Café para todos

No es un triple empate, es un trío perdido

10/05/2018

Desde el PSOE quieren vender un triple empate. Desde el PP, que su partido sigue siendo el primero en intención de voto, y desde Podemos se quedaron anclados en lo de la caída del bipartidismo. Y de ahí no salen. Así les va. Lo cierto es que el último sondeo del CIS deja tajantemente claro varios aspectos. El primero, la caída libre del Partido Popular de Rajoy. La renovación en el partido conservador ya no es una cuestión de higiene electoral. Es algo a vida o muerte si quieren seguir teniendo opciones de gobernar en la próxima legislatura.

No solamente por el hecho de que pierde casi diez puntos con respecto al mismo periodo del año pasado. Es, sobre todo, por la aparición de un partido que está instalándose en un terreno cuyo único propietario ha sido históricamente el PP. Han sido ellos los que recogían, hasta el otro día, los votos de centro derecha, de derechas e incluso un buen puñado de votos de extrema derecha que optaban por el voto útil. Con la aparición de Ciudadanos, el panorama cambia radicalmente. Los naranjas han sabido conquistar a los descontentos votantes del PP, que son cada vez más. Además, este sondeo no incluye el escándalo Cifuentes, por lo que el gráfico puede haber variado de manera considerable.

El PSOE, por su parte, es el eterno quiero y no puedo. La ligera remontada que experimentó en verano del año pasado era un espejismo. Aunque la caída no es del todo dramática, ya se ha visto superado por el partido de Albert Rivera, algo que sí debe ser preocupante para ellos, pues no son una alternativa de Gobierno real a pesar del desgaste que sufre Rajoy. De ahí que quieran vender eso del triple empate, cuando en realidad es un fracaso estrepitoso. Y mientras, en Podemos, el desconcierto se ha convertido en la tónica habitual. Se aferran a aquello del fin del bipartidismo sin querer darse cuenta de que son los últimos en esta carrera. A pesar de su ligera subida con respecto al anterior barómetro, parece que no pueden superar la barrera de los 20 puntos. Es la crónica de un fracaso anunciado, donde los cuchillos y el fuego amigo protagonizan la rutina de un lobo con disfraz de cordero.