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Uno de los fotogramas de 'Black Panther: Wakanda Forever'.

'Black Panther: Wakanda Forever' falla sin su protagonista

Ryan Coogler desarrolla una extraña y coral secuela, que solo funciona como sentido homenaje a Chadwick Boseman

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

La muerte de Chadwick Boseman planea durante buena parte del metraje en 'Black Panther: Wakanda Forever'. Debía ser así porque al poco de fallecer el actor, a finales de agosto de 2020 a causa de un cáncer colorrectal, el equipo de Marvel Studios decidió que no había reemplazo posible para el rey T'Challa. «Sentimos que aún era demasiado pronto», explicaba Kevin Feige, responsable de Marvel Studios, en un artículo reciente para 'Empire'. «Stan Lee siempre dijo que Marvel representa el mundo fuera de tu ventana. Y habíamos hablado de que, a pesar de lo extraordinarios y fantásticos que son nuestros personajes e historias, hay un elemento identificable y humano en todo lo que hacemos. El mundo todavía está procesando la pérdida de Chadwick Boseman. Y Ryan (Coogler, el director) vertió eso en la historia».

Por eso, la segunda entrega de 'Black Panther' debía empezar, sí o sí, por ahí. Hace unos meses falleció el rey T'Challa y Wakanda, la nación más puntera del mundo, ubicada en el continente africano, está de luto. Su madre Ramonda (Angela Basset) y su hermana Shuri (Letitia Wright) celebran la vida y obra del monarca en un funeral vibrante y colorido, pero resulta inevitable que la amargura eche raíces en un país que siente que acaba de perder a su gran protector. Especialmente en el caso de Shuri, que se encuentra sumamente perdida, algo que preocupa a su madre.

Para colmo de males, algunas potencias mundiales están viendo en la falta de T'Challa una oportunidad para inmiscuirse en los asuntos de la nación y hacerse con vibranium, un mineral con propiedades casi mágicas que, al parecer, solo se encuentra en la región. Y decimos al parecer porque los países están convencidos de que buena parte de este extraño elemento, que llegó a la Tierra a bordo de un meteorito, puede estar en el fondo del mar. Riri Williams (Dominique Thorne), una joven estudiante superdotada, ha diseñado un dispositivo que es capaz de detectarlo y es cuando las Naciones Unidas intentan extraer unas muestras cuando la cosa se pone interesante. Un canto tan terrorífico como seductor emerge de las profundidades y, como si fuera la llamada de unas sirenas, los soldados que estaban velando por la operación dejan todos sus quehaceres y se tiran por la borda.

De esta forma tan impactante, la cinta presenta a los habitantes del reino Talokan, un mundo submarino que lleva oculto cientos de años, y a su rey, Namor (Tenoch Huerta), el villano de esta entrega, que roba el artefacto y secuestra a la joven para evitar que el planeta conozca esta mundo perdido en el fondo del Atlántico. Es también una de las mejores secuencias -hay un puntito de escalofrío, con el inicio de la tonada, que le sienta muy bien a la escena- de un largometraje más bien fallido, que ha debido ser un buen quebradero para Ryan Coogler, responsable de la anterior entrega. Al fin y al cabo, ¿cómo desarrollas una película de superhéroes sin su protagonista principal y sin que su ausencia se omita, pero tampoco pese en demasía? El resultado es una película que no parece tener las cosas muy claras y que parte de este incidente y del conflicto diplomático que acarrea para contar una historia no muy compleja acerca del poder, el sometimiento y la esclavitud, que apunta y traza paralelismos con la realidad de nuestra propia historia.

Tres fotogramas de la película.

Con un reparto mucho más coral y femenino, la cinta avanza sin interpretaciones memorables y entre secuestros, presentaciones de civilizaciones pasadas -flashbacks incluidos- y, cómo no, batallas campales que, en esta ocasión, y para goce del espectador, resultan algo más selectivas y menos explosivas. Una vez más la saturación de CGI y de efectos especiales realizados por ordenador -da igual que sea el abordaje de un gran navío que una puesta de sol- acaba empachando a un espectador que llegará al final de la película un tanto contrariado: tras 2 horas y 41 minutos de enfrentamientos, la conclusión parece tosca y sin sentido.

Está claro que no era nada fácil abordar una cinta como esta tras la pérdida de Boseman, pero tengo la sensación de que en un futuro 'Black Panther: Wakanda Forever' solo será recordada como sentido homenaje al actor -en esto es casi catártica- y por haber servido de pista de despegue a una serie como 'Iron Heart'. Una lástima.

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