Primera plana

Un juego político complicado

14/06/2019

Los partidos políticos no deben temer a las elecciones sino a gobernar. Me explico. Aunque se repitiesen los comicios o hubiese otra cita electoral a la vuelta de dos años pongamos por caso, difícil será que la legislatura se consuma por completo, los resultados serán similares a los de los últimos comicios. Es decir, unas siglas subirán más o menos a costa de las otras para finalmente dejar las cosas como estaban. Es la teoría de los vasos comunicantes. Rara vez asomará una mayoría absoluta como las de antaño. De hecho, en Canarias nunca la hubo, y ahora menos. Las reglas ya son otras. El sistema del 78 ha dado un paso cualitativo, ni mejor ni peor, está por ver, que nos lleva directamente a otra dimensión. Y lo de antes no volverá.

Esto hace que las organizaciones políticas sean más débiles. Ni el PSOE ni el PP lograrán aunar el espacio social que ostentaron durante el bipartidismo. Se gana pluralidad pero la competencia es mayor. Por supuesto, hay que tener buenos candidatos y cabezas de cartel de cara a la ciudadanía. Pero asimismo deben atesorar cuadros que sepan gobernar justo en un Ejecutivo multipartidista que lo hace más complicado y donde se requiere habilidades mayores.

«Este ciclo acaba de comenzar. Un universo parlamentario nuevo donde todos tendrán que convivir de alguna forma. No digamos ya en Canarias donde la pluralidad es patente»

El mayor frente que se le abrirá a Pedro Sánchez, por ejemplo, no es concurrir de nuevo a las urnas (a efectos prácticos será casi indiferente) sino saber cohabitar en La Moncloa con otro partido que sabes que es competidor directo tuyo. Esto sí supone una gran novedad que, a medio plazo, puede repercutir en las expectativas de unos y otros. Las convivencias serán determinantes, darán las victorias o derrotas del futuro. Más allá de que esas coexistencias sean bienvenidas o no por el electorado tradicional, principalmente de PSOE y PP, que el vicepresidente y ministro sea un contrincante al que jamás votarían es duro de digerir. Pensemos en un votante socialista extremeño acostumbrado al jacobinismo que, de repente, escucha a Pablo Iglesias en rueda de prensa en La Moncloa decir que España es plurinacional. O en un votante popular de Palencia que oye a Albert Rivera mentar que el sistema público de pensiones debe ir acompañado de un plan privado que deba costearse cada uno porque las arcas ya no dan para más certidumbres del Estado del Bienestar, aunque sea desde una óptica conservadora y paternalista.

Este ciclo acaba de comenzar. Un universo parlamentario nuevo donde todos tendrán que convivir de alguna forma. No digamos ya en Canarias donde la pluralidad es patente. De hecho, lo estamos viendo estos días a cuenta del pacto que en función de la hora puede ser de un color o de otro. En teoría los debates parlamentarios serán mucho más ricos e interesantes. Otra cosa es que el nivel acompañe. Pero la exigencia será mayor porque dada esa debilidad mencionada de los partidos, los tropiezos pueden salir muy caros. Y si no hay cuadros, son carcasas zarandeadas por la mar.