Jaula y arco iris

TVE, acabar con el sectarismo

04/06/2018
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Jueves noche. Estoy viendo un presunto, muy presunto, programa de debate sobre la moción de censura a Mariano Rajoy en la 1 de televisión española. Intento distinguir las distintas posturas en torno a la votación que se producirá dentro de apenas doce horas y que puede suponer un cambio en la Presidencia del Gobierno. Tarea imposible. Vaya, vaya, aquí no hay playa. Ni el mínimo pluralismo (y decencia), tampoco. Esto no es un debate, es un riqui raca a la derecha y un linchamiento del PSOE y sus apoyos parlamentarios. El moderador, más presunto aún, encantado de conocerse y de sustentar la juerga que pagamos todos.

Parece una reunión de amigos y amigas en plena sintonía política. Casi una cuadriculada secta. Todos los tertulianos y tertulianas están básicamente de acuerdo: Pedro Sánchez es muy malo, lo que intenta hacer es aún peor. El PP y su líder no se merecen esto, se trata de puro golpismo contra el legítimo presidente, argumentan desbocados.

«Lo de que la moción de censura sea un instrumento democrático y constitucional no lo estudiaron en clase, no estaba en el currículum o, simplemente, no lo aprobaron»

Lo de que la moción de censura sea un instrumento democrático y constitucional no lo estudiaron en clase, no estaba en el currículum o, simplemente, no lo aprobaron. Eso de las acusaciones de corrupción es una burda e insostenible trampa, aseguran. La sentencia del caso Gurtel no dice nada contra el PP y su presidente, señalan tan eximios profesionales. Esos jueces no tienen perdón de dios, termina señalando alguno suficientemente exaltado.

Dirán que estoy exagerando lo ocurrido en el referido espacio televisivo. Voy a intentar ser un poco más fino en el análisis. Cierto que se podían observar algunos pequeños matices entre los intervinientes: unos eran claramente defensores del Partido Popular y a otros se les caía la baba por Albert Rivera, lo que pudiera ser una indudable muestra de pluralismo; pequeño, casi insignificante, eso sí. Para maquillarlo se les podía haber ocurrido invitar aunque fuera solo a un analista que estuviera de acuerdo con la presentación de la moción, pero ni eso.

Me costó mucho distinguir cuáles eran los más radicales y cuáles se situaban en posiciones más moderadas, en una etapa política en la que el destituido presidente Mariano Rajoy ha sido mucho más prudente, menos extremista e incendiario que la joven promesa de la derecha española que pretende imitar a Macron y que en ocasiones, con sus ardientes discursos y proclamas, con su nacionalismo extremo, se queda a medio camino entre este y otra dirigente francesa mucho más marinada.

Bochorno

Me sentí completamente abochornado, como supongo le habrá sucedido a muchos ciudadanos y ciudadanas que tuvieron la desgracia de ver semejante engendro televisivo. Es difícil entender que una televisión pública, que pagamos todos los españoles y españolas –de derechas e izquierdas, nacionalistas o no-, sea tan sectaria. Una televisión puesta, con el mayor descaro, al servicio del gobierno de turno en la que no cabe debate alguno sino aplausos al Ejecutivo y a su líder y barra libre para dar palos a la oposición.

Manipuladora hasta el extremo. En un telediario de hace apenas un mes, ofreciendo los datos de desempleo, ocultaron que una de las comunidades que había creado más puestos de trabajo era Cataluña; debe estar prohibido hablar bien de la misma. Asimismo, cuando analizaron los datos del barómetro del CIS destacaron lo que les venía bien y ocultaron que Rajoy era el líder con peor nota. No disimulan lo más mínimo.

Hace unos días, además, han renovado y mejorado el contrato de Javier Cárdenas, que hace un programa, Hora Punta, en el que se difunden pseudociencias, machista, reaccionario, casposo y mucho más cercano a la televisión basura que a lo que corresponde emitir a una televisión pública que debe albergar otros valores. El nivel de degradación a que se ha llegado es insoportable. Las necesidades de cambio profundo, imprescindibles.

Prioridades

Sé que el nuevo presidente del Gobierno tiene demasiadas y complicadas tareas por delante en todos los órdenes. Y que debe dar intentar dar respuestas a asuntos prioritarios, como los que se refieren a los servicios públicos fundamentales –la sanidad, la educación o los servicios sociales-, que quedaron muy tocados con las recetas frente a la crisis económica, con la austeridad y los recortes. Que están también, asuntos tan relevantes como la sostenibilidad de las pensiones o la financiación autonómica. Pedro Sánchez hizo referencia a algunos de ellos en el debate de la moción de censura.

Sé que los problemas económicos y los referidos al empleo y su calidad tienen, asimismo, una evidente preferencia en la agenda política. Soy consciente también de la gravedad de los problemas territoriales y que el asunto de Cataluña no tiene fácil salida, aunque la promesa de diálogo sea siempre mejor que seguir abriendo una enorme fosa con esta comunidad, actitud que me parece irresponsable.

No espero, además, nada bueno de una derecha que, en su momento, no fue leal con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ni siquiera en un asunto de estado como el terrorismo, utilizando a las víctimas y buscando sacar rédito político. Y que ahora, además, tiene el problema añadido de la lucha entre dos facciones, la clásica que representa el PP y la novedosa, pero menos, de Ciudadanos, que les puede llevar a competir en radicalismo, en pelear por quién hace una oposición más brutal y destructiva.

Todo eso lo sé y, sin embargo, considero del todo necesario que el nuevo Gobierno tenga entre sus prioridades cambiar la actual situación de TVE, que vive un momento crítico. Lo expresan sus profesionales con los viernes negro, protestando por la manipulación informativa en la cadena pública estatal. Una protesta que ha recibido numerosos apoyos políticos y de gente del mundo de la cultura. La situación nauseabunda de los últimos tiempos debe ser transformada profundamente y TVE debe ganar en independencia, en pluralidad y en calidad. Ni sus profesionales ni la audiencia se merecen a donde la ha llevado el PP: a ser una cadena homologable a la extremista 13 TV o a TeleMadrid.

Se precisa un cambio tan profundo como urgente en TVE. Exigible, fundamentalmente, por simple higiene democrática.