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Fernando Franco junto a los actores Emma Suárez, Telmo Irureta y Valèria Sorolla. / AFP

Fernando Franco rompe el tabú del sexo con discapacitados

'La consagración de la primavera' aspira a la Concha de Oro y cuenta la luminosa relación entre una chica virgen y un joven con parálisis cerebral interpretado por el guipuzcoano Telmo Irureta

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI San Sebastián

José Luis Rebordinos no engañaba: la cosecha del cine español este año es para quitarse el sombrero. Tras el buen sabor de boca dejado por 'La Maternal', de Pilar Palomero', 'Girasoles silvestres', de Jaime Rosales, y 'Suro', de Mikel Gurrea, la última cinta española a concurso también ha cosechado aplausos por la delicadeza con la que Fernando Franco aborda cuestiones escabrosas. El director sevillano nunca se ha cortado a la hora de hablar de temáticas, digamos, complicadas. En 2013 debutó en San Sebastián con 'La herida', retrato de una conductora de ambulancias encarnada por Marián Álvarez que padecía trastorno límite de la personalidad o síndrome 'borderline'. Cuatro años más tarde narró en la devastadora 'Morir' la descomposición de una pareja cuando la enfermedad hace su aparición.

Vídeo. Tráiler de 'La consagración de la primavera'.

'La consagración de la primavera' ya anuncia desde su stravinskiano título que estamos ante una cinta más luminosa y esperanzadora. El filme explora la sexualidad de una chica virgen recién aterrizada en la ciudad, que encuentra calor y acogida en la familia de un discapacitado. Valèria Sorolla salta de las series al cine con un personaje que está presente en todos los planos y a cuyo rostro el director pega la cámara. Pero tan esencial como ella resulta el papel secundario del chico con parálisis cerebral, al que da vida el guipuzcoano Telmo Irureta, que padece discapacidad en la vida real.

A sus 18 años, ella ha salido por primera vez de un pueblo de Mallorca para irse a estudiar Químicas a Madrid. De familia religiosa, vive en un colegio mayor regentado por monjas. Confusa y sola, no termina de sentirse cómoda entre fiestas y citas. Prueba en Tinder y husmea juguetes sexuales. El azar le lleva a conocer a este chico en silla de ruedas que vive con su madre (Emma Suárez), un tipo con inquietudes, risueño e irónico, muy consciente del efecto que provoca en los demás. Rodeado en su cama de fotos de mujeres desnudas, desafiante, salido y cachondo, el personaje de Telmo Irureta despierta la curiosidad de la protagonista, que descubre que existen asistentes sexuales que proporcionan placer a los discapacitados masturbándolos.

Valèria Sorolla y Telmo Irureta en 'La consagración de la primavera'.

'La consagración de la primavera' no se inscribe tanto en el subgénero de películas sobre discapacitados, tipo 'Mi pie izquierdo' e 'Intocable', sino en los relatos de despertar a la vida o, en este caso, a la sexualidad. Apela a la humanidad y a la bondad y rehúye el morbo pese a la aridez de las cuestiones, como el hecho de que hay madres que masturban a sus hijos con parálisis cerebral. «No se habla mucho de este tema, tendemos a no mirar hacia ahí», observa Fernando Franco. «Un cineasta tiene responsabilidad con lo que cuenta porque luego pasa a formar parte de imaginario colectivo». El director estudió durante doce años en un colegio de jesuitas. El peso de la educación y la religión están muy presentes en una cinta que avanza a fuego lento y que revelará a muchos la existencia de personas que satisfacen sexualmente a discapacitados.

«Ese es el detonante de la relación entre los personajes, pero lo que ocurre después entre ambos se separa de eso, no quería hacer una película sobre ese tema», apunta el realizador, acostumbrado a dejar huecos en la narración «para que el espectador saque sus conclusiones». «Soy consciente de que he metido en un jardín, pero he intentado ser riguroso y respetuoso».