El director Manuel Martín Cuenca en el 'Festival de San Sebastián'.

Manuel Martín Cuenca: «El mal proviene de la gente común»

Javier Gutiérrez y Patricia López Arnáiz protagonizan 'La hija', un tenso thriller sobre una pareja que no puede tener hijos y acuerda con una chica embarazada quedarse con su bebé

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI San Sebastián

Manuel Martín Cuenca (El Ejido, Almería, 1964) otorga nuevos significados a la gestación subrogada en 'La hija', la durísima historia de una pareja que acoge en su casa perdida en la sierra de Jaén a una chica embarazada de un centro de menores para que dé a luz y quedarse así con el bebé. Javier Gutiérrez, Patricia López Arnáiz y la debutante Irene Virgüez Filippidis protagonizan este tenso thriller del autor de 'Caníbal' abocado a la violencia, que participa en la sección oficial de San Sebastián fuera de concurso.

-Al principio no sabemos si esta pareja protagonista es buena gente o no.

-Su plan es lógico y civilizado, lo que no quiere decir que no sea atroz. El Holocausto fue tremendamente racional, los nazis trataban de aplicar humanamente el exterminio. En mis películas me interesa explorar el personaje común, como tú y como yo, que no es un psicópata de entrada, que legitimado por su dolor y con toda la buena intención acaba traspasando la línea sin darse cuenta. Esta película es un conflicto de buenos contra buenos. En esa idea que parece tan lógica de que la pareja se haga cargo del bebé hay algo que rechina, es un pacto de cristal, todo es muy frágil. La vida está llena de incertidumbres, no está gobernada por la razón. Tus fines pueden ser nobles, pero los medios que utilices para conseguirlos pueden hacer que acaben siendo innobles. Yo siempre he pensado que el mal proviene de la gente común. Declaramos guerras pensando en hacer algo bueno.

Vídeo. Tráiler de 'La hija'.

-El deseo de tener un hijo puede escapar a cualquier forma de raciocinio.

-Yo lo he vivido muy de cerca. La reproducción tiene que ver con la vida, es el superpoder de la mujer, algo animal. Unos no pueden tener hijos, otros deciden no tenerlos, otros los tienen y no se plantean ni por qué… Esta pareja que no puede tenerlos o ha perdido uno, no está claro, se siente legitimada desde esa injusticia a desafiar a la naturaleza.

-¿Usted tiene hijos?

-No, pero he querido tenerlos. Pero no he llegado a intentar matar a nadie, ¿eh?…

Javier Gutiérrez, Irene Virgüez Filippidis y Patricia López Arnáiz en San Sebastián.

Un pacto lógico y atroz

OSKAR BELATEGUI

Una espectacular y solitaria casa de piedra al pie de los abismos de la Sierra de Segura, en Jaén, es casi el único escenario de 'La hija', un desasosegante drama psicológico que muta en ejercicio de suspense de la mano firme de Manuel Martín Cuenca. El director de 'Caníbal' aprovecha la bonhomía de Javier Gutiérrez, empleado en un centro de menores, para plantearnos un pacto que hasta parece perfectamente lógico. Gutiérrez y su mujer, encarnada por Patricia López Arnáiz, acogerán en su recóndito hogar a una joven de 14 años interna en el centro, que está embarazada de tres meses. Pactarán quedarse con el bebé que la chica no quiere después de llevar años queriendo tener hijos. La cosa, claro está, no saldrá como esperaban.

El espectador barrunta que 'La hija' va a acabar mal, pero no puede sospechar el nivel de violencia que alcanzará su desenlace. Lo que parece un drama sobre la gestación subrogada penetra en los territorios de Chabrol y Polanski con la ayuda de un policía enfermo de cáncer, que investiga la presunta desaparición de la joven, que no se conformará con el rol de víctima. No todo funciona a la perfección en 'La hija', que llegará los cines el 26 de noviembre, como la actitud del personaje de López Arnáiz, incomprensiblemente agria. Sin embargo, Martín Cuenca demuestra su sapiencia a la hora de utilizar la geografía para encerrar a los personajes y plasma la violencia con una contundencia y efectividad raras veces vista en el cine español.

-Juzgamos a esa chica de un centro de menores que después nos dará la sorpresa.

-Claro. Hay un crecimiento personal. La niña está manipulada, es carne de cañón, moldeada por el paternalismo y la condescendencia de los adultos. Los padres son muy paternalistas, la gente joven está sobreprotegida y al mismo tiempo se la regaña. Hay una superioridad moral del adulto sobre los jóvenes, como la persecución que ha habido durante la pandemia llamándolos irresponsables por divertirse; los de los demás, no nuestros hijos. La adolescente protagonista tiene que convertirse en mujer o perecer.

-Ambienta la historia en una casa aislada en la naturaleza, que no es tan idílica como hemos pensado en esta pandemia en la que todos queríamos irnos a vivir al campo.

-Para nada, nunca lo es. La naturaleza es amenazante, tienes que adaptarte a ella. Yo llamaba a la casa de la película el 'transformer', se va convirtiendo en una cárcel de piedra según avanzan las estaciones. El paisaje es una manera de contar lo que le pasa a los personajes.

Javier Gutiérrez y Patricia López Arnáiz en 'La hija'.

-¿Qué encuentra en Javier Gutiérrez, con el que también trabajó en 'El autor'?

-Es un grandísimo actor. Quería a alguien que transmitiera ser buena gente, y Javier es el López Vázquez de la época actual, un hombre común que te puede caer bien. Necesitaba a un actor que transmitiera bondad innata para luego revolverse.

«Hay una superioridad moral del adulto sobre los jóvenes, como la persecución que ha habido durante la pandemia llamándolos irresponsables por divertirse»

«Yo cada vez veo menos películas y series de plataformas, porque siento que no me dejan huella»

-¿Cómo contempla este nuevo panorama audiovisual con las plataformas como gran motor?

-Prefiero no pensarlo mucho para no ponerme triste. La financiación de las plataformas es positiva, han venido para quedarse. Está bien que puedas ver películas en todo tipo de plataformas, desde Filmin a Netflix. Se han convertido en la nueva televisión y están repitiendo los esquemas para llegar a más público.

-Existe un tipo de película de plataforma.

Sí, de película y de serie. Eso empobrece el panorama cinematográfico. Están adquiriendo mucho poder frente a las salas y eso me hace ser pesimista. El cine, más allá de que la pantalla y el sonido esté bien, cosa que por desgracia no ocurre en la mayoría de salas, tiene un acto ritual, físico, que es asistir. Y eso te deja una huella. No es lo mismo ir al cine y ver una película, aunque no te guste, a estar sentado en el sofá de casa con el mínimo esfuerzo, dejándola de ver si no te gusta. Ahí no hay huella. Ver una película en un ordenador tiene muchas menos posibilidades de que te conmueva. Yo cada vez veo menos películas y series de plataformas. Las he visto, pero me han cansado, porque siento que no me dejan huella. Me parece preocupante que el espectador abandone las salas, yo no pienso hacerlo. Mientras haya una abierta seguiré yendo.

-Todas sus películas se han visto en esos cines en versión original ahora en crisis.

-Yo siempre me he sentido en los márgenes de la industria. No soy un cineasta experimental, ni demasiado radical ni comercial. Iré película a película, uno hace el cine que puede, el que le sale y le dejan.