POR SI LE INTERESA

Las lecciones de Cataluña

01/11/2017

No hay mal que por bien no venga. Tampoco de la crisis catalana. Aunque aún se no ha cerrado, propongo sacar varias lecciones. La primera: que por mucho que se empeñe Echenique en sus demagógicos y manipuladores tuits, España no es Venezuela. Con la chepa cargada de defectos, sí, pero no es un Estado fallido. Las instituciones están sólidas, han funcionado y han hecho respetar la ley. La segunda, espero, se la ha llevado el PP. No se puede jugar con fuego, no se puede tensar la cuerda con los nacionalismos históricos a la caza y captura de un puñadito de votos. Al final, ha puesto en riesgo la estabilidad del país. El catalanismo merece respeto y ser escuchado. Y los partidos independentistas lo negarán, pero es obvio que adoran a Aznar y a Rajoy. Les fabrican acólitos como churros. La tercera, confío, la han aprendido los catalanistas e independentistas de a pie.

«Los ya exgerifaltes de la Generalitat, además de reírse de la ley, de las instituciones que representan y de su propio pueblo, han demostrado una cobardía insultante»

Se fiaron de unos desalmados, una panda de lunáticos irresponsables, los exgerifaltes de la Generalitat, que, además de reírse de la ley, de las instituciones que representan y de su propio pueblo, han demostrado una cobardía insultante. La gente que votó el 1 de octubre aún y a riesgo de llevarse un porrazo policial lo hizo a cara descubierta. No como los señores diputados, que votaron escondidos por lo que tanto aman, o el Puigdemont y parte de su séquito, que han salido pitando para seguir mintiendo allí donde aún no los conocen. Y la cuarta se la debe haber grabado a fuego Podemos. No se puede ser equidistante con el delito. Vale que el PP, en política y en este conflicto, ha estado más tieso que el palo de una escoba, pero los otros violentaron la ley. Y otra más: una lección de coherencia para los de Iglesias. No se puede demonizar el artículo 155 y luego aplicarlo a las primeras de cambio a tus correligionarios catalanes. ¿O es que los estatutos de Podemos valen más que la Constitución?