Opinión

Trabajadores del mundo

30/07/2018

En los próximos días las familias canarias (las que se lo puedan permitir) se irán de vacaciones. Muchas de ellas optarán por irse al sur a un hotel o apartamento como gran cosa, que lo será, y por algo vienen los extranjeros, marcando así implícitamente una línea divisoria en la población isleña. Es decir, los que se tumbarán en Maspalomas o den un salto a Fuerteventura (antaño la gente con posibles se iba a Tafira) y los que queden encerrados en la ciudad entre días nublados y aprovechando los ratitos de sol en el paseo de Las Canteras. Y esto ocurre a poco que se ha publicado la Encuesta de Población Activa (EPA) en relación al segundo trimestre de 2018 que arroja una tasa de paro en Canarias del 20,06% superando la media nacional del 15,28%. El archipiélago, como siempre, se halla en el vagón de cola junto a Extremadura, Andalucía, Ceuta y Melilla. Es tendencia. Y eso que los datos conocidos con esta EPA son positivos.

«El Archipiélago, como siempre, se halla en el vagón de cola junto a Extremadura, Andalucía, Ceuta y Melilla. Es tendencia»

Otro debate es la calidad del empleo que se genera. Una cuestión que, en el fondo, enlaza con el dilema moral de distinguir entre libertad teórica y libertad real. Una cosa es que puedas por ejemplo casarte y divorciarte en varias ocasiones formando diferentes familias y otra distinta que puedas mantenerlas a todas en paridad económica. Y esto en el sector del empleo vendría a ser que una cosa es que el trabajador tenga posibilidad de cambiar de puesto de trabajo y ser representado y otra bien diferente es que la realidad le sea propicia. Y por muy bien que salga la EPA del horno, siempre habrá un segmento poblacional que será puro proletariado y preso de las circunstancias.

Con todo, mejor lo tienen los amparados aún en el corporativismo. Y no me refiero a los repartidores de agua en las islas (una imagen muy nuestra que no se da en la península) sino pongamos por caso a otros repartidores. Si estas jornadas han leído la prensa nacional se habrán percatado que hay un conflicto laboral en Madrid de primer orden a cuenta de los llamados ruteros que reparten la prensa a los quioscos en la capital. Sin quedar claro por la información contradictoria que se va conociendo si tienen una relación laboral o mercantil con la empresa Boyacá, llevan varios días realizando paros que de manera colateral inciden en pérdidas para los quiosqueros (que son otro poder en Madrid) y las cabeceras de tirada nacional; incluso, el periódico El Mundo destinó un editorial esta semana al asunto de marras. Estos ruteros tiran de corporativismo como lo podrían hacer los árbitros de fútbol (sin ellos no hay liga) y amén de esa presión simbolizan un mundo pasado en el que los conflictos laborales eran más iguales.