Las venas abiertas

Juguete roto

15/01/2019

Últimamente se hace correr mucho una frase que, supuestamente, se pronunció en el Cabildo: «Que el Granca no nos cueste ningún voto». Poniendo en duda que los resultados de un equipo de baloncesto profesional tengan una influencia real en el electorado, con la que está cayendo, sirve para ilustrar la imagen de juguete roto que actualmente muestra el CB Gran Canaria en el año más importante de su historia deportiva: el de su estreno en la Euroliga.

El Gran Canaria siempre ha vivido al otro lado de la crítica, una zona de confort al refugio del magnetismo mediático de la Unión Deportiva. Sus resultados también han servido de parapeto para una estructura raquítica, que apenas le ha hecho crecer institucionalmente en los bordes del dinero público que ahora no quiere que eso tenga un coste en las urnas.

«Imagino un futuro a medio plazo en el que el Granca ya no exista por su ineficiencia ejecutiva»

Hasta este momento, en el que la pelota no entra –perdón por lo simple de la metáfora–, y las costuras han quedado al aire. Un club en el que a algunos ejecutivos se les ha pegado la alfombra a los zapatos. Con un departamento de marketing que ha sido completamente incapaz de monetizar la mayor gesta deportiva en la historia de la entidad y que ha sobrevivido, nadie sabe cómo explicar por qué, a tres presidencias sin acercar al club a la famosa autosuficiencia económica. Con una política de comunicación que, pese al gran departamento de prensa –de lo mejor del club–, juega al oscurantismo como se pudo ver en la despedida de Salva Maldonado o en las múltiples lesiones de esta temporada.

Por un millón de cosas, que merecen un espacio más amplio que el de este artículo, que hacen a uno imaginar un futuro a medio plazo en el que el club haya desaparecido por su ineficiencia en los despachos.