Ultramar

¡Será por dinero!

23/06/2018

En el año 2000, durante la celebración del primer congreso autonómico sobre Progreso e Identidad, el geógrafo Rubén Naranjo dictó una lúcida y reveladora ponencia que tituló Paisaje e identidad en la que afirmaba que el paisaje, el territorio en el que se desarrolla la vida de un pueblo, forma parte de su identidad, al tiempo que destacaba la secular indiferencia, tópicos al margen, que le hemos dispensado a éste los que poblamos estas islas, dados a vivir dándole la espalda y no frente a él.

«A propósito del ‘macromuelle’ de Agaete, empeñados en vivir dándole la espalda al paisaje y no frente a él»

Insensibles y pasivos ante su alteración y su destrucción, decía Rubén Naranjo, no asumimos que el paisaje es un legado y, por tanto, un patrimonio de especial entidad, un legado cultural. A lo sumo, la consideración que le brindamos no va más allá de lo estético y andamos raudos a renunciar a él si entran en danza supuestos intereses superiores o de mayor peso económico.

Viene todo esto a cuenta de la aprobación dada por el Gobierno de Canarias al proyecto de ampliación del puerto de Las Nieves, en Agaete, que contempla una inversión de 44 millones de euros para construir un segundo dique de 450 metros de longitud, que se desarrollará como un ramal de la actual escollera y que permitirá el atraque simultáneo de dos ferris y un crucero de casi 300 metros de eslora.

Dícese desde la oficialidad, sin entrar en considerandos de que el actual muelle ya significó un importantísimo impacto paisajístico y condicionó la contemplación de una buena parte de la isla más antigua, con sus riscos interminables precipitándose al mar, que la mayor parte de los dineros para la obra vendrán de Europa y que es un proyecto crucial para el desarrollo de la isla entera; y dicen, también, sus corifeos, que tal inversión servirá para subsanar los desequilibrios en inversiones portuarias registrados en los últimos años en favor de Tenerife.

¡Será por dinero! ¡Si de desequilibrios se trata, a malgastar, qué son dos días!, así digan tanto el Tribunal de Cuentas de la UE como la Cotmac que las circunstancias socioeconómicas no son en absoluto idóneas para abordar esta obra, como nos recordara esta misma semana en estas páginas el economista Aníbal Santana; al margen de que alguien tendrá que valorar si el actual muelle, infrautilizado y a disposición de una sola compañía, ha significado algún impacto económico positivo para el municipio y la comarca, pues a nadie se le esconde que es solo un punto de tránsito, de embarque y desembarco.

Consideraciones económicas cuestionadas, como quiera que, en palabras de Julio Llamazares, «más allá de sus límites, el paisaje sostiene las huellas del pasado, reconstruye recuerdos...», qué menos que preguntarle a su gente qué opina a propósito de ese macromuelle.