Lunes en África

Ruido en la cocina

24/12/2018

El secreto de las salchichas no debe salir de las cocinas. El presidente Macron, ese joven bajito que gobierna Francia, presumía a finales de mayo de labrar su carrera al modo clásico. «Nunca he explicado las bambalinas», respondió para zanjar la curiosidad de un periodista sobre una discusión con Donald Trump. «A la gente le gusta ver el plato servido, no los preparativos», expuso, sin más afán didáctico que el de cerrar la boca del interrogante.

Las comparaciones entre cocina y política reúnen un cuerpo literario más extenso que lúcido, porque es sabido que los dirigentes políticos, a diferencia del buen fogonero, son duros de oído y torpes con las manos. El tacto es cualidad necesaria entre calderos, pero en los salones del poder el uso de los dedos se reduce a dos o tres movimientos. Para mandar a callar al otro con vehemencia gestual, o para mejorar las técnicas de captación. Tramitar toda clase de sobres y simular como propias ideas ajenas son exigencias básicas del cargo público. A muchos les basta con esto para alimentarse del erario durante décadas, pero en la cocina, así no aguanta nadie dos almuerzos.

El ahorro de explicaciones tiene sus riesgos, como el propio Macron tendrá que comprender cuando pregunte a los franceses, que ya le están diciendo algunas cositas. Su estrategia es común en zonas de incertidumbre. Pedro Sánchez cultiva esa dinámica. Conjuga el ocultismo con artificios destinados a prorrogar su menguada capacidad de gestión y de iniciativa, lo que impide distinguir el ruido de las nueces. El diálogo es incompatible con las técnicas de silencio que se aplican a las vías catalanas o en las carreteras de Canarias. Cuando se gana tiempo se corre el riesgo de quemar el sustento, lo saben en cualquier infierno.