Leo Harlem es Makey, un policía buenazo de Carabanchel que acaba envuelto en una trama de narcotráfico en la Costa del Sol.

Leo Harlem: «Los chistes sobre la pandemia llegarán cuando descubran la vacuna»

El popular monologuista intentará volver a llenar los cines con 'Superagente Makey': «No me va el humor que pone tenso al espectador»

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Leonardo González Feliz (Matarrosa del Sil, León, 1962) llevó a más de un millón de personas al cine con 'El mejor verano de mi vida', la comedia sorpresa de hace dos años. Así que ahora repite en la piel de un policía buenazo metido en una trama de narcotráfico en 'Superagente Makey'. Leo Harlem trabajó como camarero y panadero antes de erigirse en el monologuista de la España de 'cuñaos'. Por eso dice que cae bien: «Soy como el 'cuñao' majo».

-¿Cómo ha llevado el confinamiento?

-Sinceramente, muy bien. No ha tenido problemas de salud en mi familia ni en gente del entorno, eso ha ayudado mucho. He estado muy tranquilo en casa cumpliendo todas las normas, bajaba un día a la semana al supermercado. He leído mucho y he visto un montón de películas. Hasta he adelgazado un poco…

-Para los que se ganan la vida actuando ante un público la situación es complicada.

-Sí. Los teatros sufren mucho, espero que se reactiven poco a poco. Y que la película ayude, porque los cines abren con todas las garantías y están preparadísimos. Tenemos que volver a lo natural.

-Actuó por primera vez con público después de muchos meses el pasado sábado en el auditorio de Pozuelo de Alarcón. ¿Qué sintió al salir al escenario?

-Fue raro. Los 800 espectadores al aire libre iban con mascarilla, cuando se reían no llegaba la carcajada igual. La ovación final fue grande, eso sí, porque se lo pasaron muy bien. Fue bonito volver a coger el pulso a la gente y comprobar que seguían disfrutando. Después de la función algunos vinieron a darme las gracias, porque en estos tiempos tan tremendos se agradece mucho el humor.

-'Superagente Makey' tiene el difícil reto de hacer que la gente vuelva a las salas.

-Somos el segundo o tercer estreno postpandemia, solo cabe esperar la respuesta de la gente, que espero que se anime. Hay que tirar para adelante. Es una película muy familiar, para ir con los hijos y los parientes en un día especial. Sales contento y por hora y media te quitas de encima el muerto que llevamos encima.

-Makey se quedó anclado en los 80. ¿Es alguien que se le hace cercano?

-Sí, porque es un personaje muy normal. Una buena persona que tiene su rollo tierno y que valora su profesionalidad. Eso sí, le cuesta más ser buen padre. Es majo, sencillo, natural, por eso se me hace cercano. Se quedó en los 80 como podía haber quedado en otra época. Yo también me siento un poco desplazado en lo tecnológico.

-Es feliz en su barrio.

-A mí también me gusta la vida de barrio. Es importante cuidar los entornos próximos, tu tendero, tu gente. Es algo que estamos perdiendo y da calidad de vida, como se ha demostrado en estos meses, en los que hemos puesto cara a los vecinos. Hemos visto episodios de solidaridad preciosos: jóvenes que ayudan a los mayores a hacer la compra… Vida de proximidad, que es con lo que nos hemos criado.

-¿Humor blanco le parece una definición despectiva?

-En absoluto. El humor blanco intenta agradar al mayor número de gente posible. Una forma tan leal y honesta como cualquier otra forma de humor. Cada uno tiene su estilo, no es lo mismo un cantautor que un grupo de trash metal. Cada uno busca sus medios, y en el humor es legítimo hacerlo. Yo solo quiero que la gente se relaje y pase un buen rato. No me va el humor en el que el espectador está tenso porque espera que se metan con él.

-Makey es un buenazo, en las antípodas de otro policía cañí, Torrente. ¿Su humor políticamente incorrecto tendría cabida hoy?

-Bueno, Torrente no era policía, sino detective, se salió del Cuerpo. Yo lo he hablado mucho con Santiago Segura. Hoy es muy complicado hacer eso, la sociedad nos hemos vuelto por un lado muy 'open mind', con una mentalidad muy abierta para muchas cosas, pero para otras nos hemos cerrado. Tenemos un miedo visceral a herir a alguien. Y no se hiere de cualquier forma si tú no tienes intención. El problema es que la gente tiene que distinguir la ficción de la realidad. Muchos se creen que Santiago Segura es Torrente. «Ah, pero si eres normal», le dicen. Tienen que entender que Charlton Heston no iba vestido de Ben-Hur por la calle ni Superman vuela.

-¿Usted se ha cortado en sus monólogos?

-Dos o tres cositas de antes a lo mejor ahora hubieran chirriado. Pero nunca he tenido problemas, al contrario que algunos compañeros que hacen contenidos más fuertes. Yo no quiero estar todo el día en jaque, con acosos en Twitter y esas cosas. A los humoristas se nos ve con un tamiz muy fino y en otras cosas tragamos todo.

Leo Harlem y sus colegas del trullo, entre ellos Jordi Sánchez (con pañuelo en la cabeza).

-¿Sabe por qué usted cae bien?

-Empatizo con la gente, pero no solo por el humor, es de toda la vida. Cuando trabajaba de camarero me llevaba muy bien con los clientes y de panadero igual con los compañeros de la fábrica. Me gusta ser cordial y no buscar problemas. Empatizar y caer bien es un valor en esta sociedad en la que predomina el 'like'.

-¿Sigue teniéndole miedo a las redes sociales?

Sí, porque me gusta controlar. Las veo muy problemáticas sobre todo por los menores. Me parece excesivo que cada vez baje más la edad de enganche al móvil. En las redes sociales es muy fácil caer en el lado oscuro, exigen mucho conocimiento y saberlas gestionar.

-«He salido más noches que el camión de la basura», afirma en su perfil de Instagram. ¿Ha sido muy golfo?

-Siempre me ha gustado salir. Encima trabajé doce años camarero hasta las tres de la mañana… Después de trabajar te tomabas un par de cervecitas. Con el teatro ocurre lo mismo, sales tarde, cenas… Esa frase la tomé de un amigo mío, que no fallaba una sola noche. Salías y ahí estaba el tío, impertérrito.

-También aparece en la secuela de 'Padre no hay más que uno', de Santiago Segura. A la chita callando se va a convertir en el actor más taquillero del cine español.

-Bueno, los proyectos en los que he estado han funcionado muy bien, estoy muy contento. Poquito a poquito vamos teniendo un currículum. Lo bonito del cine es que las películas quedan, tienes el DVD en casa. Las mil funciones de teatro se quedan en nada.

-¿Se sigue considerando un recién llegado en el plató o ya es todo un actor?

-No, no. Yo soy un cómico que sigue aprendiendo, estoy con una L en la espalda. Cuando me viene un actor experimentado escucho y veo que funciona. Siempre hay que aprender.

-¿Le han contado algún chiste de la pandemia?

Comentarios: ¿qué es lo único que viene de China y dura más de dos días? Por las cosas que compras en los chinos, ya sabes, que se estropean pronto… La situación todavía es complicada, pero saldrán chistes cuando llegue la vacuna. Cuando salí a actuar el otro día dije que parecía una convención de dentistas.