Cuentos Chinos

No hay cama pa’ tanta gente

12/12/2019

La entrada a la ciudad y, por ende, toda la urbe, colapsada por un desplome que ha dejado la GC-1 en un solo carril para el tránsito de miles de vehículos. Esta podría ser una síntesis de lo que ha tenido que vivir el ciudadano que ha querido entrar a Las Palmas de Gran Canaria durante los últimos días. Un auténtico caos que ha dejado miles de damnificados entre los que, incluso, hubo una mujer que tuvo que dar a luz en la ambulancia ya que no pudo llegar a tiempo al Materno Infantil. A esa criatura le contará su madre dentro de unos años que no pudo llegar a este mundo en un paritorio, como el resto de los niños, ya que el atasco se lo impidió. Y gracias a Dios que no hubo complicaciones, porque lo que finalmente se pudo contar como una anécdota, podría haberse convertido en una tragedia.

«El colapso en nuestras vías no es un problema circunstancial que se da solo cuando hay un incidente»

Es solo un detalle mínimo de lo que han tenido que vivir los usuarios de la GC-1 durante estas fechas, y lo que les queda aún por sufrir y padecer, sobre todo debido a, como definía ayer en esta misma sección el director de CANARIAS7, Francisco Suárez Álamo, «esa pachorra tan canaria» mostrada a la hora de poner remedio a un problema en la vía que ya había sido detectado por los técnicos.

Nuestras autoridades son mucho de actuar cuando ocurren las cosas y no de forma preventiva y eso se paga muy caro. Y más cuando hablamos de la principal arteria de entrada a la capital de la isla, en fechas de máximo trasiego como es este mes de diciembre. La consecuencia: colas kilométricas de horas y pérdidas económicas importantes para muchos de los que sufrieron al volante. Pero también este tipo de sucesos tiene que servir para que se tome conciencia de que el colapso en nuestras vías no es un problema circunstancial que se da solo cuando hay un incidente de este tipo. Va a más y cada día es una aventura circular por las principales arterias de nuestra ciudad o acceder y salir de la misma en horas punta por esa mala costumbre que tenemos los de aquí de no compartir coches o usar los transportes públicos. Aquí solo coge la guagua el que no tiene vehículo propio o con quien ir, pero el resto, va en su coche aunque sea de esquina a esquina. Se quejaron muchos de los carriles bici, la peatonalización de vías o el ensanchamiento de aceras, pero no se dan cuenta que esta es la línea que tienen que seguir las grandes urbes. La de limitar el uso de los vehículos y que sus propietarios tomen conciencia que en nuestras carreteras «no hay cama pa’ tanta gente». Con una sola guagua llena se borrarían del asfalto, puede que incluso 30 coches... Es cuestión de reflexionar.