Germán Alcarazu y Maribel Verdú, en la presentación de la película. / Ballesteros / Efe

Maribel Verdú: «Si trabajara para el espectador, estaría todo el día haciendo películas de Disney»

Regresa este viernes a la gran pantalla con 'El doble más quince', un largometraje que narra la peculiar relación entre un adolescente y una mujer que se acerca a los cincuenta

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

Esa certeza de que las mujeres de más de cuarenta años son invisibles para la industria cinematográfica no se cumple en el caso de Maribel Verdú (Madrid, 1970). «Soy una privilegiada, porque somos cuatro las que seguimos teniendo papeles protagonistas. No hay visibilidad para este tipo de personajes», reconoce una actriz que atesora ya dos Goyas. Verdú regresa este viernes a la gran pantalla con 'El doble más quince' ( Mikel Rueda), una película que narra la peculiar relación entre Eric (Germán Alcarazu), un adolescente, y Ana, una mujer a punto de cumplir los cincuenta, que está pasando por un bache en su matrimonio. Cercana y divertida, la actriz se disculpa por dar un bocado durante la entrevista: «Perdona, es que no podía más».

-¿Qué le atrapó del proyecto?

-Me encantó participar en 'Caminan' (2016), el cortometraje que inspira esta historia. Cuando conocí a Mikel Rueda, su director, nos hicimos amigos y hemos estado en contacto desde entonces. Ya al terminar el cortometraje me dijo que le gustaría desarrollar esta historia. Cuando me ofreció la película fui de cabeza. Pero es que Mikel se ha convertido en alguien de mi núcleo duro, de mi vida. Es un ser de luz y maravilloso. Soy una loca de esta película, me encanta.

-¿Qué es lo que le gusta tanto?

-Ese ambiente de silencios. Para nosotros, en el cine, eso de 'tómate tu tiempo' no existe. Es más un 'yo respondo', 'tu respondes'. Y la vida no es así. A veces miras por la ventana, piensas, comes, hablas... A mí me interesa mucho el cine de personajes, el cine costumbrista, que te puedas identificar con lo que hace la gente, y que puedas llegar a vivirlo o que conozcas a alguien que lo ha vivido, ¿sabes? Yo no soy de 'La guerra de las galaxias', soy de otro tipo de cine.

-En esa relación entre Eric y Ana hay amistad, aprendizaje, pero también seducción. ¿Le preocupa la respuesta del público?

-Nunca. Jamás he trabajado para el espectador, porque de ser así no hubiera hecho ni la mitad de las películas que he hecho. Estaría todo el día haciendo filmes de Disney, porque anda que tenemos una mentalidad cojonuda. La sociedad te dicta cosas pero luego la gente tiene unas vidas oscuras por ahí...

-¿Hubiera sido posible la misma historia cambiando el género de los protagonistas?

-¿'Lolita' ahora? No. Eso sería imposible con la corrección política del momento. Es un tema escabroso. Da igual que digas que son películas que te invitan a reflexionar, a pensar, que hacen que aprendas... Hay que pensar que hay una cosa que se llama ficción y que existe en el cine y en la literatura y que te permite ver y vivir otros mundos. Si no, no podrías hacer películas de guerra, porque son de violencia y terribles, o una película de asesinos en serie. Pero es que todo esto existe y ¿por qué no se lo vas a enseñar a la gente? ¿Ahora no se pueden hacer películas de señores que violan a niñas? Pues si existe, por qué no se va a poder hacer. El cine es un reflejo de la sociedad.

-¿Cree que ahora los creadores se censuran más?

-Quizá se autocensuran porque saben que si no, no van a comer. Para mí los productores son los verdaderos héroes, esos que producen películas como 'Lo que arde', que se salen absolutamente de lo convencional y del 'mainstream'. Son los que todavía arriesgan.

-Da vida a una mujer cansada de su rutina. ¿El éxito de una pareja lleva a la monotonía o se puede evitar?

-Creo que el 90% de las parejas que lleva tantos años es así. Yo te juro que igual que de pequeña, que quería ser como Pippi Calzaslargas, una mujer libre, salirme de lo convencional y de la vida que te impone la sociedad, tampoco quería casarme ni tener hijos. He cumplido con todos mis propósitos. El 8 de marzo hago 21 años con mi pareja y si ha habido un atisbo de convertirnos en una pareja típica, tanto él como yo lo hemos roto inmediatamente. Me niego a eso porque entonces hago mi vida y estoy con unos y con otros... Es un curro, pero yo estoy con mi chico y nos miramos y hay complicidad y eso de pasar al lado de uno y como si no existiera, pues no. Si pasas a mi lado, me das un cachete (se levanta y hace el gesto) y me das un beso aquí y yo igual. Es un trabajo que a veces se olvida. En la vida son tantos los problemas y te comes tanta mierda que te juro que eso que he cultivado una relación que sea de película siempre que se pueda, que me llene de ilusión y que me haga sonreír por las mañanas, que sea lo que hace que tenga este carácter porque si estoy bien y estoy feliz, eso se transmite y se traslada.

–Tantos años de oficio, ¿merman la capacidad de sorpresa?

–No, tío, conmigo no. Yo necesito cada día irme a la cama habiendo aprendido algo nuevo. Ayer conocí una palabra, 'trapero'. No sabía lo que era. Necesito que me pasen cosas y saber cosas nuevas. Soy una tía muy normal culturalmente, pero no soy ninguna pasota, ni ninguna inane. Me gusta beber de todo y aprender de todo, sin obsesionarme.