'Quo vadis', Ucrania

En Ucrania no hay cascos azules pero quizás es lo de menos

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

Se puede ver todavía en plataformas digitales 'Quo Vadis, Aida', una película de 2021 que, entre otros premios, recibió el del Cine Europeo a Mejor Película y que fue dirigida por Jasmila Zbanic. Ambientada en 1995, en Srebenica, cuenta lo que sucedió cuando las tropas serbias entraron a saco en la zona y miles de personas buscaron refugio bajo el manto de los cascos azules de la ONU.

Al calor de lo que está pasando en Ucrania, la revisión del filme es más que recomendable, a lo que se une el hecho de que estamos ante una gran película. De esas que suponen un golpe en el estómago del espectador, y no tanto por lo que se ve en pantalla -el uso del fuera de plano es más contundente que la violencia explícita- como por la veracidad que transmiten los actores y el realismo que imprime la directora. Por si fuera poco, lo que se cuenta se inspira en hechos reales.

Sin necesidad de hacer 'spoiler', recordemos que en Srebenica los civiles fueron pasto de la violencia extrema de los invasores ante la pasividad de la comunidad internacional, que tenía muy claro quién iba a ganar la guerra y no quería enemistar con los previsibles vencedores. Después nos encontramos con las fosas comunes, las ejecuciones sumarísimas, las violaciones de derechos humanos... y unos cascos azules de Naciones Unidas que eran espectadores de lo que sucedía, sabían lo que iba a pasar, fueron conscientes de lo que sucedió y literalmente miraron para otro lado.

¿A que les suena el asunto? En Ucrania no hay cascos azules pero quizás es lo de menos. En Nueva York hay un Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que ha vuelto a demostrar su inutilidad; en Bruselas están la sede de la Comisión y de la OTAN, y en Estrasburgo la del Parlamento Europeo. ¿Han servido para algo sus pronunciamientos, sus mensajes de apoyo al pueblo ucraniano, su condena a Putin, sus sanciones económicas a Rusia? Desde el punto de vista del corto plazo y, sobre todo, de la salvación de vidas de inocentes, es más que evidente que no. Los hemos dejado abandonados a su suerte y solo se lo están tomando en serio otros países próximos a Rusia que se miran en el espejo de Ucrania y temen sufrir su particular invasión.

Al final de la película, la protagonista regresa a Srebenica. Como ella misma dice, no tiene nada que perder ya y es su particular venganza frente a los salvajes. En Ucrania, o en lo que quede de ese país, veremos cuántos regresan: de momento unos cuatro millones de personas se preguntan, como Aida, eso de 'quo vadis'.