Vicente Romero y el niño Miguel Rivera en 'Érase una vez en Euskadi'.

Maquetos en la Euskadi de ETA, las drogas y el sida

El director Manu Gómez echa mano de sus recuerdos de hijo de inmigrantes en el Mondragón de los 80 en 'Érase una vez en Euskadi', que se presenta en el Zinemaldia y llegará a los cines en octubre

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Manu Gómez (Arrasate, 1973) recuerda que, de niño, todos los viernes había manifestación. Tras las carreras y después de que los bomberos apagaran las barricadas y los contenedores quemados, él y sus amigos recogían las pelotas de goma. «Eran juguetes gratis, nuestros galones a los 12 años», apunta. «Y la mejor metáfora que sirvió de punto de partida para escribir el guion de 'Érase una vez en Euskadi'». Con esa escena de las pelotas y al ritmo de 'What a Wonderful World' en versión de Joey Ramone arranca una película en la que, aunque nunca se diga el nombre del pueblo, recobra vida aquel Mondragón de 1985. El filme se presentará el 22 de septiembre en la gala de RTVE del Festival de San Sebastián y llegará a los cines el 29 de octubre.

Vídeo. Tráiler de 'Érase una vez en Euskadi'.

Ayudante de dirección en más de una veintena de películas y solicitado realizador de series, Gómez debuta en el largo con la historia de cuatro chavales que pasan el lluvioso verano en una de esas localidades guipuzcoanas fruto del desarrollismo, encajonadas entre montañas, con los talleres y las industrias al borde del río. Solo hay verde en las escenas de ciclismo. 'Érase una vez en Euskadi' barajó también titularse 'Maquetos', pues las familias protagonistas han venido de fuera a buscarse la vida. También se le dio vueltas a 'Once upon a time in Euskadi', como homenaje al clásico de Sergio Leone, otra crónica sobre la violencia. «Yo soy hijo de inmigrantes granadinos y nieto de aquellos que perdieron la Guerra Civil», observa el director. «Llevo ya veinte años años en Madrid porque aquí me trajo el trabajo, pero espero que la vida sea circular y regresar a Euskadi. De momento, mi proyecto más cercano es irme a vivir al campo».

Gómez fue también un ciclista frustrado, como uno de los pequeños protagonistas, con un póster de Perico Delgado en la habitación. Conoció de cerca los estragos del sida y la droga. Soñó con tener un vídeo Beta y pagó con sus amigos a un adulto para que les alquilara una peli porno en el videoclub. Y escuchó diálogos así: «¿Tu hermano quiere ser de la ETA? ¡Si es maqueto, si os apellidáis Romero Cabezas!». Inmersos en el revival nostálgico de los 80, su película descubre que aquellos años no fueron tan bonitos ni tan fáciles como los recordamos. «Contar esta película ha necesitado muchísima distancia para poder regresar a aquellas calles», asiente el director. «Hay mucho de mis amigos en los personajes. Cuando tienes doce años, hay una necesidad imperiosa dentro de ti de ser feliz, no queda otra. Después, cuando creces y miras hacia atrás descubres que viviste cerca de unas vidas duras».

'Érase una vez en Euskadi' muestra que en, aquellos años tan politizados, la principal preocupación de la gente de a pie era llegar a fin de mes y no la liberación de Euskadi. «Mis padres, como tantos otros, fueron adonde había trabajo, a Euskadi y Cataluña. Tener un Mortadelo y Filemón al mes era una cosa maravillosa, algo que hoy los chavales no pueden entender. No sé, creo que entonces valorábamos más lo que teníamos», reflexiona Manu Gómez, que se trajo de Madrid a los cuatro chavales protagonistas, Asier Flores, Aitor Calderón, Miguel Rivera y Hugo García, para «maquetizarlos». «Lo bueno que tienen los niños actores es que están jugando todo el rato», explica. «Cuando te metes en tus reglas, dirigirlos es más fácil».

Yon González y Arón Piper en 'Érase una vez en Euskadi'.

El director ha contado con actores consagrados como Luis Callejo, Marian Álvarez, Vicente Romero, Yon González, Ruth Díaz y Josean Bengoetxea en esta crónica que alterna el drama y la comedia y en la que suenan La Polla Records, Fito Cabrales y Los Enemigos. 'Érase una vez en Euskadi' contiene jugosos apuntes a costa de la integración de los emigrantes en aquellos años, como el personaje de Vicente Romero, un andaluz emperrado en llevar txapela y escuchar la radio en euskera aunque no entienda ni papa. «Fue un personaje común en mi entorno, gente que venía de una doble inmigración y que primero se fue a Alemania y después llegó a Euskadi», cuenta el realizador. También se muestra cómo la izquierda abertzale siempre se ha apropiado de los presos, de los muertos y de la memoria, con esa familia que llora sola a su hijo en el funeral en el ayuntamiento. «Entrar en ese mundo era una forma inmediata de integrarse y de tener un estatus en el pueblo. Yo lo he visto», certifica el director.

En 'Érase una vez en Euskadi' suena el 'Un, dos, tres…' de fondo y se mete el dedo en el bote de Nocilla, pero se ha intentado a toda costa huir del efecto 'Cuéntame'. «He tratado de ser honesto con mis recuerdos y construir la historia desde aquella verdad que viví, sin maniqueísmos. Pese a todo, yo tuve una infancia muy feliz. Y reconozco que soy partidario de que cualquier tiempo pasado fue mejor, vivo muchísimo en la nostalgia y me alimento de ella. Escribir y rodar esta película me ha permitido dar vida a aquellos recuerdos». Manu Gómez confía en que Festival de San Sebastián sea el trampolín de su ópera prima, una de las poquísimas cintas sobre la inmigración en Euskadi: «No tengo ninguna pretensión más allá de entretener y emocionar», concluye.