Siete leguas

Nuestros sabios

06/02/2018

La vida en muchos pueblos y pagos de Canarias va a otro ritmo. Las necesidades son las mismas o mayores que las que pueda tener un vecino de ciudad, pero no sé por qué siento, cada vez que me siento en una cocina como la de Nieves ayer en Caideros, que son más sabios, han vivido más que el resto aún no habiendo visto mucho mundo la mayoría, son más sensibles con el prójimo y más cordiales. No tienen internet, ni cobertura de móvil, a no ser que te quedes parada cual estatua en el punto exacto que te marca Pepe Torres, pero a primera hora de la mañana ya han leído el periódico, el de papel, el de toda la vida, y saben exactamente en qué página se habla de ellos. Y lo agradecen. Porque puede que a cualquiera le suene a chino que en este pago, hasta hace dos días, no había bar. Pero ya lo tienen. No es gran cosa, pero es el resultado del esfuerzo vecinal, de los muchos viajes al Ayuntamiento, de las conversaciones con alcalde y concejales, del empuje de unos jóvenes empresarios, de la unión de todo un pago que ahora busca más vecinos, aunque solo sean empadronados de corazón para seguir existiendo.

En las casas del campo siempre hay para convidar al que llega

Y ese punto de reunión de fin de semana que será La Carpa es solo un ejemplo de lo que hacen las ganas por ver pervivir una tierra que consideran propia y de todos, que en las últimas décadas ha asistido a la marcha de muchos en busca de mejores oportunidades. Como me decía Nieves, «yo mi vida no la quiero para mis hijas, ellas han estudiado, y yo he trabajado mucho, mucho». Y se le nota a esta mujer, una luchadora de tantas que hay por esos pueblos, que su casa, sus hijos, la tierra, los animales, el queso... han sido su vida, una vida de trabajo. Pero aún le queda empuje y ganas, y su casa está abierta para el que llega dispuesto a escucharla con una taza de café humeante y unas tortillas de por medio. Porque en las casas del campo siempre hay para convidar al que llega.

Y eso es un símbolo, más que un símbolo en realidad. Es una forma de ser que los que aún habitan en pequeños enclaves como Caideros no quieren perder. Sabios que son. Todos deberíamos tener el arraigo que ellos tienen a la tierra, más allá de banderas y patrias. Se trata en resumen de salvaguardar los orígenes, pero siempre con la vista puesta en la mejora de las condiciones de vida, que tampoco se trata de retroceder en el tiempo o de pasar penas. Pero, eso sí, valorando a los sabios que aún tenemos.