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Negatividad y falta de utilidad

Opinión ·

Los entrevistados ven las noticias muy enfocadas en crímenes y sucesos, terrorismo y disputas partidistas

Salvador García Llanos

Las Palmas de Gran Canaria

Martes, 3 de enero 2023, 23:22

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Todos tenemos algún amigo, pariente o allegado que, en más de una ocasión, ha manifestado el hastío de los informativos, especialmente los de televisión. «Todos ponen lo mismo… todos muestran la peor cara de la realidad… todos quieren impactar con la crudeza… todos son iguales, sus enfoques inducen al rechazo», son frases habituales cuando se trata de comentar los contenidos diarios.

Las consecuencias son directas: rechazo al tratamiento de tantos hechos negativos, hartazgo. Surge entonces el espíritu de evasión, huir de la realidad que, por reiterativa, impulsa hasta un estado anímico poco constructivo y hasta poco motivado para acceder a la información. Luego llegan los estudios de medición de audiencias y la autopropaganda de los mismos medios para indicar lo contrario: índices, cuota de pantalla, récords y alguna comparativa.

Pero esta es la conclusión: «La negatividad con la que los medios de comunicación dibujan en ocasiones la realidad y la falta de utilidad de las noticias en el día a día de los usuarios serían dos de las principales causas que hacen que la gente evite las noticias». Según una investigación llevada a cabo por Benjamin Toff, profesor de la Universidad de Minessota; y Rasmus Kleis Nielsen, director del Reuters Institute para el estudio del periodismo, las tendencias en ese sentido se vienen agravando. Aquellas frases del primer párrafo se suceden a menudo.

Los hallazgos del trabajo, claro, sugieren que la ansiedad que puede causar esa negatividad y el poco valor práctico que los lectores o televidentes perciben «juegan un papel importante en la formación de actitudes hacia las noticias y el comportamiento posterior».

Tales apreciaciones refuerzan la importancia de las dimensiones emocionales del uso de las noticias, más allá de su supuesto valor como fuente de información. Sostiene el estudio que «si bien los estudiosos de la comunicación política, a menudo, han tratado el consumo de noticias como la piedra angular de la buena ciudadanía, encontramos que las personas que evitan las noticias tienen normas desiguales y débilmente internalizadas sobre el deber percibido de mantenerse informado, en parte porque anticipan que las noticias los pondrán ansiosos sin ser relevantes para sus vidas, lo que resulta en un compromiso limitado con las noticias y, por extensión, con los asuntos cívicos y políticos. Promover sociedades más informadas requiere lidiar con estas perspectivas arraigadas».

Las noticias, desde este punto de vista, por lo tanto, entrañan una dimensión emocional no siempre tenida en cuenta, y que afecta sobremanera a la hora de evitarlas, puesto que son una fuente de incertidumbre, y se convierten, por tanto, «en un obstáculo para un compromiso político más profundo en un mundo complejo y perturbador».

Para los autores de esta interesante investigación, las teorías existentes sobre las noticias y el compromiso político, que a menudo enfatizan el valor de la información que se transmite, subestiman las perspectivas que se tienen sobre los aspectos sociales y emocionales de la noticia.

Claro, así las cosas, no es de extrañar que evitar las noticias, desatender los informativos, sea una estrategia, si nos apuran, razonable. No decimos que sea buena y aconsejable; sí que, teniendo en cuenta estos factores, es deducible tal como esa información les hace sentir «a menudo ansiosos y sin poder», según expresa el estudio.

Por ejemplo, los entrevistados ven las noticias muy enfocadas en crímenes y sucesos, terrorismo y disputas partidistas, «lo que genera no solo miedo sino también sentimientos de incertidumbre y falta de control».

Entonces, la idea de cada vez más personas que han de seguir las noticias como un deber cívico, pierde fuerza ante la reacción emocional negativa e inmediata que sienten ante las noticias que, además, se consideran irrelevantes para navegar en la vida diaria o en el resto del mundo.

Toff y Nielsen, en conclusión, estiman que las perspectivas que presentan las noticias como inductoras de ansiedad y de poco o ningún valor práctico, «representan una barrera significativa a largo plazo para comprometerse con las noticias y, por extensión, con la vida cívica».

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