Ucrania: garrote o guillotina

¿Por qué nos irritó bastante menos lo que ha pasado hasta la fecha?

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

Una de las primeras lecciones a todo estratega militar es que la verdad debe ser de las primeras víctimas en caer en una guerra. Si se quiere vencer, molesta que haya cronistas de actualidad, notarios de la verdad, que pululen en las trincheras o en las calles viendo cómo entran los invasores y siembran el terror. Por eso, ser periodista sigue siendo una profesión de riesgo, mientras que ser propagador de mentiras es muy seguro, a la par que cómodo: quien lo hace puede estar sentado en su mullido sofá, en casita, calentito con la estufa al lado y llenando las redes de falsedades. Otros estarán en el frente de batalla jugándose el tipo para intentar contar lo que de verdad sucede... si es que hay alguien que quiera saberlo.

Ahora nos rasgamos las vestiduras por los crímenes que cometen los soldados enviados por Putin a quedarse con cuarto y mitad de Ucrania. O con el país entero. Llevamos más de un mes de invasión y de repente las imágenes de lo que ha pasado en la ciudad de Bucha nos horroriza. Y siendo vomitivo y absolutamente condenable lo que allí sucedió, cabe preguntarse ¿por qué nos irritó bastante menos lo que ha pasado hasta la fecha? ¿Es que un ucraniano de cualquier otro punto del país muerto por un misil nos tiene que enervar menos? ¿Hace falta una ejecución a sangre fría de un ucraniano para que de verdad lleguemos a la conclusión de que no vale con seguir como meros espectadores? ¿Creemos que es suficiente con que en la Unión Europea sigan debatiendo si esto se acaba pagando en euros, en dólares o en rublos el gas ruso que sigue llegando al continente que presume de ser la reserva espiritual de Occidente?

Sucede que quizás somos todos bastante culpables, o incluso cómplices, de lo que ha pasado. Y en ese 'todos' incluyo a los medios. Por no herir sensibilidades, desde el minuto uno de esta guerra se evitó dar imágenes cruentas, quizás por aquello de que llega un momento en que el espectador se satura y vuelve a Instagram o a TikTok para sentirse feliz y reconciliarse con la especie humana.

Viendo estas reacciones, me remuevo en el sofá, calentito en casa, y yo también busco una vía de evasión. Rescato una película, lleno el tiempo viendo de nuevo 'El verdugo', de Berlanga, y me encuentro con el personaje de José Isbert diciendo aquella memorable frase de: «Me hacen reír los que dicen que el garrote es inhumano. ¿Qué es mejor? ¿La guillotina? ¿Usted cree que hay derecho a enterrar a un hombre hecho pedazos?».

Pues eso.