Primera plana

Una temporada para olvidar

20/05/2019

Aún no he decidido si renovaré mi abono con la Unión Deportiva Las Palmas. En verano tomaré la decisión y no sé si pesará más el hastío o la inercia de seguir aunque sea solo por aquello de matar las tardes de los domingos en el recinto de Siete Palmas. Esta sensación de declive, esta letanía del club amarillo y esta certeza de transitar por la Segunda División sin pena ni gloria, dudo que Miguel Ángel Ramírez sea realmente consciente de que late en la afición. Este modelo de gestión presidencialista donde nadie podrá desalojar a Ramírez de la presidencia porque sencillamente es el dueño, podrá o no retomar el sendero del éxito a medio plazo pero, con todo, tiene que realizar cambios a la mayor brevedad. La pregunta es sencilla: ¿es capaz de hacerlo el único que tiene mando en plaza para ello? Me refiero lógicamente al propio Ramírez.

Es lo que enseguida pensé ayer cuando el Betis dio a conocer en un comunicado de prensa que Quique Setién no seguirá la próxima campaña en el banquillo, al tiempo que reconocía sus méritos y le agradecía su esfuerzo y entrega por el proyecto. Setién se va como un señor. Y no como sucedió aquí, en Gran Canaria, cuando algunos del entorno más cercano a Ramírez lo aburrieron por los celos que invade a la mediocridad. Y, por supuesto, Ramírez no ostentó la habilidad suficiente para detectarlo y se dejó ir por aquellos que le regaban el oído para mayor exaltación del ego. Un buen empresario retiene a los competentes y expulsa a los mediocres. Es la empresa (y aquí vale también para el medio de comunicación o el partido político de turno) lo que está en juego.

«Un líder ejerce la empatía, comprende los motivos de su interlocutor y le ofrece una respuesta. Lo otro es deambular sin saber el destino. Más o menos como le sucede a la Unión Deportiva Las Palmas de un tiempo a esta parte»

Hace poco la sociedad grancanaria despedía a Germán Suárez. Él igualmente fue presidente de la Unión Deportiva Las Palmas en una época ya pasada en la que todavía el equipo dependía, digámoslo así, de la masa social. Se debía, de algún modo, a su gente aunque fuera a través de un núcleo coral de empresarios que canalizaban los intereses de Gran Canaria. Germán Suárez fue un hombre con olfato para saber qué era lo mejor tanto para su empresa como para su tierra. Tenía un rumbo personal por la sencilla razón de que poseía los elementos y el juicio necesario. Dicho en plata, tenía criterio. Y el criterio no se compra ni depende del dinero que se guarde en el bolsillo. Es otra cosa.

Intuyo que si Setién hubiera sido técnico amarillo con Germán Suárez de presidente, este al poco de descubrir el descontento del cántabro le hubiese invitado a almorzar un par de veces (las que hiciera falta) para entender qué le pasaba y qué podía hacer por él para que se sintiera mejor en el club. Un líder ejerce la empatía, comprende los motivos de su interlocutor y le ofrece una respuesta. Lo otro es deambular sin saber el destino. Más o menos como le sucede a la Unión Deportiva Las Palmas de un tiempo a esta parte.