medina en 'Salvador'.

El sastre y la ascensorista en la convulsa Bogotá de 1985

'Salvador' dibuja una preciosa y sutil historia de amor hasta que decide apostar por el acontecimiento político con mayúsculas

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Habría que remontarse a una obra maestra, 'El apartamento', para encontrar una historia de amor entre una ascensorista y uno de sus pasajeros. Tan solitario como el oficinista que encarnaba Jack Lemmon en el clásico de Billy Wilder es el protagonista de 'Salvador', que toma su título del nombre de este sastre lacónico y metódico, cuya férrea rutina salta por los aires con la llegada de una simpática y bailonga ascensorista al edificio en el que trabaja.

Vídeo. Tráiler de 'Salvador'.

Estamos en la convulsa Bogotá de 1985, con los paramilitares y los narcos instaurando una década de terror en el país. La inseguridad en las calles y las desapariciones son el pan de cada día. El 6 de noviembre de 1985, Colombia vive 27 horas de terror con la delirante toma del Palacio de Justicia por parte del grupo terrorista M-19, con el fin de someter al gobierno de Belisario Betancur a un juicio revolucionario.

La ópera prima del director César Heredia plantea dos historias que no terminan de casar bien entre ellas: el enredo intimista entre los dos protagonistas y la crónica histórica de un país. «Mi intención es abordar y relacionar lo histórico y lo personal desde lo íntimo, desde una historia de amor, que poco a poco se ve entrelazada con los eventos sociales e históricos», argumenta el director. «Uso la memoria como eje de reflexión, tanto de los miedos personales (los que yo he vivido), como los de una sociedad que, como a mí, le cuesta curar; y por eso, le es más sencillo la huida, los prejuicios, la violencia y el olvido».

Un primo desaparecido del protagonista rompe el tono de la hasta entonces deliciosa historia de amor torpe y sutil, para adentrarnos en el acontecimiento político con mayúsculas. Es como si una película diera paso a otra, más pretenciosa que la que hasta entonces han bordado dos actores estupendos, Héctor García y Fabiana Medina. La soberbia reconstrucción de la época va acompañada de una nostálgica banda sonora a base de boleros.