Opinión

Podemos saborea La Moncloa

13/10/2018

La puesta en escena de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias a cuenta de los Presupuestos Generales del Estado confirma lo que sobreviene: bloques de pacto en este caso a la izquierda pero que ocurriría lo mismo con la derecha. Descartada de por sí, y sin el mínimo debate, una gran coalición a la alemana entre socialistas y populares, Iglesias será el próximo vicepresidente del Gobierno con mando en plaza en un ministerio importante si es mayor finalmente la suma de escaños entre PSOE y Podemos que la de PP y Ciudadanos; con el permiso quizá de algunos partidos pequeños en las Cortes Generales que podrían decantar la balanza (pensemos en el PNV).

El salto cualitativo es enorme a favor de Iglesias: ha pasado en muy poco tiempo de politólogo en tertulias de televisión a suscribir un texto presupuestario junto al jefe del Ejecutivo. Como es natural, es tan solo un paso más en su ambición política. Si esta antes pasaba por arrinconar al PSOE, cosa que no logró en los comicios de 2016, ahora se trata de conformar un Gabinete de izquierdas en La Moncloa. Si lo obtiene, relativamente poco importará si Podemos mantiene o baja su número de escaños. Habrá tocado poder, y de qué manera.

«El salto cualitativo es enorme a favor de Iglesias»

Podría ocurrir que en 2019 hubiese elecciones generales porque Sánchez no consiga estirar más esta situación. Y entonces podría suceder que Susana Díaz gobierne junto a Ciudadanos en Andalucía y Sánchez a nivel nacional con Podemos. ¿Conllevaría desgastes internos? En Alemania es habitual que en el poder regional los socios sean unos y a escala estatal sean otros, hay mayor combinación de pactos. Aquí como no estamos acostumbrados, fruto del predominio histórico del bipartidismo, habrá que interiorizarlo.

La fotografía entre Sánchez e Iglesias lo dice todo. Concentra las expectativas que tiene hoy por hoy la izquierda de seguir gobernando. Podemos entiende que se acabaron los gobiernos monocolor y que esta es su oportunidad para alcanzar el poder institucional al mayor nivel posible. No tiene precio. Se favorece la tendencia a configurar frentes políticos y se debilita el centro ideológico que queda huérfano y nostálgico de la estabilidad que ofrecía el bipartidismo. La confrontación aumentará en los próximos años porque son más actores políticos y todos, como es lógico, desean finiquitar parlamentariamente al otro. El juego es ese. Y prueba de ello es que si en la Transición tuvimos cuatro protagonistas (UCD, PSOE, PCE y AP) ahora tendrá que depurarse quiénes seguirán tomando el rumbo para la próxima década. Que Sánchez entrara en La Moncloa y Pablo Casado se hiciera con el liderazgo del PP, hizo pensar por un momento que podría recuperarse el bipartidismo. Pero Sánchez ha dado oxígeno a Iglesias y Casado compite con Albert Rivera en patriotismo.