Bardinia

Profecías y previsiones

10/04/2018

Se suele decir que el canadiense Marshall McLuhan (1911-1980) fue un visionario, un profeta. Nunca he creído en profecías y visiones futuristas, en lo que sí creo es en que hay personas con un talento innato y mucho trabajo a sus espaldas para desarrollarlo. Cuando McLuhan planteó su famoso principio de que el medio es el mensaje, habló de la Aldea Global y nos puso en guardia contra lo que hoy llamamos Sociedad de la Información, había datos suficientes para prever (no profetizar) lo que ocurriría en el futuro, pero había que tener los conocimientos, la inteligencia y su intuición para establecer sus enunciados. Aunque la propaganda y la desinformación son tan viejas como el mundo, la capacidad de penetración social de los medios de comunicación era conocida desde al menos un siglo antes de los años sesenta y setenta del siglo XX, que es cuando las teorías de McLuhan se convierten en el catón de los avanzados en la comunicación.

Entonces muchos creían entonces que el nuevo concepto de Aldea Global se refería a que se podía saber por radio y al instante cualquier hecho que sucediera en el planeta. Ya en los años setenta, cuando ya La Tierra estaba orbitada por los primeros satélites de comunicación, empezamos a entender lo que realmente significaba, pues ya no eran necesarios aquellos cables submarinos que en su momento fueron la única manera de comunicarse entre continentes. Así y todo, entonces pocos imaginaban hasta qué punto se desarrollarían las comunicaciones, y nuestro mundo actual contemplado desde solo unas décadas atrás sonaría a ciencia-ficción.

“Nunca he creído en profecías y visiones futuristas, en lo que sí creo es en que hay personas con un talento innato y mucho trabajo a sus espaldas”

Ese gran desarrollo de las comunicaciones, aparejado al de la robótica, parece en principio algo bueno para el conjunto del género humano, pero estamos viendo que está siendo utilizado para enriquecer a unos pocos, obnubilar a muchos y cerrar las puertas del mundo laboral a generaciones enteras. Siglos atrás, viendo llegar la Revolución Industrial, Thomas Malthus, otro supuesto profeta, dijo que las máquinas acabarían con la necesidad de la mano de obra humana, Y se consideró que su profecía había fallado. Tristemente, el desarrollo industrial que empezó con la máquina de vapor, fue el primer peldaño de una escalera que posiblemente aun no hemos terminado de subir, y a largo plazo vemos que finalmente Malthus, tal vez por economista, sí que previó en lo que desembocaría el hiperdesarrollo de los dos últimos siglos, por demógrafo el agotamiento de materias primas, y seguramente por su conocimiento de la naturaleza humana que le dio el desempeño de su función como clérigo anglicano supo que se produciría el actual deterioro medioambiental.

Y así, hemos llegado al primer recodo del siglo XXI, en el que Orwell y Ray Bradbury son muy evidentes por la presencia constante del Gran Hermano y la destrucción efectiva de los libros aunque no los quemen físicamente. La novedad es que empiezan a estar en vigor absoluto Malthus y, el primero porque, finalmente, las máquinas sustituyen las manos humanas, y una sola mano puede lo que antes una centuria, y el segundo nos dice que los medios de comunicación no transmiten noticias, crean tendencias y manejan y manipulan masas. Antes que McLuhan lo intuyeron otros, desde la crueldad sofisticada de Goebbels a la más pedestre de Queipo de Llano. No olvidemos que, cuando el papa Pío XI conoció el invento de la radio, llamó a Marconi para instalar Radio Vaticana. Y si hoy, mientras hay miles de personas deshauciadas, hambrientas, sin techo y hasta sin nombre, discutimos sobre asuntos secundarios por muy graves que parezcan, y un incidente entre suegra y nuera en la puesta de la catedral de Palma de Mallorca se convierte en asunto de Estado. Si vemos lo que inciden en esta sociedad las previsiones de Malthus, Orwell, Bradbury o McLuhan, mejor dejamos para otro día lo que será el futuro según Peter, Murphy y Chomsky. Tal vez fallen.