Una sanitaria tomando muestras para realizar una prueba PCR.

Normalizar muertos

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO

La costumbre ofrece varias caras. Una de ellas es la comodidad que da no tener que pensar cómo hacer algo. La rutina desactiva la alerta y el cerebro se queda en calma. Y precisamente es esa quietud la que nos lleva, en ocasiones, a normalizar ciertas actitudes e incluso ciertos números. Por ejemplo, la tolerancia generalizada que nuestra sociedad muestra hacia la pobreza. Se da por hecho, por normalizado, que podemos «soportar» ¿cuánto? El 20, el 30 o incluso el 40% de la ciudadanía no tenga para llenar la nevera, pagar la luz o abandonar un trabajo miserable. Normalizamos también que la sanidad pública, esa que costeamos con nuestros impuestos, se desmantelara o que falten policías, personal de psicología o agentes de bomberos porque nos gustaba más ir al festival de esto y lo otro o llenar la ciudad de iconos que nos pusieran en algún rutilante mapa de ciudades del payoyo. Evidentemente hemos recibido la ayuda del famoso «relato político» cargado de ideología neoconservadora. Que lo privado gestiona mejor, que las subcontratas son las nuevas tendencias,...

Ahora nos toca normalizar muertos. Y en eso están. El relato vuelve a ser tan estúpido como siempre, pero envuelto en papel de regalo del caro. Siguiendo el manual, lo primero es encontrar al culpable, en este caso el no vacunado. Son ellos los que más se contagian y son ellos los que esparcen el virus por el mundo y te obligan, además, a quitarte la mascarilla cuando te hablan. El segundo paso cae de suyo, los muertos son por su culpa, y no porque las administraciones públicas han permitido, cuando no organizado, saraos multitudinarios de todo tipo llamando a la ciudadanía a retomar la «normalidad» prepandémica. Y por último decir que la covid es una gripe, y tenemos que convivir con ella como con la primera. Es decir, que vamos a tolerar muertos se convierte en un hecho, la cuestión es cuántos.