¿Qué precio es razonable?

Estas y otras preguntas seguro que se las han hecho los encargados de tomar decisiones

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

En todas las guerras siempre hay una figura que los estrategas militares consideran imprescindible pero de la que no se suele hablar mucho porque su trabajo es políticamente incorrecto: el que hace una estimación de las bajas que se pueden producir en las filas propias en cada ofensiva. Recibe esa persona la misión de hacer un cálculo que después es trasladado a quien está al mando, para que lo tenga en cuenta al tomar la decisión de cuándo y cómo afrontar el ataque.

En esta guerra que mantenemos desde 2020 contra la covid-19, doy por hecho, viendo algunos comportamientos, que los diferentes gobiernos también cuentan con esos contables. Pero sospecho que, a base de prolongarse la pandemia en el tiempo, han perdido la sensibilidad y ya dan por buena cualquier estimación de víctimas mortales. Todo en aras a no sacrificar la pretendida normalidad en que nos hemos instalado. Es más, consideran que el hecho de que haya muertos por el coronavirus es 'normal'. Y si son muertes que igual se podían haber evitado con determinadas medidas, pues tampoco parece que les importe demasiado.

Seguramente no será así pero los síntomas están ahí: llega una nueva variante de la que apenas sabemos nada a estas alturas, salvo que multiplica los contagios, y lo único que se hace -al menos en España- es nada. Corrijo: lo único que se decreta es volver a imponer el uso de la mascarilla en exteriores, cuando es más que conocido que los contagios se multiplican en interiores. Pero lo que se lleva es no incomodar y el precio es dar por asumible que haya más contagios, que los sanitarios se estresen todavía más y que puedan fallecer más personas.

¿Cuántos muertos damos por bueno? ¿Seis, doce, dieciocho, veinticuatro...? ¿Una sola muerte es admisible a cambio de no subir a nivel 4? ¿Por qué en la balanza pesa más un negocio de amplia concurrencia de público abierto sin limitaciones que unas cuantas camas más disponibles en las UCI para pacientes de otras patologías?

Estas y otras preguntas seguro que se las han hecho los encargados de tomar decisiones pero quizás el problema es que no nos cuentan los criterios que han colocado en la balanza para que, en apariencia, más contagios y más fallecimientos sean un precio que les parece razonable.

Por cierto, ese cuento de que si se para la economía, se para la vida, que se lo digan a quienes tienen a los suyos en los hospitales o quienes los velan en los tanatorios. Ellos sí que saben lo que pasa cuando se para la vida.