Café para todos

Payasos sin gracia ni respeto

11/07/2018

Tengo un gran respeto por el oficio de los payasos. Su labor es la más hermosa del mundo, hacer reír a los demás, de una manera sana y desde el respeto. Una vida dedicada a recorrer países enteros sacando carcajadas de padres y niños, es algo de lo que solo cabe la admiración. Dicho esto, en la vida nos encontramos con personas que sueñan ser payasos, pero que por una razón o por otra, no alcanzan el nivel. Un buen ejemplo de esto es un tal Carlos Meca, consejero de Podemos en el Cabildo de Lanzarote.

Meca es de ese perfil de personas que algún día le dijeron que era gracioso, y se lo acabó creyendo. El problema para él, es que para ser gracioso y hacer reír, primero hay que estar dotado de una inteligencia y de una educación de la que este personaje carece.

«Un buen ejemplo de esto es un tal Carlos Meca, consejero de Podemos en el Cabildo de Lanzarote»

Su último chiste, por llamarlo de alguna manera, ha sido utilizar la imagen de una persona fallecida, y que padecía una grave enfermedad, Stephen Hawking, para arremeter contra el presidente del Cabildo de Lanzarote, Pedro San Ginés. En el montaje se ve el cuerpo del científico en su silla de ruedas, y la cara del presidente conejero. Por supuesto, todos los partidos han arremetido contra este cargo público, que también es director de una web a la que cataloga de humor, pero que no deja de ser un panfleto de mal gusto.

Los únicos que no arremeten contra él, ni contra su «sentido del humor», son sus compañeros de partido. Los camaradas ya le dieron su apoyo en otra ocasión, en la que Meca utilizó de manera denigrante la imagen de la política del Partido Popular, Astrid Pérez, en la que aparecía abrazada a San Ginés en una actitud más que cariñosa.

Esta vez, ni acusaciones de machismo, ni nada de nada. Según sus compañeros, era víctima de una campaña orquestada contra su persona. Claro, cuando el chiste lo hace uno de los tuyos, hay que reírle las gracias, ahí no hay asamblea para votar quién se ríe y quién no.

Utilizar una enfermedad de una persona fallecida, sea quien sea, es de un mal gusto que supera todos los límites. Si encima se utiliza para arremeter contra un rival político, es directamente lamentable. Esperemos que, esta vez, se vaya a casa.