'La verdadera historia de la banda de Kelly'.

Un forajido en busca de poesía

'La verdadera historia de la banda de Kelly' es un neowestern con pretensiones líricas de ritmo estomagante con un Russell Crowe cada vez más parecido a Orson Welles

Borja Crespo
BORJA CRESPO

Los códigos del western siguen atrayendo a los cineastas actuales, desde un punto de vista estético y narrativo. El director y guionista australiano Justin Kurzel, responsable de la personal versión de 'Macbeth' de 2015, protagonizada por Michael Fassbender, con el cual repitió en la olvidable adaptación cinematográfica del videojuego 'Assassin's Creed', se apunta a esta tendencia con 'La verdadera historia de la banda de Kelly', estreno que llega simultáneamente a las salas y a las plataformas de pago por visión.

Basada en la novela de Peter Carey, ganadora del Premio Booker, relata las tribulaciones de Ned Kelly, un forajido convertido en leyenda en la Australia de finales del siglo XIX. La película comienza en la infancia del futuro bandido, una suerte de Robin Hood, más cruento, que forjó su nombre pistola en mano bajo la influencia de una progenitora manipuladora que le entregó la responsabilidad de cuidar a su familia desde muy pequeño tras la muerte de su padre. El clan busca eludir la pobreza, son supervivientes, pero después de varios altercados las circunstancias les empujan a vivir fuera de la ley, con su propio sentido de la justicia, en una espiral de violencia abrumadora que tarda en llegar en la ficción.

Hasta más de la mitad del metraje la obsesión del realizador parece apuntalar las razones por las cuales el protagonista explota agresivamente con la ayuda de los suyos con el fin de rescatar a su madre de la cárcel, optando por apretar el gatillo. El argumento hasta entonces avanza con una inusitada tranquilidad, salvo la irrupción en escena de Russell Crowe, cada día más parecido a Orson Welles, en un fugaz papel crepuscular que, lejos de remitir a 'Valor de ley', se queda en anécdota.

Russell Crowe en 'La verdadera historia de la banda de Kelly'.

La banda de Kelly era despiadada. Cortaba las orejas de sus víctimas para sembrar el caos y algunos miembros se vestían de mujer para asustar a sus enemigos, con la locura como arma implacable para provocar escalofríos. El filme de Kurzel replica por momentos la fórmula de 'Macbeth', donde algunas secuencias de vibrante atmósfera destacaban sobre el conjunto, sobre todo en su conclusión. En 'La verdadera historia de la banda de Kelly' ofrece algunas imágenes fantasmagóricas que también buscan visualmente la poesía, pero no siempre están bien integradas. George MacKay, rey de la función en '1917', encarna al líder de los Kelly, aportando su porte y mirada turbia a un rol que va creciendo y coge vuelo hacia el desenlace, cuando la forma se torna lisérgica, retratando la paranoia que se apodera de los personajes.

Completa el reparto un discreto Nicholas Hoult ('Mad Max: Fury Road'), una estupenda Essie Davis ('Assassin's Creed') en el papel de madre castradora, y la emergente Thomasin Mckenzie, cuya presencia es tan breve como reveladora (una joven actriz a tener en cuenta, llamativa en títulos recientes como 'No dejes rastro', 'The King', 'Chicas perdidas' o 'Jojo Rabbit').

'La verdadera historia de la banda de Kelly' quiere ser 'Los hombres libres de Jones', pasado por el tamiz de la lírica, pero llega tarde a la hora de exhibir su tono más estimulante (la constante voz en off no ayuda). Se pierde en su deseo de estilizar cada paso en la vida de Ned Kelly, decisión que funciona con mejor resultado cuando la puesta en escena refleja la explosión de excentricidad del mítico forajido, ya en el tercer acto, y la oscuridad se apodera de lo que acontece ovbiando redundancias. No es la primera vez que este personaje real es llevado a la gran pantalla, ya lo interpretó Mick Jagger en 'Ned Kelly' (Tony Richardson, 1970). 'Ned Kelly, comienza la leyenda' (Gregor Jordan, 2003), con Orlando Bloom y el difunto Heath Ledger, es otro ejemplo. El estreno de este fin de semana pretende ser la versión más fiel a lo que realmente aconteció en la Australia de 1870.